No hace mucho, Pedro Sánchez era uno de los políticos mejor considerados en Europa entre los mandatarios nacionales. En realidad, todavía lo sigue siendo para muchos, casi la mayoría, de ellos; sin embargo, en lo que se refiere al Ejecutivo comunitario, empiezan a ver al presidente español como un lastre. "Tengo dos problemas en el Consejo: Sánchez y Orbán", así se lo expresaba Ursula Von der Leyen a dos miembros de su equipo, que trasladaban recientemente estas palabras al periódico El Mundo.
Dicen aquello que del odio al amor hay un largo camino, pero que del amor al odio solo hay un paso. Parece que esto es lo que viene ocurriendo en los últimos meses entre la presidenta de la Comisión Europea y Pedro Sánchez. Quizás una sensación más presente en la belga que en el español, si bien, es cierto que el líder del Gobierno de España se ha tornado una piedra en el zapato para las aspiraciones expansionistas de Donald Trump y un bache complicado de esquivar para la máxima mandataria de la UE. Von der Leyen busca en los últimos días una mayor sintonía entre Europa y Estados Unidos, probablemente preocupada por las constantes amenazas arancelarias del presidente estadounidenses. No obstante, Sánchez, lejos de aceptar una buena relación comercial con el país nortamericano a cambio de mirar hacia otro lado ante vulneraciones del derecho internacional, se ha tornado en un agente clave en la resistencia contra el autoritarismo de Trump. Además, no lo está haciendo en solitario, sino que una vez habiendo dado el primer grito de denuncia contra EEUU, cada vez son más los líderes europeos los que siguen su estela y se oponen a dar su visto bueno a las políticas internacionales estadounidenses.
No es solo Irán, es también la política intervencionista desplegada sobre Venezuela y la que pretende llevar a cabo en Groenlandia o Cuba. Sin embargo, Von der Leyen viene abogando por seguir la línea de Trump, afirmando para ello que "Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que ha desaparecido”. No solo eso, sino que también señala "no se debe llorar por el régimen iraní que ha infligido muerte e impuesto represión a su propio pueblo”. En este punto, cabe señalar que tanto Pedro Sánchez como otros líderes europeos no han hecho una defensa de los ayatolás (al contrario), sino que han cargado contra las acciones estadounidenses e israelíes que, además de provocar la muerte de numerosos inocentes, están sentando peligrosos precedentes que amenazan con acabar con la estabilidad alcanzada por las instituciones internacionales tras numerosos períodos de duras guerras en el siglo XX.
Von der Leyen asegura que Europa necesita cambiar. Es un postura que ha comenzado a defender, prácticamente, de la noche a la mañana, ya que, durante décadas, la UE ha sido uno de los principales agentes en la defensa del derecho internacional y de la apuesta por el diálogo ante las escaladas de tensión. Así, en este punto han llegado las críticas contra Sánchez, en las cuales, tal y como ha podido conocer El Mundo, ha señalado que se muestra contrario a muchas de las propuestas que ella realiza al frente de la Comisión Europea sólo por "obtener un rédito político nacional".
No hace mucho Von der Leyen enarbolaba el derecho internacional ante las aspiraciones de Trump
Era en enero cuando las presiones de Trump sobre Groenlandia comenzaban a ser cada vez más intensas. Haciendo gala de superioridad tras haber intervenido en Venezuela, el presidente estadounidense daba por hecho que esta isla, llena de recursos naturales, se anexionaría a Estados Unidos. En aquel momento, Von der Leyen no era tan partidaria de las políticas de Trump y, curiosamente, lo que hacía era reclamar que se respetara lo que hace unos días definió como "viejo orden mundial".
De esta manera, en plena escalada de presiones de la Administración Trump, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, afirmaba, bajo este telón de fondo, que la UE se constituye como una promesa de que “el derecho es más fuerte que la fuerza y la cooperación es más fuerte que la confrontación”, un principio que aplicaba a Groenlandia, territorio danés ahora y amenazado por la ambición expansionista de Trump. En estos términos se pronunciaba en la ceremonia de inauguración de la Presidencia del Consejo de la Unión Europea, en Chipre, a principios de año.
"La propia Unión Europea nació del conflicto. Nuestra Unión no es perfecta, pero es una promesa: que la cooperación es más fuerte que la confrontación, que el derecho es más fuerte que la fuerza. Principios que se aplican no solo a nuestra Unión Europea, sino también, por igual, a Groenlandia", sostenía la presidenta comunitaria.