El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, continúa defendiendo el ataque ilegal lanzado junto con su homólogo israelí, Benjamín Netanyahu, contra Irán. Las causas, unas supuestas armas nucleares inminentes, ya han sido desmentidas por múltiples organismos internacionales y matizadas por los agresores. Los objetivos, más allá de la farsa nuclear, se desconoce, aunque las palabras del inquilino de la Casa Blanca comienzan a indicar que la aspiración es un control político del país y la sustracción de sus materias primas, siguiendo el proceder implementado en otros tantos territorios invadidos.
La nueva arista de justificación que ha aparecido en las últimas horas es la del uranio enriquecido que estaría en manos de Teherán. La Agencia Internacional de la Energía Atómica (OIEA) de las Naciones Unidas (ONU) asegura que Irán cuenta con este elemento químico, pero en cantidades insuficientes para el desarrollismo de un artefacto nuclear. Sin embargo, Trump no pretende que la realidad le fastidie su ofensiva contraria al derecho internacional, aunque esta supone matar a cientos de niñas en el bombardeo a una escuela, y ahora sopesa adueñarse del uranio.
“Quizá en algún momento lo hagamos. Sería fantástico”, ha confesado el líder de los estados unidos al ser preguntado por la posibilidad de mandar tropas a Oriente Medio. Durante una de sus entrevistas clásicas realizadas en el Air Force One. No obstante, el amigo de Jeffrey Epstein ha descartado que esta incursión vaya a tener lugar próximamente, aunque atendiendo al emisor de las palabras no puede descartarse lo contrario. “Es algo que podríamos hacer más adelante. Pero no ahora”, ha apostillado desde el avión presidencial.
Steve Witkoff, enviado especial de Estados Unidos para Oriente Medio, ha apuntado en la misma dirección. Si bien, como sucediera con Irak y con otras guerras sustentadas falsamente por Estados Unidos para conseguir un objetivo espurio, no ha presentado ninguna prueba concluyente. A priori, la potencia de los ayatolás tendría “unos 460 kilogramos de uranio enriquecido al 60%”, según el hombre de Trump y sin pruebas. “Este material al 60% podría elevarse al 90%, el nivel necesario para fabricar una bomba, en aproximadamente una semana, quizás diez días”, añadía, volviendo a no dar tiempos ni evidencias.
Días atrás, el líder de la OIEA, Rafael Grossi, reconocía que no existía ninguna prueba para sostener estas tesis, aunque compraba a medias el marco estadounidense. “No hay pruebas de que Irán esté construyendo una bomba nuclear, pero su gran arsenal de uranio enriquecido a un grado cercano al requerido para un arma y su negativa a conceder pleno acceso a mis inspectores son motivo de grave preocupación”, apuntaba el argentino. A punto estaba Irán de conseguir el arma nuclear, casi tan cerca como en 1992, cuando Netanyahu aseguró que le quedaban semanas.
El argumentario lleva siendo el mismo décadas, occidente decide quién puede tener capacidad nuclear y quién no, pero nunca ha existido evidencia ni nada parecido a una prueba que justifiquen los países arrasados (Irak, Siria, etc.). Solo propaganda estadounidense y sionista para justificar los bombardeos contra civiles y otros crímenes de guerra. El próximo paso podría ser el despliegue terrestre de tropas, que de momento no se ha producido por las reticencias de la sociedad estadounidense, a la que Trump prometió que esto no sucedería bajo ningún contexto.
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