El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, iniciará la próxima semana su cuarto viaje a la República Popular de China, dentro de la estrategia de seguir ampliando los lazos comerciales y diplomáticos de España, un aspecto todavía más importante atendiendo a la coyuntura internacional actual. Esta visita del jefe del Ejecutivo y su mujer, Begoña Gómez, estará revistada de mayor formalismo que las anteriores, debido a que responde a una invitación formal enmarcada dentro del protocolo diplomático, y alcanzará su punto álgido con la celebración del banquete, el martes por la noche, en honor a los invitados.
No obstante, en términos políticos, el momento más importante del viaje llegará con la reunión de Sánchez y el presidente del gigante asiático, Xi Jinping, con quien abordará la deriva bélica mundial, generada por Estados Unidos (EEUU) e Israel, y las relaciones comerciales entre España y China. La pretensión del viaje, programado desde hace meses, es que el abordaje fuese casi en exclusiva económico, pero los mandatarios se verán también obligados a abordar el contexto geopolítico que está dañando fuertemente las relaciones comerciales mundiales.
Es más, desde la delegación española no se oculta la pretensión de que China funcione como contrapeso al conflicto, desempeñándose como potencia estabilizadora. Hasta el momento, la república asiática ha preferido no interceder, evitando destacarse con un mediador directo, si bien favoreció en los últimos instantes el alto el fuego que parece estar ya quebrándose. Asimismo, ha apoyado en más de una ocasión los posicionamientos internacionales de Sánchez y no ha dudado en condenar las violaciones del derecho internacional perpetradas por EEUU y el Estado genocida de Israel.
El Gobierno defienden que este viaje tiene un marcado espíritu europeo, pues los grandes mensajes están alineados con las autoridades comunitarias y responden a problemas que afectan no solo a España, sino al resto de socios del continente. En esta línea, desde Moncloa aseguran que mantener una estrecha relación con Pekín es positivo para que escuchen al máximo nivel y para poder tener cierta influencia sobre sus decisiones e insisten que la mejoría de las relaciones entre ambos países en los últimos años es positiva para todas las partes, incluida la europea.
Importancia económica
Más allá del ámbito bélico, los equipos español y chino también abordarán las relaciones económicas, reforzadas fuertemente en los últimos años con un aumento sustancial de grandes inversiones asiáticas en la Península. Sánchez buscará atraer más inversiones de calidad y, a la par, allanar el camino para que empresas nacionales puedan penetrar en el territorio chino, donde se localiza el mercado de consumidores más grande del mundo. Además, el acceso a materias primas críticas y tierras raras, clave en estos momentos, y las relaciones en materia de ciencia y cultura también estarán sobre la mesa.
Las exportaciones españolas han aumentado un 7% en los últimos años, aunque el déficit comercial sigue creciendo porque las importaciones de China han aumentado mucho en sectores como el vehículo eléctrico. Lo mismo sucede en el ámbito europeo, algo que España abordará en nombre comunitario. Los problemas con importaciones subvencionadas que perjudican a productos europeos o las dificultades para invertir en suelo chino por la protección de patentes y tecnología son problemas de toda Europa que España trasladará a sus interlocutores.
Bandazos de EEUU
El encuentro podría no gustar a la Casa Blanca, que ya tiene colocado a España y a otros países en una lista negra de rebeldes de la Alianza Atlántica (OTAN) que no han apoyado su ataque ilegal contra Irán. No obstante, desde el Ejecutivo quitan peso a estos enfados del Gobierno de Donald Trump, quien se erige como el único que puede reunirse con líderes ajenos al bloque occidental, e insisten en que este viaje, igual que los anteriores, no es contra nadie.
El Gobierno españpñ defienden que es positivo tener las mejores relaciones posibles con la gran potencia asiática, igual que con Washington u otros países como Brasil o India, y recuerdan que es habitual la visita de líderes occidentales a Pekín. Es más, recientemente lo han hecho los dirigentes de países como Alemania, Francia, o Canadá y el propio Trump tiene previsto verse en varias ocasiones con Xi durante este año. España aplaude este dialogo entre las dos grandes potencias mundiales porque beneficia al resto del mundo y defiende que Moncloa, en su ámbito de actuación, haga lo propio.
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