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Coctelera

Las cargas del mismo signo se repelen

La izquierda vuelve a confundir unidad con adhesión mientras sus votantes asisten a una pelea en la que ni un pacto de última hora garantiza el fin de las hostilidades

El Chojin
Gabriel Rufián e Irene Montero

Gabriel Rufián e Irene Montero

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Escuchaba en la radio el torrente de noticias relativo a la desunión de las izquierdas a la izquierda del PSOE. Confieso que no envidio a los periodistas que intentan traducirnos los movimientos de los distintos líderes de ese ramillete de partidos. El viernes acaba el plazo para ver si hay acuerdo. Coincide con que el fin de semana se espera un cambio radical en lo climatológico. Cuando el locutor alertaba del desplome de temperaturas y de la llegada de tormentas he tardado unos segundos en darme cuenta de que había cambiado de noticia.

En física nos enseñan que las cargas del mismo signo se repelen. Siempre me pareció un concepto curioso. Todos hemos jugado a intentar juntar los polos positivos de un imán y hemos experimentado la resistencia que se genera. Podemos forzar que se toquen, pero en el mismo instante en el que dejamos de presionar la naturaleza de impone y se separan irremediablemente.

En España un votante de izquierda puede ver como sus políticos favoritos se odian y se tiran pullas a través de los medios de comunicación. En España un votante de izquierda puede sentirse forzado a votar a uno contribuyendo a condenar al otro a la irrelevancia. Puede escuchar a esos políticoshablar de unidad sabiendo que quieren decir adhesión y puede quedarse en casa y no votar porque le han hecho elegir entre papá y mamá.

Los líderes de la izquierda en este país son personas preparadas y capaces, que nadie lo dude. Saben lo que demanda su electorado. Es muy probable que quieran dárselo, pero parece que las mismas leyes de la física lo imposibilitan. Ocurre como en la fábula del escorpión y la rana en la que el primero le pide a la segunda que le cruce el río con él a sus espaldas. La rana, recelosa, le pregunta al escorpión qué garantías tiene de que no le picará en mitad del viaje y este le responde que si lo hiciera ambos morirían porque no sabe nadar. La rana acepta, y cuando aún están lejos de la orilla nota el aguijonazo en la espalda “¿Por qué lo has hecho? Ahora moriremos los dos” El escorpión con lágrimas en los ojos contesta “Lo siento, pero prefiero a tener a Abascal de vicepresidente a coaligarme contigo”.

No sé quién es la rana, quién el escorpión, quién la carga positiva y quién la negativa; pero el cuento huele a batracio envenenado en el fondo del río porque aunque se cierre un pacto contrarreloj el escorpión ya ha clavado su aguijón. No se soportan. Se odian más de lo que quieren a sus propios proyectos. Este fin de semana se prevén tormentas.

 

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