Marruecos e Israel han decidido dar un nuevo salto en unas relaciones que comenzaron a normalizarse hace casi seis años. Los dos países acordaron este miércoles 16 de septiembre elevar sus respectivas representaciones diplomáticas al rango de embajadas e intercambiar embajadores, una decisión que consolida la apuesta de Rabat por mantener y profundizar sus vínculos con el Estado israelí pese al impacto que la guerra de Gaza ha tenido sobre la opinión pública marroquí. El acuerdo se produjo durante una reunión celebrada en Nueva York entre los ministros de Exteriores de Marruecos e Israel, Nasser Bourita y Gideon Sa’ar, y el embajador estadounidense ante Naciones Unidas, Mike Waltz.

El movimiento va bastante más allá de un cambio de nombre en las actuales delegaciones. Marruecos e Israel también se han comprometido a reactivar y ampliar las conexiones aéreas directas, avanzar en sus relaciones económicas y completar antes de que termine 2026 sendos acuerdos sobre protección de inversiones y prevención de la doble imposición. Además, ambos gobiernos preparan nuevas visitas de alto nivel para los próximos meses, según el comunicado conjunto difundido tras el encuentro.

La decisión profundiza así una relación que hasta ahora permanecía formalmente en un escalón inferior al de unas relaciones diplomáticas completas. Desde la recuperación de los vínculos en diciembre de 2020, ambos países habían operado fundamentalmente mediante oficinas de enlace en Rabat y Tel Aviv. La transformación de esas misiones en embajadas y el nombramiento de embajadores supone institucionalizar una relación bilateral que ha ido ampliándose durante los últimos años pese a las sucesivas crisis de Oriente Próximo.

Una relación que ha resistido a la guerra de Gaza

El nuevo paso resulta especialmente significativo por el momento en el que llega. La ofensiva israelí iniciada después de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 alteró profundamente el clima político alrededor de la normalización con Israel en buena parte del mundo árabe. Marruecos no fue una excepción. Las conexiones aéreas directas entre Casablanca y Tel Aviv llegaron a suspenderse después del estallido de la guerra y las movilizaciones en apoyo de Palestina han acompañado durante estos años el debate sobre las relaciones con Israel.

Los datos disponibles permiten medir parte de esa distancia entre la estrategia del Gobierno marroquí y la opinión de una parte importante de su población. Antes de la guerra de Gaza, una encuesta de Arab Barometer ya mostraba que solo alrededor de tres de cada diez marroquíes respaldaban la normalización con Israel. Después del 7 de octubre de 2023 ese apoyo descendió todavía más: pasó del 31% registrado en 2022 al 13% en las encuestas realizadas después del comienzo de la guerra.

La percepción de Israel también sigue condicionada por la situación palestina. Datos de Arab Barometer publicados en 2026 indican que el 63% de los marroquíes consultados consideraba la ocupación israelí de los territorios palestinos una amenaza crítica, un porcentaje inferior al registrado en otros países árabes estudiados, pero todavía claramente mayoritario. Ese contexto hace especialmente relevante que Rabat no haya optado por congelar el proceso iniciado en 2020, sino por elevar ahora la relación diplomática a su máximo nivel.

La posición oficial marroquí mantiene, al mismo tiempo, el respaldo a una solución de dos Estados para israelíes y palestinos. Esa postura ha permitido a Rabat combinar su relación con Israel con un discurso favorable al establecimiento de un Estado palestino, mientras participa también en iniciativas internacionales relacionadas con Gaza. En julio de este mismo año, Marruecos firmó su incorporación a la Fuerza Internacional de Estabilización para Gaza, según informó entonces Reuters, con participación prevista de personal militar, policial y sanitario.

Washington vuelve a ejercer de puente

Estados Unidos continúa ocupando una posición central en la relación entre Marruecos e Israel. El encuentro de Nueva York fue trilateral, con Mike Waltz como anfitrión junto a Bourita y Sa’ar, y se celebró prácticamente coincidiendo con el sexto aniversario de los Acuerdos de Abraham impulsados durante el primer mandato de Donald Trump. Washington vuelve así a desempeñar el mismo papel de intermediario que tuvo en el restablecimiento de las relaciones entre Rabat y Tel Aviv en diciembre de 2020.

Aquella normalización se produjo dentro de una operación diplomática de mayor alcance. Marruecos se incorporó al proceso de los Acuerdos de Abraham y Estados Unidos reconoció paralelamente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, una decisión que modificó sustancialmente el tablero diplomático en torno a un territorio cuyo estatus continúa siendo objeto de disputa internacional. Desde entonces, la relación con Israel se ha convertido en una de las piezas de la estrategia exterior de Rabat, junto a su estrecha asociación con Washington.

La presencia estadounidense en Nueva York permite entender también que el acuerdo no se limita a una iniciativa bilateral. El comunicado difundido después de la reunión defendió que el establecimiento de unas relaciones diplomáticas completas y amistosas entre ambos países responde a sus intereses comunes y contribuiría a la paz regional. Rabat y Tel Aviv acordaron además reforzar la cooperación económica, recuperar los vuelos operados por compañías de los dos países y acelerar unas relaciones que durante los últimos años habían avanzado de manera desigual.

Por parte israelí, Gideon Sa’ar agradeció públicamente el papel desempeñado por Marruecos desde la firma de los Acuerdos de Abraham y destacó la relación histórica entre las comunidades judía y marroquí. El ministro israelí expresó también su reconocimiento al rey Mohamed VI y a Donald Trump por su participación en el acercamiento entre ambos países. Las declaraciones reflejan el valor estratégico que Israel concede a Marruecos dentro del proceso de normalización con países árabes iniciado en 2020.

De la normalización a las embajadas

El acuerdo de Nueva York supone, por tanto, cerrar una etapa iniciada en diciembre de 2020 y abrir otra de relaciones diplomáticas plenas. Lo que comenzó con la reapertura de oficinas de enlace avanzará ahora hacia embajadas, embajadores, más conexiones aéreas y nuevos instrumentos para favorecer los intercambios económicos y las inversiones. Marruecos e Israel pretenden completar parte de esos compromisos antes de que termine 2026.

El salto diplomático también confirma que Rabat ha decidido preservar su relación estratégica con Israel frente a las consecuencias políticas de la guerra de Gaza. La caída del apoyo ciudadano a la normalización evidencia que esa política exterior no cuenta con un respaldo social comparable al compromiso mostrado por el Gobierno marroquí. Pero seis años después del acuerdo auspiciado por Washington, Marruecos no solo mantiene abiertos los canales creados entonces: ha decidido elevarlos al rango más alto de representación diplomática.

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