Con apenas tres meses por delante para las elecciones legislativas de noviembre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado su ofensiva política para intentar movilizar al electorado republicano y evitar una derrota que podría arrebatar a su partido el control del Congreso.

Consciente del desgaste que reflejan las encuestas y de las crecientes divisiones internas dentro del Partido Republicano, el mandatario ha lanzado un mensaje de advertencia a sus propios senadores, a quienes reclama una mayor implicación en una campaña que considera decisiva para el futuro de su presidencia.

La estrategia de Trump combina un llamamiento a la unidad del partido con un endurecimiento de su discurso sobre inmigración, convertido de nuevo en el principal argumento de movilización electoral. En este contexto, el presidente ha llegado incluso a utilizar la reciente crisis migratoria de Ceuta como ejemplo para alertar de lo que, a su juicio, ocurriría en Estados Unidos si los demócratas recuperan el control del Congreso.

Unas elecciones decisivas para la presidencia de Trump

Las elecciones de medio mandato, previstas para el próximo mes de noviembre, renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Tradicionalmente, estos comicios suelen favorecer al partido que se encuentra en la oposición y son interpretados como un examen directo a la gestión del presidente en ejercicio.

En esta ocasión, los sondeos sitúan a los republicanos en una posición especialmente delicada. Las encuestas apuntan a que los demócratas tendrían opciones de recuperar, al menos, la mayoría en la Cámara de Representantes e incluso reducir significativamente la ventaja republicana en el Senado, donde necesitarían una ganancia neta de cuatro escaños para hacerse con el control.

Los estudios demoscópicos también reflejan el deterioro de la imagen del presidente. Los principales sondeos sitúan actualmente su índice de aprobación entre el 37% y el 40%, mientras que la desaprobación oscila entre el 55% y el 59%, uno de los peores registros de su segundo mandato. Paralelamente, la denominada "papeleta genérica" para el Congreso concede a los demócratas una ventaja de entre seis y ocho puntos sobre los republicanos.

Trump alerta del desánimo entre los votantes republicanos

Ante este escenario, Trump ha reconocido públicamente su preocupación por una posible desmovilización de su base electoral. En una entrevista concedida al portal especializado Punchbowl, el presidente admitió que la ausencia de su nombre en las papeletas podría reducir la participación de muchos de sus votantes habituales. "Si yo no participo es estas próximas elecciones, ¿va a votar esta gente?. Porque muchos están muy enfadados con los republicanos, para ser sincero. Con los republicanos, no conmigo", afirmó.

El mandatario considera que buena parte del malestar existente entre los votantes conservadores se dirige contra los propios dirigentes republicanos y no contra su figura, motivo por el que ha decidido implicarse personalmente en la campaña de los candidatos al Congreso.

Como muestra de ese compromiso, Trump anunció que pondrá su estructura de financiación electoral al servicio de los aspirantes republicanos con el objetivo de intentar conservar la mayoría parlamentaria.

Su mensaje fue especialmente contundente hacia los senadores de su partido: "Como el Senado no espabile, igual acabo siendo el último presidente republicano". Y añadió: "Como los demócratas consigan meter la cabeza, igual acabo siéndolo".

Las divisiones internas complican la campaña republicana

La llamada a la movilización llega en un momento especialmente complejo para el Partido Republicano, donde el presidente mantiene abiertos varios frentes con dirigentes de su propia formación.

Durante las últimas semanas, Trump ha reprochado públicamente a congresistas y senadores republicanos que obstaculicen algunas de sus principales iniciativas legislativas, entre ellas la reforma electoral impulsada por la Casa Blanca y el nombramiento definitivo de Todd Blanche como fiscal general.

Precisamente, las senadoras republicanas Lisa Murkowski y Susan Collins ya han adelantado que no respaldarán la confirmación de Blanche, al considerar que representa la "politización" del Departamento de Justicia.

Estas discrepancias han alimentado la percepción de una creciente fractura interna justo cuando el partido necesita exhibir unidad para afrontar unos comicios que pueden redefinir el equilibrio de poder en Washington.

La inmigración vuelve a convertirse en el eje de la campaña

Consciente del potencial movilizador del debate migratorio entre el electorado conservador, Trump ha recuperado uno de los pilares tradicionales de su discurso político.

Durante una comparecencia en el Despacho Oval, el presidente utilizó la reciente entrada masiva de migrantes en Ceuta para reforzar su mensaje sobre el control de fronteras y advertir de las consecuencias que, según sostiene, tendría una victoria demócrata.  "La inmigración ilegal está matando a Europa", aseguró antes de afirmar que la situación vivida en España le recordaba a la política fronteriza desarrollada durante la presidencia de Joe Biden.

"Cuando vi lo que sucedió en España, me dije que nosotros teníamos una versión de eso, se podría decir que mucho peor. Permitimos la entrada de veinticinco millones de personas bajo el mandato de Joe Biden y los demócratas. Tuvimos fronteras abiertas, y países de todo el mundo enviaron a nuestro país a personas que ellos no querían", declaró.

El presidente defendió que, tras endurecer las políticas migratorias mediante deportaciones, restricciones de visados y un mayor control fronterizo, Estados Unidos dispone ahora de "la mejor frontera" y aseguró que "no ha entrado ni una sola persona" en los últimos quince meses.

La utilización de la crisis migratoria registrada en Ceuta evidencia cómo Trump ha incorporado acontecimientos internacionales a su estrategia de campaña para reforzar uno de los mensajes que considera más eficaces entre su electorado.

En ese mismo discurso sostuvo que Europa atraviesa una grave crisis provocada, a su juicio, por dos factores principales: la inmigración y la política energética. "Hay que detener la inmigración ilegal en Europa. Conozco Europa mejor que nadie, mejor que quienes la gobiernan", sostuvo.

Además, volvió a vincular inmigración y delincuencia sin aportar pruebas, al asegurar que "muchos de ellos" han cometido "más de un asesinato", antes de advertir de que Estados Unidos podría vivir una situación similar "si ponen en el poder a esos lunáticos que veo postulándose para cargos públicos".

Un referéndum sobre la Casa Blanca

Más allá del reparto de escaños, las elecciones de noviembre marcarán el margen político con el que Trump afrontará la segunda mitad de su mandato.

Una eventual pérdida de alguna de las dos cámaras limitaría considerablemente la capacidad legislativa de la Casa Blanca y abriría la puerta a un Congreso controlado por los demócratas, con capacidad para bloquear buena parte de la agenda presidencial e intensificar la fiscalización política sobre la Administración republicana.

Con ese horizonte, Trump ha decidido asumir un papel protagonista en la campaña y convertir las midterms en un plebiscito sobre su liderazgo, apelando a la movilización de su base electoral y tratando de cerrar filas en un Partido Republicano que afronta la cita más exigente de su segundo mandato entre el desgaste de las encuestas y las tensiones internas.

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