Jabaroot ha vuelto a colocarse en el centro de la atención después de vincular sus últimas amenazas con la crisis de Ceuta y el caso Pegasus, dos asuntos especialmente sensibles para las relaciones entre España y Marruecos. El grupo asegura disponer de documentación relacionada con el espionaje mediante Pegasus y ha insinuado que nuevas revelaciones podrían afectar al aparato de seguridad marroquí. Por ahora no ha aportado pruebas públicas suficientes que permitan verificar esa afirmación, pero el anuncio ha vuelto a disparar las especulaciones sobre qué información posee realmente y, sobre todo, quién está detrás de una organización que lleva más de un año golpeando estructuras sensibles del reino.

La conexión con Ceuta añade además una dimensión política inmediata. Jabaroot ha intentado insertar sus últimas filtraciones dentro del relato sobre la reciente crisis en la ciudad autónoma y ha señalado al aparato de seguridad marroquí en sus acusaciones. Esas afirmaciones no han sido corroboradas de manera independiente, pero el simple hecho de que el grupo las vincule con Pegasus y con Ceuta amplifica el impacto de cada nueva publicación y convierte sus movimientos en un problema que ya trasciende las fronteras marroquíes. 

Según explicó el periodista Ignacio Cembrero, Jabaroot afirma disponer de material relacionado con Pegasus que, de existir y ser auténtico, podría resultar especialmente sensible para España. La clave está precisamente en ese condicional: hasta que los documentos sean publicados y puedan ser contrastados, no existe base para concluir que el grupo tenga nuevas pruebas sobre el espionaje al Gobierno español ni sobre una eventual implicación marroquí en esos episodios. 

Pero la amenaza es suficiente para devolver una pregunta que Rabat todavía no ha conseguido despejar: ¿quién es realmente Jabaroot y cómo ha logrado acceder, o aparentar que ha accedido, a información cada vez más cercana al núcleo del régimen de Mohamed VI?

La marca apareció con fuerza en abril de 2025, cuando un grupo que se presentaba como argelino difundió información atribuida a la Seguridad Social marroquí. La filtración afectó aproximadamente a dos millones de afiliados y expuso salarios y otros datos personales vinculados a numerosas personas. El impacto fue inmediato y convirtió a Jabaroot en uno de los actores más notorios del ciberconflicto entre Marruecos y Argelia. 

Desde entonces, sin embargo, el fenómeno ha cambiado. Jabaroot ya no se limita a exponer bases de datos masivas: sus publicaciones han ido acercándose progresivamente al aparato de seguridad, la Policía, los servicios de inteligencia y figuras vinculadas al poder marroquí. Esa transformación ha alimentado las dudas sobre si detrás de la marca sigue actuando el mismo grupo que protagonizó el ataque inicial.

De una gran filtración a una guerra de secretos

La evolución de Jabaroot es uno de los elementos que más desconciertan a quienes siguen sus movimientos. En su primera etapa, la operación encajaba relativamente bien con el patrón clásico del hacktivismo regional: un grupo identificado con Argelia atacaba instituciones de Marruecos dentro del contexto de rivalidad política y diplomática entre ambos países.

Meses después, sin embargo, el material comenzó a cambiar de naturaleza. Le Monde advertía ya a finales de 2025 de que no estaba demostrado que quienes utilizaban entonces el nombre Jabaroot fueran necesariamente los mismos responsables del ataque original. Algunas de las filtraciones posteriores presentaban además un grado de detalle interno que alimentaba preguntas sobre su verdadero origen. 

Ahí aparece una de las hipótesis más interesantes: Jabaroot podría ser menos una organización perfectamente delimitada que una marca bajo la que terminan apareciendo informaciones procedentes de diferentes fuentes.

Las explicaciones posibles son variadas. La más sencilla mantiene que se trata de hacktivistas argelinos con capacidad técnica para penetrar sistemas marroquíes. Otra apunta a que esos hackers pueden estar recibiendo documentación de fuentes internas. Una tercera, mucho más delicada, plantea que determinadas filtraciones puedan estar relacionadas con luchas de poder dentro del propio aparato marroquí.

Ninguna de estas teorías ha podido demostrarse públicamente. Precisamente por eso, el grupo resulta especialmente eficaz. La incertidumbre sobre quién lo controla amplifica cada nueva filtración, porque obliga a Rabat a preguntarse no solo qué datos han podido ser sustraídos, sino también si parte de la información puede estar saliendo desde dentro de sus propias estructuras.

