Saboreo una caipiriña en un bar caboverdiano de Amadora, en Lisboa. El calor húmedo recuerda al de Malabo. Fuera, en la calle, hay una fuerte presencia policial y carteles de Chega, la formación de extrema derecha portuguesa. Pero hoy el barrio está de fiesta: ayer Cabo Verde empató con España en su debut en el Mundial de fútbol de 2026. En el bar, la DJ pincha «Nha cancera ka tem medida», de Cesária Évora, y la barra se viene abajo. En la televisión aparece Vozinha, el guardameta caboverdiano convertido en héroe del partido.

Mientras espero la llegada de Carlos Pronzato (Buenos Aires, 1959), cineasta y escritor argentino residente en Brasil, repaso una trayectoria marcada por el compromiso con la cultura, la memoria y las luchas populares. Nos reúne su documental Amílcar Cabral: coração pan-africano e revolucionário, dedicado al dirigente independentista de Guinea-Bisáu y Cabo Verde. Cabral, nacido en 1924, fue asesinado en Conakry el 20 de enero de 1973 por integrantes disidentes del PAIGC; la posible implicación portuguesa en el crimen ha sido objeto de debate histórico. Ingeniero agrónomo, organizador político, teórico marxista y diplomático, fue una de las grandes figuras del anticolonialismo y del panafricanismo del siglo XX.

La película recupera una memoria que a menudo queda fuera de los relatos dominantes sobre el fin del colonialismo portugués. Más allá de los símbolos asociados a la Revolución de los Claveles, pone el foco en figuras como Samora Machel, Agostinho Neto y el propio Cabral. Y, para entender tanto al PAIGC como el yugo colonial portugués, incorpora las voces de investigadores, especialistas y activistas de la diáspora africana.

P: En un momento en que África apenas existe en la agenda cultural de los medios europeos -salvo cuando se habla de pateras- y las manifestaciones cinematográficas del Sur global siguen siendo fagocitadas por narrativas eurocéntricas y de la blanquitud, ¿cómo y por qué surge la idea de rodar una película tan completa sobre un revolucionario negro africano como Cabral?

Carlos Pronzato: La idea de realizar este documental surge el mismo año de su grabación, en 2024. Llegué a Portugal en abril para realizar un documental sobre el cincuentenario de la Revolución de los Claveles, titulado Memorias del 25 de Abril: 50 años de la Revolución de los Claveles. La edición, finalización y lanzamiento se harían en 2025, ya de regreso a Brasil, donde vivo. Lo presentamos en septiembre de ese año en la Fundación José Saramago y, a partir de allí, tuvimos cerca de un centenar de exhibiciones entre Portugal y Brasil.

En septiembre de 2024, mes del centenario del nacimiento de Cabral, tuvo lugar en Lisboa la Marxa en su honor, que movilizó a miles de personas en la emblemática Avenida da Liberdade. Por entonces yo ya vivía en Amadora, en la periferia de Lisboa, en una zona con una importante población africana. Empecé a relacionarme con caboverdianos y guineenses y enseguida inicié investigaciones, lecturas y, finalmente, entrevistas con la diáspora africana lisboeta.

A finales de octubre había reunido un buen caudal de testimonios, incluido un breve paso por Praia, capital de Cabo Verde, para después iniciar el montaje en Brasil. No sé a qué atribuir esta sincronía: hay temas que aparecen en mi horizonte sin que los busque. He hecho no pocos documentales de este modo, surgidos de episodios espontáneos, sin previo aviso. Como dicen varios entrevistados en la película, Cabral nos interpela más de cincuenta años después de su asesinato. Soy testigo de ello: fui interpelado por él y respondí con un documental para expandir su voz.

P: Cada vez que hay un Mundial de fútbol reaparece el debate sobre el racismo en Argentina. Como ha señalado Federico Pita, el país parece escapar de su negritud y, imbuido de un paradigma de blanquitud, presentarse como una copia de Europa. ¿Por qué un argentino se rebela contra ese determinismo eurocéntrico y se aproxima a una negritud que, además, no es folclórica, como la de los negros de Borges, Obiang Nguema o Menem y, si me apuras, la de Galtieri en el balcón de la Plaza de Mayo desafiando a Margaret Thatcher?

