La ultraderecha colombiana ha dado un golpe sobre la mesa en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Abelardo de la Espriella, abogado, empresario y candidato de discurso duro, se ha impuesto en el preconteo provisional con el 43,7% de los votos y disputará la segunda vuelta frente al izquierdista Iván Cepeda, aspirante del Pacto Histórico, que ha quedado en segunda posición con el 40,9%. La cita definitiva será el próximo 21 de junio y llega marcada por una fuerte polarización política, el desgaste del ciclo progresista abierto por Gustavo Petro y las dudas que el propio presidente ha sembrado sobre el proceso electoral.

El resultado supone un vuelco respecto a las expectativas que situaban a Cepeda con opciones de llegar en cabeza a la segunda vuelta. De la Espriella ha capitalizado el malestar de una parte del electorado con el Gobierno de Petro, el miedo a la inseguridad y el rechazo a la política de “paz total”, una de las principales señas de identidad del Ejecutivo saliente. Con un estilo de campaña agresivo, apelaciones al orden y guiños al trumpismo latinoamericano, el candidato ultra ha logrado reunir a buena parte de la derecha en torno a su candidatura.

Cepeda, por su parte, llega a la segunda vuelta como heredero político del proyecto de Petro, aunque con el reto de ampliar su base electoral más allá del voto progresista. El senador representa la continuidad de las reformas sociales, la defensa del proceso de paz y una agenda de derechos que ha chocado durante los últimos años con una oposición cada vez más radicalizada.

La derecha radical capitaliza el desgaste del petrismo

La victoria provisional de De la Espriella no se explica solo por su candidatura, sino también por el clima político que atraviesa Colombia. Tras cuatro años de Gobierno de Petro, la izquierda llega a estas elecciones con una parte de sus promesas encalladas, una relación tensa con las instituciones y un electorado dividido entre quienes defienden la necesidad de profundizar las reformas y quienes consideran agotado el ciclo progresista.

La derecha ha sabido convertir ese desgaste en un relato de ruptura. De la Espriella ha construido su campaña alrededor de la idea de recuperar el control del país, endurecer la respuesta frente al crimen y revertir las políticas de negociación con grupos armados. Su discurso conecta con una tendencia regional en la que las opciones de extrema derecha se presentan como respuesta expeditiva frente a la inseguridad, el hartazgo institucional y la frustración económica.

La candidatura ultra también ha logrado arrinconar a sectores más tradicionales de la derecha colombiana. La apuesta de una parte del electorado conservador por un perfil más radical confirma un desplazamiento del tablero político hacia posiciones de mayor confrontación. La segunda vuelta no enfrentará simplemente dos programas de Gobierno, sino dos lecturas opuestas del país: continuidad reformista o giro autoritario en nombre del orden.

Petro cuestiona el preconteo

El otro gran elemento que marca el arranque de la segunda vuelta es la reacción de Gustavo Petro. El presidente colombiano ha rechazado aceptar como definitivos los resultados del preconteo provisional y ha asegurado que solo reconocerá el escrutinio oficial. Petro ha apuntado a presuntas inconsistencias en el software utilizado para el conteo y a diferencias en el censo electoral, aunque sus denuncias no han venido acompañadas de pruebas concluyentes que acrediten un fraude.

"Como presidente no acepto los resultados del preconteo de la firma privada de los hermanos Bautista (dueños de la compañía Thomas Greg & Sons, involucrada en el proceso) porque, debiendo estar quietos los algoritmos del software de conteo y escrutinios, en la última semana fueron variados en tres oportunidades y agregaron 800.000 cédulas más de personas que no están en el censo oficial presentado", ha señalado el inquilino de la Casa de Nariño en un mensaje en redes.

Por su parte, Cepeda ha suscrito las palabras de Petro denunciando un supuesto "desfase electoral" que ha pedido "verificar" y "aclarar", tras hacer referencia a "885.000 personas o cédulas". "Estamos verificando con nuestro mecanismo de seguridad y observación electoral de cuántas se trata exactamente (esas mesas) en las cuales se han presentado, según los primeros informes, votaciones atípicas", ha indicado advirtiendo que únicamente se pronunciará sobre los resultados electorales "cuando las condiciones escrutadoras dejen totalmente aclarado este asunto".

Una segunda vuelta de alto voltaje

La cita del 21 de junio se perfila como una de las más tensas de los últimos años en Colombia. De la Espriella parte con la ventaja psicológica de haber ganado la primera vuelta y con la posibilidad de sumar apoyos de otras candidaturas de derecha. Su reto será mantener la movilización de un electorado que reclama mano dura, pero también convencer a votantes moderados que pueden ver con recelo su estilo incendiario.

Cepeda necesita lo contrario: conservar el voto progresista y, al mismo tiempo, atraer a sectores de centro que rechacen una deriva ultra. Para ello deberá presentar la segunda vuelta no solo como un plebiscito sobre Petro, sino como una decisión sobre el modelo democrático, la paz y el papel del Estado en un país atravesado por profundas desigualdades.

El resultado de la primera vuelta deja una fotografía clara: Colombia vuelve a votar partida en dos. La izquierda conserva una base amplia, pero la ultraderecha ha logrado colocarse por delante y convertir el descontento en fuerza electoral. En medio, Petro ha decidido intervenir en el debate cuestionando el preconteo y agitando el fantasma del fraude, una estrategia que puede movilizar a los suyos, pero también aumentar la tensión en un país acostumbrado a que las elecciones sean mucho más que una disputa por el poder.

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