Los seguidores de Mamma Mia! tienen el 17 de julio, una jornada sentimentalmente ligada a una de las escenas que pone en marcha toda la película. Es la fecha que aparece en el viejo diario de Donna Sheridan cuando su hija Sophie decide investigar quién es su padre. Porque Sophie está a punto de casarse y, en lugar de dedicarse a cuestiones razonables -confirmar el menú, revisar las flores o comprobar que ningún invitado va a pronunciar un discurso de 45 minutos-, opta por abrir una investigación genealógica basada en las aventuras amorosas de su madre. ¿Qué podría salir mal?

17 de julio: “¡Qué noche!” y qué capacidad para complicarlo todo

La anotación del diario comienza de una manera bastante prometedora: “17 de julio. ¡Qué noche!”. A continuación, Donna relata su encuentro con Sam Carmichael, uno de los tres hombres que podrían ser el padre de Sophie.

Hubo una isla, baile en la playa, atracción inmediata, besos y una generosa colección de puntos suspensivos. Sophie explica que esos signos de puntuación representan aquello que Donna no quiso detallar por escrito. Es decir, los puntos suspensivos cumplieron la misma función que llevan desempeñando durante generaciones, evitar que los hijos descubran que sus padres tuvieron vida antes de comprar una vajilla.

La escena está acompañada por Honey, Honey,  una de las canciones más alegres y traviesas de ABBA. Sophie comparte el diario con sus amigas y reconstruye aquel verano como si estuviera leyendo una novela romántica clandestina, aunque en realidad está elaborando una lista de candidatos a padre con un método científico bastante discutible.

De aquella investigación aparecen tres nombres: Sam, Bill y Harry. Tres hombres, una boda y ninguna prueba de ADN. Si esto hubiese ocurrido hoy, la película duraría veinte minutos y tendría patrocinio de un laboratorio genético. Por suerte, Mamma Mia! se desarrolla en un universo mejor, donde los problemas familiares se solucionan invitando a desconocidos a una isla y esperando a que alguna canción revele la verdad.

Por eso el 17 de julio se ha convertido entre los fans en una especie de día no oficial de Mamma Mia!. No es necesario pedir fiesta en el trabajo, aunque tampoco estaría de más. Basta con volver a ver la película, escuchar ABBA a un volumen poco compatible con la convivencia vecinal y decir “¡qué noche!” con una intensidad completamente injustificada.

Una película donde todo es improbable y, por eso mismo, maravilloso

Meryl Streep interpreta a Donna, propietaria de un pequeño hotel y madre de Sophie. La joven, encarnada por Amanda Seyfried, encuentra el diario de su madre y decide invitar a su boda, sin avisar a nadie, a los tres hombres con los que Donna mantuvo relaciones durante el verano en que fue concebida.

Sam está interpretado por Pierce Brosnan; Harry, por Colin Firth; y Bill, por Stellan Skarsgård. Tres actores respetadísimos que llegaron al rodaje con carreras prestigiosas y salieron de él convertidos para siempre en señores que cantan ABBA en una terraza mediterránea.

Donna es divertida, caótica y vulnerable, pero también una mujer que ha sacado adelante sola a su hija y su negocio. Ha reparado paredes, organizado bodas y sobrevivido a los turistas. En otras palabras, está preparada para casi cualquier catástrofe, excepto para que tres antiguos amantes aparezcan al mismo tiempo en su embarcadero.

Su reacción al descubrirlos es una mezcla de pánico, rabia y terror administrativo. Porque una cosa es reencontrarse con un amor del pasado y otra muy distinta hacerlo cuando faltan pocas horas para la boda de tu hija, tienes goteras en el hotel y tus amigas llevan un mono de licra en la maleta.

Ese contraste convierte a Donna en un personaje tan querido. Puede cantar Dancing Queen mientras salta desde una terraza y, poco después, romperse emocionalmente con The Winner Takes It AllMamma Mia! sabe que las personas pueden hacer el ridículo y sufrir al mismo tiempo. De hecho, muchas veces lo hacemos exactamente en ese orden.

Durante mucho tiempo, Mamma Mia! fue presentada como un “placer culpable”. Una etiqueta extraña, porque nadie debería sentirse culpable por ver a Meryl Streep bailar, a Colin Firth descubrir nuevas facetas de sí mismo o a Julie Walters perseguir a Stellan Skarsgård por una isla.

Cada 17 de julio tenemos una excusa para regresar a Kalokairi

El verdadero encanto del 17 de julio no está únicamente en la página del diario de Donna. La fecha se ha convertido en una puerta de entrada a ese universo donde el mar siempre está azul, las bodas pueden aplazarse sin perder el banquete y los problemas de identidad se resuelven aceptando que quizá sea mejor tener tres padres que elegir uno.

Volver a ver Mamma Mia! es regresar a una película que nunca prometió realismo. Es recordar que las decisiones equivocadas pueden conducir a lugares maravillosos. Donna tuvo tres romances en un verano. Años después, los tres hombres reaparecieron para la boda de su hija. Sobre el papel, es una pesadilla logística. En la película, termina siendo una familia.

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