El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, viajará este lunes a Washington para mantener una reunión con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un momento especialmente delicado para la estabilidad de Oriente Próximo y para la situación judicial del dirigente israelí.

La visita, organizada por invitación de la Casa Blanca, servirá para abordar la evolución de los principales conflictos abiertos en la región, reforzar la coordinación estratégica entre ambos países y analizar la respuesta conjunta frente a la Corte Penal Internacional (CPI).

El encuentro se produce en un contexto de elevada tensión geopolítica y personal, marcado por la confrontación entre Israel e Irán, la guerra en Gaza, el acuerdo nuclear entre Estados Unidos y Arabia Saudí y el debate internacional sobre las investigaciones abiertas por la CPI contra Netanyahu por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad relacionados con el conflicto en la Franja. Israel no reconoce la jurisdicción del tribunal sobre sus actuaciones, mientras que Estados Unidos tampoco es Estado parte del Estatuto de Roma, tratado constitutivo de la Corte.

Horas antes de partir hacia Estados Unidos, Netanyahu confirmó haber mantenido una conversación telefónica con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien, según explicó el mandatario israelí al inicio de la reunión de su Gabinete, le trasladó el compromiso de Washington de mantener una posición firme frente a la CPI.

El primer ministro sostuvo que el tribunal internacional "pone en peligro la justicia en el mundo" y cuestionó que un organismo internacional pueda, a su juicio, limitar la capacidad de los Estados democráticos para adoptar decisiones relacionadas con su seguridad nacional. Netanyahu calificó además a la institución con sede en La Haya de "burocracia corrupta" y consideró que el respaldo expresado por la Administración estadounidense constituye un "avance muy positivo".

La visita a Washington llega después de que la CPI emitiera órdenes de arresto contra Netanyahu y el entonces ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, por presuntos delitos cometidos durante la ofensiva militar en Gaza. La decisión del tribunal ha incrementado la presión diplomática sobre el Gobierno israelí y ha abierto un debate sobre las implicaciones internacionales de esos mandatos, aunque su ejecución depende de los Estados que forman parte del Estatuto de Roma.

En Estados Unidos, la Administración Trump ha reiterado en varias ocasiones su rechazo a las actuaciones de la Corte Penal Internacional contra dirigentes israelíes. El presidente estadounidense ha defendido públicamente a Netanyahu como un aliado estratégico en Oriente Próximo y ha descartado cualquier posibilidad de colaborar en la ejecución de las órdenes emitidas por el tribunal internacional.

La relación entre ambos líderes, no obstante, ha atravesado momentos de tensión durante los últimos meses. Diversas informaciones publicadas en medios estadounidenses apuntaron a discrepancias entre Trump y Netanyahu respecto a la estrategia militar israelí y a la gestión del conflicto regional. El propio presidente llegó a pedir públicamente al primer ministro israelí una mayor prudencia en determinadas actuaciones militares, especialmente en el escenario libanés, aunque posteriormente negó que existiera un deterioro de la relación bilateral. "Está jodidamente loco", confesó en público el mandatario norteamericano.

Pese a esas diferencias puntuales, ambos gobiernos mantienen una estrecha cooperación en materia de defensa, inteligencia y política exterior. La reunión prevista en la Casa Blanca pretende reforzar esa coordinación en un escenario regional marcado por el enfrentamiento con Irán y por la evolución de la situación en Gaza.

Antes del anuncio del viaje, Netanyahu aseguró que las operaciones desarrolladas conjuntamente por Israel y Estados Unidos frente al régimen iraní habían abierto, a su juicio, una nueva oportunidad para ampliar los denominados Acuerdos de Abraham, los pactos de normalización diplomática impulsados durante el primer mandato de Donald Trump entre Israel y varios países árabes. El dirigente israelí volvió a expresar su aspiración de incorporar a Arabia Saudí a ese proceso de acercamiento regional.

Además de la reunión con Trump, la agenda del primer ministro israelí incluye diversos encuentros con responsables estadounidenses y la asistencia al funeral del senador republicano Lindsey Graham, uno de los principales aliados de Israel en el Congreso de Estados Unidos.

El viaje se produce en un momento especialmente sensible para la diplomacia internacional, con múltiples frentes abiertos en Oriente Próximo y con la actuación de la Corte Penal Internacional convertida en uno de los principales focos de fricción entre Israel y varios organismos multilaterales. La reunión entre Netanyahu y Trump servirá previsiblemente para escenificar el respaldo político de Washington a su principal aliado en la región y coordinar la estrategia bilateral ante un contexto internacional marcado por la inestabilidad y el creciente debate sobre el alcance de la justicia penal internacional.

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