El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aterrizará este martes en Ankara para formar parte de una importante y presumiblemente tensa cumbre de la OTAN. Recep Tayyip Erdoğan, presidente de Turquía, ejercerá de anfitrión de los 32 países de la Alianza Atlántica y tratará de rebajar la tensión preexistente entre buena parte del flanco europeo y el eje conformado por Donald Trump y Mark Rutte, secretario general de la organización. 

En Moncloa son conocedores del protagonismo adquirido por Sánchez como plenipotenciario de la agenda exterior del Gobierno. En una reunión informal con periodistas previa al viaje del presidente, fuentes conocedoras del mensaje que pretende trasladar la delegación española a sus socios atlantistas avisan de que el Gobierno viaja a Ankara con la cabeza alta y la sensación y la evidencia empírica de que los objetivos se han cumplido. Estas mismas voces, cambiando de estrategia y aventurando un discurso que virará de la autodefensa al ataque, recuerdan que España, según los propios parámetros técnicos fijados por la OTAN, parte como el séptimo país de los 32 que conforman la Alianza con mayor cumplimiento con los objetivos prefijados interanualmente por la organización. 

Una posición sustentada, además, por diferentes datos puestos a disposición de los periodistas como antesala a los dos días de cumbre: España, sostienen estas mismas voces con la documentación interna de la OTAN en sus manos, es el tercer país con más fuerzas desplegadas para misiones de paz en el extranjero, el que más tropas tiene en el flanco oriental de Europa, el segundo mayor contribuyente de capacidades navales o el cuarto en las aéreas. Datos que, además, se sustentan, por un aumento significativo del gasto en defensa que ha llevado al Gobierno a pasar de una inversión de 11.172 millones en 2018 a 35.419 en este año. 

Un importante esfuerzo con el que desde el Gobierno pretenden anestesiar las críticas tanto externas, encabezadas por los continuos choques con Trump y Rutte, como internas, con una derecha que acusa al Gobierno de arrastrar los pies y dejar maltrecha la imagen exterior del país y una izquierda, encabezada por partidos antibelicistas como Podemos, que reclama a Moncloa que convierta el "no a la guerra” en algo más que un eslogan con el que pasearse por la prensa internacional buscando portadas y un relato que desconecta la realidad (la del aumento récord del gasto militar) del mensaje. Para todos ellos, las voces de Moncloa presentes en la reunión informal previa al viaje del presidente reclaman seriedad y “no caer en una dinámica simplista de cañones vs. mantequilla”. 

En cuanto a la amenaza estadounidense, comprada desde hace un año por Rutte como secretario general de la OTAN, en el Gobierno insisten en que la postura española respecto al 5% del gasto mínimo que la organización firmó en 2026 sigue siendo la misma. Una negativa sustentada en la necesidad de armonizar el compromiso atlantista con la agenda de derechos sociales puesta en marcha por el Ejecutivo. Además, estas mismas fuentes, visiblemente contrariadas por algunos de los mensajes que llegan desde la Casa Blanca, reconocen que Moncloa ha hecho llegar los datos de la propia OTAN tanto a la administración Trump como a la embajada estadounidense en Madrid. Datos, presumen, frente a un relato interesado y espurio que algunos en el Congreso de los Diputados utilizan para tratar de desacreditar la propia ‘marca España’. 

Rusia y el ejército europeo 

Entrados en materia, y más allá de la estrategia comunicativa con la que afrontar el debate sobre la necesidad o no de invertir el 5% del PIB en Defensa, el Gobierno reproducirá en Ankara el mismo mensaje que ha abanderado en los últimos meses: Rusia es, a ojos de Moncloa, la principal amenaza a corto, medio y largo plazo. Una enemistad que, además, se coordina con una estrategia nada desdeñable presupuestariamente en los últimos años, tanto en soldados desplegados en el este de Europa como en inyecciones millonarias de apoyo a Ucrania para afrontar una guerra que va camino de los cuatro años y medio de duración. 

Una de las soluciones frente a la amenaza que lidera la delegación española es la necesidad de crear un ejército europeo. Una petición que, según las voces presentes en la reunión, nace de la necesidad de generar autonomía frente a Estados Unidos y apostar por un mejor reparto de las inversiones en países del Viejo Continente. 

Esta petición no es nueva. De hecho, y pese a que siempre ha estado en los cajones de Moncloa, se intensificó en los primeros meses de 2026 como respuesta a los desmanes de Donald Trump en Venezuela o Irán. También frente a sus amenazas, protagonistas de esta cita en Ankara después de que se haya abierto a explorar una reducción significativa de las tropas norteamericanos en suelo europeo. 

El pasado mes de marzo, durante una comparecencia en el Congreso de los Diputados, el propio Sánchez hablaba francamente sobre en qué consistiría su plan de un ejército comunitario: “Unas fuerzas armadas comunitarias, integradas por 27 países y guiadas por la misma bandera y por los mismos intereses (…) Solo así nos convertiremos en una verdadera unión y garantizaremos una paz duradera en nuestra región”, sostenía. 

Además, y en un claro dardo dirigido a la Casa Blanca, el presidente recordaba que esta pretensión no es nueva: los padres fundadores, decía, ya plantearon la idea de una “comunidad europea de la defensa” que sin embargo quedó aparcada con el tiempo primero por la Guerra Fría y luego, cuando esta terminó, porque muchos europeos creyeron que en la "nueva era" que se abría "no haría falta tanques para apaciguar a Moscú, solo McDonald’s".

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