La visita del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a China, para reunirse con su homólogo, Xi Jinping, ha dejado multitud de titulares. Era la primera visita de un mandatario estadounidense a Pekín en los últimos nueve años, y pese a haber estado centrada en cuestiones comerciales y de que casi todo hayan sido charlas fructíferas, ha habido una excepción: la situación en Taiwán.
En la capital china, Trump fue recibido por el vicepresidente, Han Zheng, al bajar de la escalera del avión, mientras decenas de hombres y mujeres vestidos de blanco y azul ondeaban pequeñas banderas estadounidenses y chinas, en medio de fanfarrias que hicieron sonreír, algo confuso, al dirigente norteamericano. La parte comercial de las conversaciones progresó adecuadamente, pero el asunto que incumbe a la isla, cuya soberanía está discutida, fue diferente. El presidente chino advirtió a su homólogo que "independencia de Taiwán y paz en el estrecho de Taiwán" eran ideas incompatibles, y que si Washington y Pekín no gestionan bien este asunto, "surgirán fricciones e incluso conflictos" entre ambos, llevando las relaciones bilaterales a "una situación muy peligrosa". China reclama la soberanía del territorio taiwanés, mientras que Estados Unidos aboga por su independencia de Pekín.
"Si se gestiona adecuadamente, las relaciones entre ambos países podrán mantenerse estables en general. Si no se gestiona bien, surgirán fricciones e incluso conflictos entre ambos países, lo que empujará las relaciones entre China y Estados Unidos a una situación muy peligrosa", manifestaba Xi en declaraciones recogidas por la agencia Xinhua desde el Gran Salón del Pueblo de la Plaza de Tiananmén, en Pekín, donde mantuvo las conversaciones con el estadounidense.
"El asunto más importante en las relaciones"
Describiendo la cuestión de Taiwán como "el asunto más importante en las relaciones" entre ambos países, el mandatario chino insistía en la idea de que "la independencia de Taiwán y la paz en el estrecho de Taiwán son incompatibles". Con todo, el presidente del gigante asiático lo ponía en el centro: "Mantener la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán es el mayor denominador común entre China y Estados Unidos".
Esta intervención de Xi supone, además, un cambio de tono con respecto al inicio de una reunión bilateral dominada por palabras positivas a ambos lados de la mesa, donde, mientras Trump definía a su par como "un gran líder" y mostraba esperanza de hacer negocios tras rodearse de empresarios, el mandatario chino moderaba las loas y señalaba que Washington y Pekín "deben ser socios, no adversarios". "Ante las diferencias y las fricciones, la consulta en pie de igualdad es la única opción correcta. Necesitamos un resultado globalmente equilibrado y positivo. Será una buena noticia para los pueblos de ambos países y para el mundo: ambas partes deben trabajar juntas para mantener el impulso positivo que tanto ha costado conseguir", se expresaba el dirigente chino.
Por su parte, las autoridades taiwanesas contestaban al presidente chino, espetándole que "Pekín es la única fuente de riesgo para la paz regional". Así se expresaba el Ministerio de Exteriores taiwanés en declaraciones a la agencia de noticias NCA, que sacaba pecho de su cooperación con Estados Unidos para garantizar la seguridad y la prosperidad regionales. De lado de Taipéi insisten, como de costumbre, en que Pekín no tiene derecho a representar a Taiwán en ningún ámbito internacional y no está subordinada al resto de China. En general, sobre la cita entre Trump y Xi, la portavoz del Ejecutivo taiwanés, Michelle Lee, valoraba que "contribuya a la estabilidad regional y gestione los riesgos planteados por la expansión autoritaria", en referencia a las aspiraciones unificadoras de China sobre la isla. Lee valoró, del mismo modo, el contacto estrecho con la delegación estadounidense durante el viaje a China y su apoyo a Taiwán en la cita.
Conversaciones fructíferas en lo comercial
Pese a este punto de roce, que no es ni mucho menos nuevo, los dirigentes valoraron como "fantásticos" los acuerdos a nivel comercial y el acercamiento de posturas respecto, también, a la situación en Irán. "Ha sido una visita increíble. Creo que hay muchas cosas buenas derivadas de ella", sostuvo Trump en una comparecencia ante la prensa junto a Xi. "Hemos logrado algunos acuerdos comerciales fantásticos, maravillosos para ambos países", destacaba también.
"Hemos resuelto muchos problemas diferentes que otros no podrían haber resuelto. Tenemos una relación muy fuerte y hemos hecho algunas cosas maravillosas, creo", señalaba el inquilino de la Casa Blanca, que insistía en que ambos tienen opiniones "similares" sobre Irán, incluida la necesidad de que el conflicto "termine". En sus palabras, ni Washington ni Pekín ven con buenos ojos que Teherán tenga armas nucleares y ambos países quieren que el estrecho de Ormuz "esté abierto", algo que Pekín ha reclamado en numerosas ocasiones.
Por su parte, Xi hizo hincapié en que la visita de Trump es "histórica" y explicó que ambas partes han fijado una nueva visión para establecer unas relaciones estratégicas. "Hemos alcanzado entendimientos importantes sobre el mantenimiento de lazos económicos y comerciales estables, la expansión de la cooperación práctica en varios campos y la gestión adecuada de las preocupaciones mutuas", remarcaba el presidente chino.
El mandatario del Partido Comunista manifestaba, además, que ambos actores han acordado reforzar la comunicación y la coordinación en asuntos regionales e internacionales, y depositaba sus deseos en que la visita sirviera para "profundizar la confianza y mejorar los entendimientos mutuos" con la Casa Blanca.
"Esto demuestra una vez más que es una aspiración compartida de ambos pueblos y una expectativa de la gente de todo el mundo que China y Estados Unidos encuentren el camino correcto para llevarse bien y lograr una coexistencia pacífica y una cooperación mutuamente beneficiosa sobre la base del respeto mutuo. [...] Mientras Trump espera hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande, yo estoy dedicado a guiar al pueblo chino hacia la revitalización nacional", expresaba Xi Jinping, con un mensaje que daba a entender que ambos países desean impulsar su desarrollo y que ello es compatible con la cooperación entre ambos actores internacionales.
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