Hay récords que se rompen en una noche y se olvidan al día siguiente. Y luego está el de los Premios Goya que funciona como una especie de frontera simbólica: esa cifra a partir de la cual ya no hablamos de “una película premiada”, sino de una película que reorganiza el mapa del cine español. Esa frontera se llama 14. Y tiene nombre propio: Mar adentro.

La Academia de Cine lo deja claro en su listado histórico de “películas más premiadas”: Mar adentro encabeza la tabla con 14 Premios Goya, por delante de ¡Ay, Carmela! (13) y La sociedad de la nieve (12).

Pero la pregunta interesante no es solo “cuál” (aunque sí: es Mar adentro), sino por qué esa película -un drama sobre un hombre que pide morir- terminó haciendo pleno casi absoluto en una gala que, por definición, tiende al reparto de reconocimientos. Para entenderlo hay que volver a lo que ocurrió alrededor de aquella historia: dentro de la pantalla, en el patio de butacas y en el país que la vio.

Un drama íntimo que se volvió conversación nacional

Mar adentro (2004) se inspira en el caso real de Ramón Sampedro, el marinero gallego que quedó tetrapléjico tras un accidente y luchó durante años para que se reconociera legalmente su derecho a morir. La película, dirigida por Alejandro Amenábar y protagonizada por Javier Bardem, no se limita a narrar un hecho: lo convierte en dilema público, en pregunta que se cuela en sobremesas, tertulias y pasillos.

Lo curioso -y quizá decisivo- es que Amenábar arma ese debate desde un lugar poco habitual: no desde el panfleto, sino desde la puesta en escena emocional. La cámara no “demuestra”, acompaña. Y ese acompañamiento, en cine, puede ser más persuasivo que cualquier consigna.

Ese equilibrio entre lo político y lo íntimo ayudó a que la película conectara con públicos distintos: quien iba por Bardem, quien iba por el tema, quien iba por el prestigio, quien iba por el cine “de calidad” que también sabe ser accesible. La taquilla y la conversación hicieron el resto.

La noche de los 14 Goyas: un arrase casi perfecto

La gala de 2005 fue un ejercicio de unanimidad poco frecuente. Mar adentro no solo se llevó el premio a Mejor película. También ganó en dirección, guion original, actor protagonista, actriz de reparto, actor revelación y en numerosas categorías técnicas.

El resultado final fue histórico: 14 Goyas.

Lo relevante aquí es el tipo de premios: no hablamos solo de categorías interpretativas o solo de técnicas. Hablamos de un dominio transversal, como si la película hubiera sido, a la vez, la mejor historia, la mejor dirección, el mejor trabajo actoral y el mejor engranaje de oficio. En otras palabras: un consenso.

Y en los Goya, el consenso total es rarísimo.

¿Qué tenía Mar adentro para gustar a “todos” a la vez?

Hay películas que ganan por una interpretación. O por un guion. O por llegar en el año adecuado. Mar adentro hizo algo más difícil: alineó muchas victorias pequeñas en una sola gran ola.

1) Un protagonista imposible de ignorar
Javier Bardem compone un Ramón Sampedro que no busca caer bien: busca ser entendido. Ese matiz es oro. La película no pide aplauso fácil; pide atención sostenida. Y cuando una interpretación logra eso, arrastra el resto.

2) Un reparto que funciona como coro (sin sonar a teatro)
Lola Dueñas, Belén Rueda, Mabel Rivera, Celso Bugallo… Las piezas encajan con una naturalidad que evita el “lucimiento” individual y refuerza el conjunto. La lista de galardones de la película refleja justamente ese reparto de fuerza en interpretación protagonista, reparto, revelación.

3) Un oficio técnico al servicio del relato, no del escaparate
La película no presume de sus costuras, pero están ahí: fotografía, montaje, sonido, maquillaje… Cuando el espectador “no nota” la maquinaria, suele ser porque la maquinaria está funcionando muy bien. Y eso, en premios, pesa.

4) Una idea fuerte que no se agota en el titular
“La eutanasia” podría haber sido un gancho oportunista o un tema que encierra la película en un nicho. Mar adentro lo evita porque el conflicto es moral, sí, pero también cotidiano: la familia, los cuidados, el amor, la culpa, el deseo, el cansancio, la dignidad. Al final, el debate legal es la superficie de una conversación humana más grande.

El récord que sigue en pie (y los que se quedan cerca)

Año tras año, el palmarés se mueve, aparecen fenómenos, cambian los gustos, irrumpen nuevas generaciones. Pero el listón de Mar adentro continúa arriba: la Academia mantiene ese top histórico con 14 como máximo.

Eso no significa que no haya “perseguidores” de entidad. ¡Ay, Carmela! se quedó en 13 (otro hito enorme) y La sociedad de la nieve alcanzó 12, demostrando que el cine español todavía puede producir eventos cinematográficos capaces de arrasar en muchas categorías a la vez.

Sin embargo, llegar a 14 no es solo cuestión de calidad. Es cuestión de contexto, de clima cultural, de competencia en el año concreto y -por qué no decirlo- de cómo una película logra que quienes votan sientan que premiarla es también premiar una idea de cine.

Con el tiempo, el récord de Mar adentro se ha convertido en un dato de trivia cinéfila. Pero en su momento fue algo más: la prueba de que un drama adulto, incómodo y profundamente español podía ser, al mismo tiempo, popular, premiable y exportable.

Porque sí: además de la noche de los 14 Goyas, la película también conquistó el Óscar a Mejor película internacional (entonces “de habla no inglesa”), ampliando su impacto fuera de España.

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