Javier Milei tiene en la derrota de Argentina en la final del Mundial frente a España una oportunidad política inesperada. Tras mantener un perfil relativamente bajo durante buena parte del campeonato, el ultraderechista quiere capitalizar el descontento y la conspiranoia del pueblo argentino en lo que catalogan como una “campaña” contra el país. Su objetivo no se limita a la defensa de Leo Messi y sus compañeros por un partido en el que apenas inquietaron a Unai Simón, sino que busca recuperar la iniciativa política en un momento de máxima zozobra. Con su imagen desplomada en las encuestas de opinión y un creciente malestar por la situación económica, el presidente recurre al fútbol y a la teoría de la conspiración para recuperar la imagen.
“Ahora el mundo va a ver dónde puede llegar un país lleno de argentinos”, escribió Milei en sus redes sociales. Horas después elevó el tono: “Somos llamativos, no pasamos desapercibidos, nos tienen celos y somos buenos en casi todo”. El mandatario acompañó sus mensajes con una imagen generada por inteligencia artificial en la que aparece abriéndose la camisa para mostrar la camiseta de la selección. La controversia futbolística quedaba así incorporada al lenguaje habitual de su Gobierno: Argentina como una nación excepcional, atacada desde el exterior por sus enemigos y defendida por un presidente dispuesto a plantarles cara.
La maniobra ofrece a Milei una ventana para desplazar la conversación. Durante los últimos meses, el debate público argentino ha estado marcado por el deterioro de las expectativas económicas, las sospechas de corrupción que afectan a integrantes de su Ejecutivo y las dudas sobre sus posibilidades de reelección en 2027. Frente a ese escenario, la supuesta “campaña antiargentina” permite a La Libertad Avanza reconstruir una división más favorable: ya no se discute únicamente la gestión presidencial, sino quién defiende al país y quién se coloca del lado de sus críticos.
Del silencio mundialista a encabezar la respuesta
Milei había tratado de acercarse al fervor generado por el recorrido de la Albiceleste, pero sin exponerse demasiado. No acudió a la final disputada en Estados Unidos y aseguró que seguiría el encuentro desde la residencia presidencial para no romper sus cábalas. La derrota ante España, las acusaciones sobre supuestos favores arbitrales y las críticas al comportamiento de algunos jugadores modificaron el escenario.
El presidente entendió que el malestar de una parte de la sociedad podía transformarse en combustible político. Replicó mensajes contra el “wokismo”, el “globalismo” y la izquierda internacional, y dio por buena la tesis de que el kirchnerismo había colaborado con la campaña contra Argentina. Agustín Laje, uno de los referentes intelectuales del universo libertario, acusó al peronismo de fomentar el rechazo a Messi, validar las acusaciones de racismo y alimentar el relato de que la selección ganaba gracias a la FIFA. Milei respondió que su análisis era “absolutamente cierto”.
El mecanismo es conocido. El líder de La Libertad Avanza se presenta como víctima de una estructura internacional que también habría atacado a Donald Trump en Estados Unidos y a Jair Bolsonaro en Brasil. La crítica deja de dirigirse a una actuación concreta de los futbolistas o a las formas del Gobierno argentino y pasa a formar parte de una conspiración política de mayor alcance.
Milei incluso compartió una frase atribuida a Winston Churchill: “¿Tienes enemigos? Bien. Eso significa que defendiste algo en algún momento de tu vida”. La cita encaja con su relato, aunque no con los registros históricos. La International Churchill Society la incluye entre las expresiones falsamente atribuidas al antiguo primer ministro británico y señala que procede de una paráfrasis de Victor Hugo.
La falta de autenticidad no altera su utilidad. Para Milei, la existencia de enemigos funciona como prueba de que está librando la batalla correcta. En este caso, el Mundial le permite ampliar ese razonamiento desde su persona al conjunto del país: si Argentina recibe críticas, sostiene el oficialismo, es porque destaca y amenaza intereses ajenos.
La batalla cultural llega a hospitales y universidades
La ofensiva no se ha quedado en las redes sociales. Agustín Romo, jefe del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara de Diputados bonaerense, presentó un proyecto para cobrar la atención sanitaria programada y los estudios universitarios a los extranjeros que no acrediten residencia permanente en la provincia de Buenos Aires.
El diputado vinculó expresamente la iniciativa con los mensajes críticos difundidos tras el Mundial. “Basta de pagar la educación de extranjeros que nos odian”, escribió antes de reclamar que fueran expulsados. El proyecto cuenta con el respaldo de otros legisladores libertarios y establece un régimen de aranceles para determinadas prestaciones sanitarias y carreras de grado en centros públicos provinciales.
La propuesta convierte una polémica digital en una medida política con una evidente carga identitaria. El oficialismo equipara las opiniones de algunos usuarios extranjeros con las personas migrantes que viven, trabajan o estudian en Argentina y plantea retirarles derechos como respuesta colectiva.
También permite a La Libertad Avanza recuperar uno de los ejes que más rédito le ha proporcionado: la confrontación entre quienes pagan impuestos y quienes, según su discurso, se benefician de los recursos públicos sin contribuir. El Mundial aporta una cobertura emocional a una agenda que el partido ya defendía previamente y que ahora presenta como una respuesta al agravio nacional.
En busca de un impulso
El despliegue llega en un momento difícil para Milei. El último monitor de D’Alessio IROL y Berensztein sitúa en el 66% el porcentaje de argentinos que considera que la situación económica del país está peor que un año atrás. Un 67% afirma además haber empeorado personalmente y la valoración negativa del Gobierno supera ampliamente a la positiva.
Las mediciones de la Universidad de San Andrés también colocan la desaprobación de la gestión en torno a seis de cada diez entrevistados, con el empleo, los salarios y la incertidumbre económica entre las principales preocupaciones. Los datos muestran que el Ejecutivo conserva un núcleo libertario muy cohesionado, pero tiene dificultades para mantener a los sectores moderados que acompañaron a Milei en las urnas sin compartir toda su agenda.
No existe, sin embargo, un resultado electoral cerrado. Algunos sondeos sitúan a Milei por delante de Axel Kicillof en posibles escenarios para 2027, mientras otros reflejan empates o derrotas del presidente frente al gobernador bonaerense. La disparidad aconseja prudencia al proyectar una elección todavía lejana, aunque las distintas mediciones coinciden en el deterioro de la aprobación gubernamental y en la persistencia del pesimismo económico.
Ahí reside la oportunidad que Milei trata de explotar. El sentimiento nacional generado alrededor de la selección atraviesa divisiones partidistas y ofrece al presidente la posibilidad de volver a hablarle a una mayoría más amplia que su núcleo ideológico. La defensa de Argentina le permite situarse junto a Messi, apropiarse de una identidad compartida y presentar a sus adversarios como aliados internos de una ofensiva exterior.
La estrategia no resuelve los problemas que muestran las encuestas. No mejora los salarios, no reduce el desempleo ni cambia la percepción de quienes aseguran vivir peor que en 2025. Pero sí puede modificar temporalmente el terreno de juego y sustituir el examen de gestión por una batalla emocional. Milei ha encontrado en las críticas posteriores al Mundial un adversario suficientemente difuso como para responsabilizar al “wokismo”, al kirchnerismo, a Europa y a las redes internacionales al mismo tiempo.
Síguenos en Google Discover y no te pierdas las noticias, vídeos y artículos más interesantes
Síguenos en Google DiscoverAñadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.