Hay algo extraño en Spider-Man: Brand New Day. No extraño en el sentido de que Hulk aparezca dispuesto a convertir media ciudad en material para una empresa de reformas, ni porque Peter Parker vuelva a descubrir que tener poderes arácnidos no incluye precisamente un buen seguro médico. Lo realmente extraño es la sensación de estar viendo a Spider-Man sin encontrarnos con el Spider-Man al que Marvel nos había acostumbrado.

Y precisamente ahí está su mayor virtud. O su mayor problema, dependiendo del espectador.

La cuarta película protagonizada por Tom Holland parece entender que, después de todo lo ocurrido, Peter Parker no podía seguir siendo aquel adolescente que hacía bromas mientras intentaba impresionar a Tony Stark. El personaje ha perdido demasiado para volver simplemente a colocarse la máscara y comportarse como si nada hubiera pasado.

El Peter de Brand New Day sigue siendo Spider-Man, pero ya no parece tener demasiado claro quién es Peter Parker cuando se quita el traje. La película explota esa idea desde sus imágenes.

Durante años, las aventuras del personaje dentro del MCU estuvieron rodeadas de institutos luminosos, viajes escolares, habitaciones adolescentes, tecnología imposible y secuencias de acción llenas de colores vivos. Aquí ocurre casi exactamente lo contrario.

Hay noches más largas, interiores apagados, habitaciones casi vacías y una paleta de colores mucho menos explosiva. El rojo y azul siguen ahí cuando aparece Spider-Man, porque sería bastante complicado vender camisetas si no estuvieran, pero el mundo de Peter Parker parece haberse vaciado de color.

El Spider-Man cinematográfico siempre ha tenido una característica fundamental: incluso cuando todo se derrumba, encuentra espacio para hacer una broma. Aquí sigue existiendo ese humor, pero ya no funciona como motor permanente de la película.

Brand New Day está mucho más interesada en el silencio. En los momentos en los que Peter vuelve solo a casa. En aquello que no dice. En la distancia entre el héroe que Nueva York observa balanceándose entre edificios y el chico que tiene que convivir con todo aquello que ha perdido.

Y probablemente esa sea la razón por la que una parte del público siente que esta no es “su” película de Spider-Man.

Porque estamos acostumbrados a asociar al personaje con una creatividad casi infantil. Spider-Man improvisa, habla demasiado, utiliza cualquier elemento del escenario y convierte incluso una pelea contra un villano gigantesco en una especie de parque de atracciones.

Aquí, en cambio, pesa más la consecuencia que la aventura. Peter salva gente, sí. Pero cada vez parece preguntarse más quién va a salvarlo a él.

Curiosamente, la película encuentra uno de sus momentos más puramente superheroicos precisamente cuando introduce a uno de los personajes más descomunales del universo Marvel: Hulk.

El enfrentamiento entre ambos funciona porque durante unos minutos desaparecen las dudas sobre qué tipo de película estamos viendo. Eso es un cómic. No una adaptación tímida de uno. Un cómic directamente arrancado de sus páginas y puesto en movimiento.

La diferencia de tamaño entre los personajes, la elasticidad de Spider-Man, los movimientos imposibles de Peter intentando sobrevivir ante una fuerza que evidentemente no puede igualar y la destrucción del escenario consiguen algo que Marvel llevaba tiempo buscando, que una pelea vuelva a tener personalidad.

La presencia de Hulk, además, sirve como contrapunto perfecto para Peter. Un personaje que convierte su dolor en destrucción frente a otro que intenta desesperadamente que el suyo permanezca escondido debajo de una máscara.

¿Es menos Spider-Man o es, precisamente, más Peter Parker? Ahí está la gran discusión que deja Brand New Day.

Hay espectadores que echarán de menos la película divertida, colorida y despreocupada. Aquella sensación de entrar durante dos horas en un mundo donde balancearse entre los edificios parecía ser lo mejor que podía ocurrirte. Y es comprensible. Pero reducir al personaje únicamente a eso también sería injusto. Porque Peter Parker siempre ha sido un personaje construido alrededor de la pérdida. Ben. Gwen. May.

Puede gustar más o menos, pero existe una sensación especialmente valiosa después de verla. Marvel parece dispuesta otra vez a permitir que sus películas tengan personalidad. Y yo compro esta nueva cara del estudio.

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