El ciclo del eterno retorno. Estados Unidos e Irán daban por superada la guerrilla retórica para la negociación de un acuerdo de paz. Semanas de anuncios y desmentidos parecían cristalizar este fin de semana en una fotografía que se resistía a revelarse. Pero todo ha vuelto al bucle diplomático cuando Donald Trump ponía fecha a la rúbrica del tratado preliminar de 14 puntos para acabar con el conflicto en la región. El magnate republicano fijaba en este domingo la firma, mientras que desde Teherán se insistía en la negación y la paz volvía al bucle diplomático.
El presidente de Estados Unidos aseguraba este sábado que el pacto se firmaría 24 horas después. Es decir, el domingo. Acto que conllevaría el inmediato desbloqueo del estratégico estrecho de Ormuz, tal y como figura en los 14 puntos que, según medios iraníes, configuran el acuerdo preliminar. “Está previsto que se firme mañana el acuerdo e inmediatamente después de la firma el estrecho de Ormuz estará abierto para todos”, proclamaba un triunfalista Trump en sus redes sociales, presentando el entendimiento como un paso decisivo para estabilizar la región.
Horas después, sin embargo, las autoridades iraníes pinchaban el globo del magnate. Teherán enfrió las expectativas al negar que esa firma se produjera este domingo, emplazando así el cierre del acuerdo a los próximos días; sin fijar fecha concreta. La escena replica el esquema preponderante durante toda la negociación: Trump adelanta avances, mientras Irán tira por tierra el relato optimista de la Casa Blanca y evita comprometerse con los plazos marcados por Washington.
La firma, en el aire
La discrepancia no es menor, aunque todo parece indicar que es una de las últimas batallas narrativas antes de la inminente firma de lo que será un acuerdo preliminar para sentarse a negociar la paz definitiva. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Ismail Baqaei, fue tajante tras el anuncio del presidente norteamericano. Según explicó, el documento negociado en Islamabad no será firmado este domingo y habrá que esperar aún para conocer la fecha definitiva. “No se puede descartar que ocurra en los próximos días”, indicó, mientras reclamaba prudencia debido a las reservas que aún perviven entre las partes implicadas en la negociación.
La Guardia Revolucionaria iraní fue más contundente en su diagnóstico. El cuerpo militar e ideológico de la República Islámica censuró la “inusual insistencia” de Trump en fijar la firma para el domingo, en los prolegómenos de la reunión del G-7, asegurando que los negociadores iraníes han dejado claro que el texto todavía no está cerrado. Incluso sugirieron una interpretación política que explicaba la premura del republicano. Lo hicieron a través de un mensaje difundido en Telegram, donde expusieron que el presidente de Estados Unidos quería que la firma del tratado coincidiera con su cumpleaños para convertir el acto en una proyección personal.
Acuerdo sin lo nuclear
Otro de los elementos llamativos del documento es que, según la versión iraní, el texto preliminar no aborda directamente la cuestión nuclear. Teherán sostiene que el memorándum se concentra principalmente en poner fin a la actual situación de conflicto y que las negociaciones sobre el programa nuclear llegarían después. El pacto abriría un periodo de 60 días de conversaciones sobre el futuro del programa nuclear iraní, el régimen de navegación en el estrecho de Ormuz y otras cuestiones estratégicas.
Trump, por el contrario, ha querido presentar el acuerdo como una garantía absoluta contra cualquier desarrollo nuclear por parte de Irán. El presidente estadounidense aseguró que Teherán no podrá obtener armas nucleares “ni comprándolas, ni desarrollándolas ni de ninguna otra forma” y contrapuso este pacto al acuerdo nuclear de 2015 impulsado durante la Administración de Barack Obama.
Israel observa con preocupación
La negociación también ha provocado inquietud en Israel. Según diversos medios israelíes, el Gobierno de Benjamin Netanyahu tiene previsto reunir este domingo a su gabinete de seguridad para analizar los términos del acuerdo. Fuentes citadas por la prensa israelí consideran que el texto incorpora varias de las principales exigencias planteadas por Teherán y advierten de que podría afectar a los intereses estratégicos de Israel.
Las críticas se centran especialmente en la ausencia de referencias a Hezbolá, al papel regional de Irán o a los sistemas de misiles iraníes. Tampoco aparecen menciones destacadas a Israel o al frente libanés, dos cuestiones que Tel Aviv considera fundamentales para cualquier acuerdo duradero.
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