Un convento, una acusación de brujería y unas imágenes que ni los censores ni el estudio que financió la película quisieron dejar pasar. Cuando Ken Russell rodó Los demonios en 1971, la combinación de sexo, violencia e iconografía religiosa acabó sometida a sucesivos recortes. La intervención alcanzó a una de sus secuencias más controvertidas, en la que unas monjas profanan sexualmente una figura de Cristo crucificado.
Cincuenta y cinco años después, la película llega a los cines españoles este viernes 16 de octubre, con una restauración en 4K que recupera el montaje supervisado por su director. Protagonizada por Oliver Reed y Vanessa Redgrave, su regreso permite acercarse a una obra cuya circulación estuvo marcada durante décadas por las versiones mutiladas. La fecha española figura ya en la programación de exhibidores como Cines Embajadores. Cines Embajadores (Madrid)
El sacerdote acusado de embrujar a un convento
El origen de Los demonios está en un episodio de la Francia del siglo XVII. Urbain Grandier, sacerdote de la localidad de Loudun, fue ejecutado en la hoguera en 1634, acusado de brujería en un proceso relacionado con las supuestas posesiones de unas monjas ursulinas.
Russell construyó su guion a partir de Los demonios de Loudun, de Aldous Huxley, y de la adaptación teatral de John Whiting. En la película, Reed interpreta a Grandier, un clérigo que mantiene relaciones con mujeres y se enfrenta a los intereses políticos que amenazan la autonomía de su ciudad.
Redgrave encarna a la madre superiora, Juana de los Ángeles, cuya obsesión por el sacerdote ocupa un lugar central en las acusaciones. El relato entrelaza el deseo reprimido, los exorcismos y la persecución de un hombre que resulta incómodo para las autoridades.
La supuesta presencia del diablo sirve así como argumento para una operación de poder. La película sitúa las denuncias de posesión dentro de un conflicto en el que intervienen la jerarquía religiosa y los intereses del Estado.
Los cortes también los exigió Warner
La historia de su censura tiene un matiz relevante. Las presiones para modificar la película procedieron tanto del organismo británico de clasificación cinematográfica, la BBFC, como de Warner, su distribuidora. Según el expediente histórico publicado por la propia BBFC, ambas entidades elaboraron listas de cambios que se trasladaron a Russell. BBFC
Las exigencias afectaban al contenido sexual, la violencia de las torturas y las escenas que mezclaban religión y sexualidad. Entre ellas estaba la secuencia del crucifijo, conocida como la “violación de Cristo”, que se convirtió en uno de los grandes símbolos del metraje perdido.
Por eso, reducir aquella intervención a un único minuto eliminado resulta impreciso. La BBFC reconoce que se retiraron varios minutos durante el proceso y que no es sencillo calcular la duración exacta de todos los cambios. La versión británica obtuvo la clasificación X en mayo de 1971, pero algunos municipios prohibieron igualmente su exhibición. En Estados Unidos se hicieron recortes adicionales para conseguir posteriormente una calificación R. BBFC
Una reconstrucción que Russell supervisó en 2004
La recuperación del material permitió reconstruir en 2004 un montaje bajo la supervisión de Russell y del editor Michael Bradsell, con la colaboración del crítico Mark Kermode y del documentalista Paul Joyce. Ese trabajo constituye la base de la versión que ahora se distribuye, según explica el British Film Institute. BFI
Russell murió en 2011 sin llegar a ver este lanzamiento. La restauración actual se ha realizado a partir del negativo original de cámara, mientras que el sonido se ha recuperado utilizando los materiales magnéticos originales de 35 milímetros.
El BFI presenta esta edición como el montaje definitivo de la película, realizado conforme a las indicaciones del cineasta. Su estreno comercial llega después de su presentación en Cannes Classics y de su paso por Sitges. BFI
Qué hay detrás del escándalo de Los demonios
La controversia sexual ha acompañado tanto a la película que puede eclipsar otros elementos de su propuesta. Entre ellos están los decorados de Derek Jarman, cuya arquitectura de superficies blancas convierte Loudun en un escenario alejado de la recreación histórica convencional, y la música de Peter Maxwell Davies.
En ese espacio, Russell reúne ceremonias religiosas, exhibiciones públicas de castigo y multitudes entregadas al espectáculo de la posesión. La violencia forma parte de un sistema que necesita convertir las acusaciones en una verdad aceptada por todos.
El estreno del 16 de octubre ofrece la posibilidad de ver esa construcción con el material recuperado. La novedad es tanto la restauración de la imagen como la recuperación de un montaje que durante décadas quedó fuera de la distribución comercial habitual.
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