Carlos Pronzato: El porqué de mi acercamiento a este tema negro de Cabral y, en general, al África rebelde, debo buscarlo en parte en los viajes que realicé por América Latina en los años ochenta, cuando tomé contacto con el mundo originario de Abya Yala y con el mundo africano. También influye mi experiencia de casi cuatro décadas residiendo en Brasil, donde he trabajado bastante sobre la cultura negra en sus dimensiones sociales, culturales y políticas.

En Argentina, mi país de origen, difícilmente habría tenido la misma posibilidad de ampliar este universo de investigación, por razones evidentes de estructuración social. El tema sigue estando muy restringido a pocos investigadores y al movimiento negro, hoy en expansión, pero difícilmente alcanzaría la dimensión que tiene en Brasil, marcada por la historia de la esclavitud transatlántica y por los millones de africanos llevados por la fuerza al país. Esa historia sigue teniendo una enorme visibilidad en el racismo cotidiano, con independencia del gobierno de turno.

Amílcar Cabral aparece para mí dentro de ese conjunto de cuestiones, unido a mi interés por las luchas populares de liberación de los pueblos. Recientemente estuve en Argentina trabajando en un documental sobre uno de los libertadores de América, el general José de San Martín, y fui invitado a presentar el documental sobre Cabral en la Escuela Latinoamericana para la Formación Política de la Izquierda Popular José Carlos Mariátegui, en una localidad próxima a La Plata. Me sorprendió mucho el interés, aunque tiene sentido: son estudiantes y militantes de diversas organizaciones políticas de América Latina que confluyen mensualmente en esa escuela de formación de cuadros. No es la élite cultural, y mucho menos los políticos.

P: Cabral pertenece a la generación de las grandes conferencias panafricanas de finales de los años cincuenta, como la Conferencia Panafricana de los Pueblos celebrada en Accra en 1958 bajo el impulso de Kwame Nkrumah. En Mi amigo Fela, la película sobre Fela Kuti dirigida por el brasileño Joel Zito Araújo, Carlos Moore dice que no es fácil definir a esa generación pos-Nkrumah. Después de más de cuarenta horas de grabación, ¿cómo definirías a Cabral?

Carlos Pronzato: No me atrevo a definir a Cabral. Creo que es tarea de investigadores, académicos o no, que abordan su universo a diario. Nosotros, los cineastas y documentalistas, utilizamos nuestras herramientas para buscar y ampliar esos conocimientos, popularizando investigaciones que muchas veces quedan restringidas a la universidad o a publicaciones que circulan en ámbitos específicos.

Dentro del poco tiempo que podemos dedicar a cada tema -y son muchos: en nuestro canal de YouTube, Carlos Pronzato, hay alrededor de cuarenta documentales sobre los más diversos temas de las luchas sociales sudamericanas, de casi un centenar ya producidos- nos esforzamos por extraer los aspectos principales. En este caso, los de Amílcar Cabral, alias Abel Djassi, para alentar a quien se acerca por primera vez al personaje a seguir investigando y, al mismo tiempo, contribuir también a la investigación académica, reiniciando el ciclo.

Después de estudiar y filmar sobre el Che Guevara y otros iconos latinoamericanos, Cabral apareció para mí como la permanencia de un sentimiento de libertad y emancipación de todos los pueblos todavía sometidos a formas de dominación imperial y colonial. Y, sobre todo, como una figura central de aquella África que se levantó en armas cuando el imperio colonial portugués no atendió las demandas planteadas por la vía de la palabra y la negociación.

En el documental participan voces procedentes tanto de la investigación académica como de la militancia política de las diásporas, que reconstruyen la trayectoria de Cabral hasta su asesinato, en enero de 1973, y el eco de su lucha hasta nuestros días. En Cabral hay elementos superlativos que lo convierten en una pieza única y fundamental del rompecabezas político de las décadas de 1960 y 1970. Destaca su acción diplomática, además de las luchas libradas en el terreno, y también su papel en la elaboración teórica de la lucha y en la fundación del PAIGC -Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde-, herramienta política que organizó el camino hacia la independencia.

