El programa nuclear iraní ha sido uno de los puntos de mayor controversia y de los que más protagonismo ha dispuesto desde el inicio de la guerra en este país. Tanto Estados Unidos como Israel han insistido en este tiempo, para justificar sus ataques, que Irán dispone de bombas nucleares dispuestas para ser usadas en sendas ofensivas. Sin embargo, aunque el régimen de los ayatolás posee las infraestructuras y los materiales para preparar esta peligrosa arma, la realidad es que no cuenta con ninguna lista para su uso, a diferencia de otros territorios que si cuentan con arsenal de este tipo, como los propios EEUU o Israel.
Es por ello que, teniendo esto en cuenta, en uno de los más recientes discursos pronunciados por Benjamin Netanyahu resulte llamativo escucharle volviendo a poner sobre la mesa este asunto, buscando de nuevo un argumento que permita dar sentido a la guerra que inició de la mano de Donald Trump y que está desestabilizando por completo el panorama internacional.
Las palabras del primer ministro israelí volvían a alinearse, una vez más, con los argumentos que Trump suele usar, los cuales se encuentran basados en ideas no verficadas y que no se ajustan a la realidad. Básicamente, el discurso del miedo volvió ha ponerse sobre la mesa para encontrar sentido a haber dado pie a un conflicto bélico que no era necesario iniciar. Así, Netanyahu volvía a subrayar algo que ya se le ha escuchado en otras ocasiones: "Irán planeó otro Holocausto. Tramó destruirnos con bombas nucleares... Si no actuábamos contra la amenaza existencial, si no actuábamos con determinación y valentía, los nombres de los lugares de la muerte Natanz, Fordow e Isfahán (ciudades iraníes con infraestructuras nucleares), podrían unirse a los nombres de los campos de exterminio del Holocausto: Auschwitz, Miedbekistán, Treblinka...".
Irán, un país sin cabezas nucleares frente a las 200 bombas con las que cuenta Israel
El programa nuclear iraní se ha convertido en el eje central de la creciente tensión entre Teherán, Washington y Tel Aviv, hasta el punto de haber derivado en ataques directos contra instalaciones estratégicas del país persa. Sin embargo, más allá del ruido político y militar, los datos disponibles dibujan un escenario más matizado, observando que Irán, aunque sí ha desarrollado una industria nuclear avanzada con capacidad potencial para fabricarlas, no posee armas nucleares.
Desde comienzos de los años 2000, el secretismo en torno a algunas de sus instalaciones —como Natanz, Arak o Fordow— ha despertado la preocupación de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) y de la ONU. Aun así, Teherán sostiene que su programa tiene fines exclusivamente civiles, una afirmación difícil de verificar completamente debido a las limitaciones en las inspecciones internacionales, especialmente tras la ruptura del acuerdo nuclear de 2015 por parte de Estados Unidos durante la administración de Donald Trump.
En términos técnicos, Irán controla todo el ciclo nuclear: desde la extracción de uranio hasta su enriquecimiento. Este proceso es clave, ya que permite obtener material fisible. El uranio natural contiene apenas un 0,71 % del isótopo U-235, necesario para la fisión nuclear, mientras que para uso militar suele requerirse un enriquecimiento cercano al 90 %. Actualmente, Irán ha alcanzado niveles del 60 %, un umbral elevado pero que no implica, por sí mismo, la existencia de armamento nuclear operativo.
El último informe del OIEA advertía, no obstante, de la acumulación de importantes reservas de uranio enriquecido —más de 600 kilogramos entre el 20 % y el 60 %— y de la imposibilidad de verificar plenamente estas cantidades en los últimos meses, lo que incrementa la preocupación internacional. A esto se suma el desarrollo de misiles balísticos con un alcance superior a los 2.000 kilómetros, capaces de transportar cargas convencionales y, potencialmente, nucleares.
Frente a esta realidad se sitúa Israel, que mantiene una política de ambigüedad sobre su arsenal atómico, aunque diversas estimaciones le atribuyen entre 80 y 200 cabezas nucleares plenamente operativas. Esta asimetría resulta clave: mientras Irán es señalado como una amenaza por su potencial futuro, Israel ya dispone de una capacidad nuclear consolidada desde hace décadas.