Las últimas publicaciones han reforzado esa percepción. Durante agosto han vuelto a circular archivos atribuidos a Jabaroot que supuestamente identifican a miles de miembros o colaboradores del aparato de seguridad marroquí. Algunos medios han interpretado esas bases como una gran lista de agentes secretos. Otros cuestionan de forma significativa esa lectura.

Médias24, medio marroquí que examinó parte del material, sostiene que una parte sustancial de los registros podría corresponder en realidad a policías y empleados vinculados a la Dirección General de Seguridad Nacional, además de incluir información que ya habría circulado previamente. El análisis pone en duda, por tanto, la idea de que se haya producido una filtración completamente nueva de decenas de miles de espías.

Ese contraste ilustra uno de los principales problemas que rodean a Jabaroot: separar los documentos auténticos de las exageraciones, la información reciclada y la propaganda resulta cada vez más complicado.

La sospecha que inquieta a Rabat: ¿y si el enemigo está dentro?

La teoría más explosiva es también la que exige más cautela. Desde hace meses circula la posibilidad de que determinadas filtraciones estén conectadas con rivalidades internas dentro de los servicios de seguridad marroquíes.

Le Monde recogió a finales de 2025 que en Marruecos existían especulaciones sobre tensiones entre diferentes estructuras del aparato de inteligencia, incluidas las vinculadas a la Dirección General de Vigilancia del Territorio y la Dirección General de Estudios y Documentación. El diario subrayaba, no obstante, que no existían pruebas técnicas que permitieran atribuir Jabaroot a una operación interna contra alguna de esas instituciones. 

Hay, sin embargo, elementos que mantienen viva la incógnita. Algunas de las informaciones publicadas parecen manejar detalles difícilmente accesibles desde el exterior, lo que ha alimentado la hipótesis de que Jabaroot pueda contar con colaboradores con conocimiento directo de las estructuras estatales marroquíes.

Una investigación coordinada por Forbidden Stories publicada este verano recogió además el testimonio de un antiguo integrante de la DGST refugiado fuera de Marruecos y documentó información relacionada con herramientas de vigilancia adquiridas por el país. No existe ninguna prueba pública que relacione a ese exempleado con Jabaroot, pero el caso confirma que existen antiguos integrantes del aparato capaces de conservar información sensible una vez fuera de sus estructuras. 

La dimensión española ha crecido todavía más con las últimas publicaciones. The Objective aseguró este 26 de agosto que, después de cruzar nombres incluidos en archivos atribuidos a Jabaroot con el listado oficial del cuerpo diplomático acreditado en España, al menos cinco miembros de la Embajada de Marruecos en Madrid aparecerían vinculados en esa base al aparato de inteligencia marroquí

Ese cruce no basta para probar que las personas señaladas sean agentes de inteligencia. Antes habría que determinar con certeza qué representa realmente la base de datos, cómo fue obtenida y con qué criterios aparecen clasificados sus integrantes. Pero demuestra que las filtraciones de Jabaroot ya tienen capacidad para generar efectos políticos y diplomáticos en España

El grupo anuncia revelaciones, ofrece fragmentos, señala objetivos y deja abierta la expectativa de nuevas publicaciones. No necesita demostrar que posee todos los secretos que afirma conocer para generar presión: basta con conseguir que sus adversarios no sepan exactamente hasta dónde llega su acceso.

Ese puede ser, de hecho, uno de sus mayores éxitos. Cada nueva filtración obliga a las estructuras marroquíes a revisar sistemas, estudiar posibles fugas internas, cuestionar lealtades y responder a informaciones que se expanden antes incluso de haber sido verificadas. Aunque algunos archivos puedan ser antiguos, incompletos o estar presentados de manera exagerada, el efecto político puede producirse igualmente.

Por eso, el verdadero misterio de Jabaroot ya no está únicamente en los documentos que publica. Está en determinar quién obtiene esa información, quién decide qué sacar a la luz y por qué sus objetivos parecen acercarse cada vez más al corazón del aparato de seguridad de Mohamed VI.

La crisis de Ceuta y la amenaza de revelar supuestos secretos sobre Pegasus han elevado ahora esa incógnita a otro nivel. Más de un año después de la aparición del grupo, Marruecos continúa sin poder despejar públicamente quién controla Jabaroot. Y mientras esa pregunta permanezca sin respuesta, la identidad de sus responsables seguirá funcionando como un arma casi tan poderosa como los documentos que aseguran tener.

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