A ello se suma su insistencia en la educación en los territorios liberados a medida que avanzaba la guerrilla. Todo esto lo convierte, más allá de su muerte, en un gran constructor de identidad y en una referencia para muchas naciones africanas.

P: Vivimos, sin duda, un cambio radical de ciclo, con el auge de la extrema derecha y el regreso de gobiernos autoritarios en varios países de América Latina. ¿Qué se sabe de África en Iberoamérica? A veces parece haber más interés en mirar hacia Estados Unidos que en conocer África o incluso el Mercosur. ¿Qué ha pasado?

Carlos Pronzato: En América Latina existe un profundo desconocimiento -a mi juicio, no casual- de las luchas históricas por la independencia de las naciones africanas. Una excepción relativa es Angola, por el papel fundamental de Cuba en apoyo del MPLA durante la Operación Carlota, iniciada en noviembre de 1975.

Agostinho Neto, por ejemplo, tiene mucha más difusión en el mundo de lengua portuguesa que otros dirigentes como Marcelino dos Santos, Samora Machel o el propio Amílcar Cabral. En términos generales, América Latina y el mundo conocen mucho más a Patrice Lumumba, símbolo de la libertad y también ejemplo paradigmático de la violencia impuesta a África por las potencias imperiales europeas. En determinados ámbitos políticos, académicos y sociales que buscan recuperar símbolos y figuras capaces de inspirar el presente, Amílcar Cabral es profundamente venerado.

Creo, además, que muchas resistencias africanas contemporáneas se leen hoy en continuidad con esas luchas anticoloniales, especialmente allí donde se cuestionan las formas actuales de dependencia económica y política.

P: Silo, en La curación del sufrimiento, define el contexto epocal a partir de un clima cultural, una mentalidad, un entorno, un marco y una base tecnológica. A pesar de las diferencias de contexto y del tiempo transcurrido, ¿crees que existe alguna posibilidad de comparación entre el momento histórico de Cabral y el actual?

Carlos Pronzato: Cabral vivió una época que podemos caracterizar como un período político explosivo. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, y en plena Guerra Fría, realizó sus estudios universitarios de Agronomía en Lisboa y convivió con otros estudiantes africanos que más tarde serían dirigentes de los movimientos de liberación, en torno a la Casa dos Estudantes do Império.

Después de su formación trabajó como agrónomo en Guinea-Bisáu, entonces Guinea Portuguesa, lo que le permitió adquirir un conocimiento profundo del territorio y de sus poblaciones. Vivió también el período de la ruptura chino-soviética y los últimos años de la dictadura portuguesa, primero bajo António de Oliveira Salazar y después con Marcelo Caetano. Fue un momento álgido de la historia.

Por eso, hoy su prédica y su memoria nos ayudan a resistir un período político oscurantista que se extiende por muchas partes del mundo. Con el resurgimiento de la extrema derecha, especialmente en América Latina y Europa, la figura de Cabral vuelve a dialogar con movimientos sociales y políticos que se enfrentan a esa avanzada, en una intensa conexión entre luchas.

La importancia de su figura trasciende Guinea-Bisáu y Cabo Verde. Hoy inspira a otros pueblos de África, a sus diásporas repartidas por el mundo y también a militantes de muchos otros países. La decisión de presentar el documental a un concurso fue acertada: la dirección de la Escuela lo escogió entre varios títulos propuestos para un cinefórum.

Fuera de estos grupos y de los estudiosos del tema, creo que en América Latina debemos profundizar mucho más en la lectura de los textos de Cabral y en la historia de su vida. Ese es el papel que, desde nuestro pequeño puesto de combate, intentamos desempeñar difundiendo este documental. De hecho, en septiembre estaremos de gira con Cabral por A Coruña, Madrid, Las Palmas, Valencia, Barcelona, Bilbao y otros lugares de España.

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