Las pretensiones imperialistas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, no conocen límites. La agresión contra Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores fue tan solo el primer paso ilegal y contrario al derecho internacional dado por el ultraderechista norteamericano, quien ahora pone el foco en Groenlandia. El último paso dado ha sido una carta, remitida a varios embajadores europeos, en la que la amenaza es directa y clara: “Ya no siento la obligación de pensar únicamente en la paz”.

Al igual que sucediese con el país sudamericano, donde se alegó inicialmente una falsa defensa de la libertad y la lucha contra el narcotráfico, basada en un cártel inventado, que rápidamente fue desplazada por el control del petróleo; el estadounidense se ha quitado rápido la carta. La delirante misiva, dirigida de forma indirecta al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, introduce la no recepción del Premio Nobel de la Paz como justificación de la ofensiva contra el territorio danés, hasta el momento chantajista en lo económico.

Considerando que su país (Noruega) decidió no otorgarme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido 8 guerras más, ya no siento la obligación de pensar únicamente en la paz, aunque siempre será predominante, sino que ahora puedo pensar en lo que es bueno y apropiado para los Estados Unidos de América”, recoge la carta revelada por el periodista estadounidense Nick Schinfrin, de PBS News. La información ha sido confirmada por el medio noruego VG, que se ha puesto en contacto con el equipo del primer ministro del país.

El estadounidense se muestra visiblemente enfadado por no ser el galardonado y, a renglón seguido, pasa a justificar la hipotética vulneración de la soberanía groenlandesa. “Dinamarca no puede proteger esa tierra de Rusia ni de China, y, de todos modos, ¿por qué tienen un ‘derecho de propiedad’? No hay documentos escritos, solo que un barco atracó allí hace cientos de años, pero también hubo barcos que desembarcaron allí”, prosigue con su misiva. Por último, cierra su pronunciamiento recordando su dominio de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a cuyos miembros exige contraprestación.

“He hecho más por la OTAN que cualquier otra persona desde su fundación y, ahora, la OTAN debería hacer algo por Estados Unidos”, ha escrito Trump, antes de despedirse repitiendo el argumento que ha enarbolado desde que extendió su campaña invasora hasta Europa: “El mundo no estará seguro a menos que tengamos el control total y completo de Groenlandia”. Unas palabras que vienen acompañadas de medidas arancelarias injustificadas que, sin disimulo alguno, buscan presionar a Europa para que renuncie a su territorio en favor de Estados Unidos.

El monstruo imperialista

Por si quedaba alguna duda, Trump ha dejado claro que quiere arrogarse el dominio de Groenlandia a cualquier precio y vulnerando todo orden internacional. La respuesta europea, una vez más, está siendo vergonzante por su cobardía y el estadounidense está aprovechando esta postura para agravar sus amenazas. Todo ello impulsado por su dañado orgullo, que no perdona no haber recibido el Nobel de la Paz, otorgado por el Comité a la María Corina Machado, opositora venezolana a la que ha denigrado en más de una ocasión hasta humillarla y conseguir que le entregase simbólicamente el premio.

El orden internacional e instituciones como la ONU nunca han tenido mandato sobre Estados Unidos, aunque se haya intentado vender una igualdad de todos los países que justificase el dominio de su tiranía. El monstruo imperialista alimentado desde la reacción mundial es ya imparable. Los líderes de la extrema derecha y la derecha que en Europa y Sudamérica han aplaudido servilmente a Trump desde que llegó a la Casa Blanca permanecen ahora en un segundo plano, consternados por haber apoyado al invasor. En España, incluso, reniegan de criticarlo y prefieren bajar la cabeza.

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