Las ansias expansionistas de Dondald Trump son insaciables. El presidente de los Estados Unidos (EEUU) es perfectamente consciente de que puede saltarse el derecho internacional sin asumir ninguna consecuencia, pues todas las instituciones internacionales y sus aliados occidentales le rinden pleitesía. El secuestro del mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro, y la primera dama, Cilia Flores, fue el pistoletazo de salida para una larga lista de ilegalidades que alcanzó su punto álgido con el ataque contra Irán, en alianza con el Estado genocida de Israel, y que ahora fija como objetivo Cuba.
La isla caribeña atraviesa un momento de crisis, debido a un apagón total sufrido por su sistema eléctrico en la noche de este lunes. "Ocurrió una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional. Comienzan a implementarse los protocolos para el restablecimiento", ha comunicado la empresa eléctrica estatal cubana Unión Eléctrica (UNE). No es la primera vez que una problemática similar golpea al territorio insular, pero esta vez el mandatario estadounidense quiere aprovecharlo para seguir desplegando su plan colonizador y expoliador en el continente americano.
“Creo que yo voy a tener el honor de hacerme con Cuba. Es un gran honor tomar Cuba. De alguna manera, tanto si la libero como si me la quedo. Puedo hacer lo que quiera con ella. Es una nación muy débil en estos momentos”, ha pronunciado Trump sin titubear. Desde el Despacho Oval, y ante la incredulidad de los periodistas allí presentes, el inquilino de la Casa Blanca ha lanzado esta amenaza directa hace escasas horas, anunciando lo que sería una nueva incursión ilegal en un país soberano.
“Toda mi vida he estado oyendo sobre Estados Unidos y Cuba. ¿Cuándo va a dar el paso Estados Unidos?”, ha proseguido. Como en el caso de Venezuela, el presidente estadounidense ni siquiera finge ya el clásico argumentario estadounidense en supuesta defensa de la libertad. “Creo que Cuba en turismo y todo es una isla magnífica. Un clima increíble. No están en zona de huracanes lo que nos viene bien porque no van a estar pidiéndonos dinero para huracanes todas las semanas”, ha especulado con lo que hará si se hace con el territorio.
El amigo de Jeffrey Epstein derrocha soberbia y cinismo a la hora de abordar lo que sería la invasión de un Estado soberano, una tónica habitual que está desplegando en el continente y ante la que occidente está callando. La doctrina Monroe llevada al máximo a través del corolario Trump, que no se contenta con convertir a sus vecinos en su patio trasero, sino que quiere dominarles de forma efectiva y robarles sus recursos a cara descubierta. Si bien la estrategia desplegada está siendo bicéfala.
La Casa Blanca está practicando una injerencia directa en las elecciones de los países latinoamericanos, a los que amenaza con retirar inversiones o incluso implementar bloqueos comerciales si no es electo el candidato afín. Argentina es claro ejemplo de este proceder que, de ser acometido con Rusia, provocaría un desfile de mandatarios europeos rasgándose las vestiduras ante atriles institucionales. La segunda línea de actuación es más violenta si cabe, pues deriva directamente en la invasión o en la amenaza con ataques militares.
Gobiernos que renuncian a ser cipayos y comprar tesis ultraderechistas, como ha sido el caso de México o Colombia, reciben directamente las advertencias yankis. Trump ha atacado a estos países verbalmente, pero también en términos geopolíticos, como ha sucedido con el bombardeo de alguna embarcación, el conflicto del Golfo de México o el secuestros de ciudadanos de estos territorios. En países que históricamente se han resistido a la bota estadounidense, como Cuba o Venezuela, el disimulo ni siquiera es una opción que se plantee la Casa Blanca.
Trump invadirá Cuba si gusta, igual que secuestró a Maduro, ha intervenido en elecciones en Latinoamérica o ha metido al mundo en una guerra como la de Irán, chantajeando ahora a los arrastrados países europeos para que colaboren de su ofensivo. Decida lo que decida, no tendrá consecuencias para su administración, en lo que al derecho internacional se refiere. Porque la legalidad internacional, si es que de algo entiende es de banderas, relaciones comerciales y, en definitiva, poder. Ante esta realidad, tan solo un gesto de resistencia puede cambiar, a veces, la sucesión de los acontecimientos. Y en Estados Unidos no se olvida la Bahía de Cochinos.
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