María Corina Machado ha puesto el broche a su gira española con una entrevista en esRadio junto a Federico Jiménez Losantos, culminando así una agenda marcada por su cercanía con los referentes de la derecha y la extrema derecha españolas. La líder opositora venezolana, que durante su estancia en Madrid se dejó ver con Isabel Díaz Ayuso, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, eligió cerrar su paso por España arropada por uno de los comunicadores más combativos del ecosistema conservador.
El gesto no es menor, porque la visita de Machado ha estado atravesada por el choque abierto que mantiene con el Gobierno de Pedro Sánchez. La dirigente venezolana ha evitado cualquier encuentro con el Ejecutivo y ha preferido vincular su paso por España a una ofensiva ideológica claramente escorada a la derecha, algo que el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, afeó públicamente al reprocharle que se presentara como una dirigente de referencia para todos los venezolanos mientras solo se reunía con “una parte del espectro político”. De hecho, el Gobierno le había ofrecido incluso cobijo en la embajada española en Caracas y la posibilidad de mantener contactos institucionales durante su visita.
La tensión viene de más lejos. Machado y su entorno llevan tiempo cuestionando la actitud del Gobierno español ante el chavismo y, en especial, el papel de José Luis Rodríguez Zapatero, al que consideran un sostén político de la estrategia de legitimación del régimen venezolano. Esa desconfianza hacia La Moncloa explica que su viaje haya sido leído también como una enmienda política a Sánchez, a quien la oposición venezolana más dura reprocha tibieza frente al chavismo.
Su comparecencia final con Jiménez Losantos encaja plenamente en esa hoja de ruta. No solo porque el locutor representa una de las voces más beligerantes contra la izquierda española, sino porque la imagen refuerza la lectura de una visita diseñada para consolidar alianzas con la derecha política, mediática y empresarial. Durante su estancia en Madrid, Machado defendió además ante empresarios un programa de fuerte sesgo liberal, con propuestas como la “privatización total” de la petrolera estatal PDVSA, en un mensaje alineado con el auditorio conservador que la ha recibido en España.
La derecha española hace de anfitriona
El paso de María Corina Machado por Madrid dejó una imagen muy definida: la de una dirigente recibida y arropada casi en exclusiva por la derecha española. Alberto Núñez Feijóo la recibió en plena ofensiva del PP contra la política exterior de Pedro Sánchez hacia Venezuela y avaló, además, su decisión de no mantener ningún encuentro con el presidente del Gobierno. El líder popular presentó ese desaire a Moncloa como un gesto “coherente”, reforzando así la lectura de que la visita de Machado también operaba como un mensaje interno contra el Ejecutivo español.
Con Isabel Díaz Ayuso, el respaldo fue aún más visible y escenográfico. La presidenta madrileña le entregó la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid en la Real Casa de Correos y aprovechó el acto para cargar contra Sánchez, ligando la defensa de Machado a su propia batalla política contra La Moncloa. Ayuso convirtió así la recepción institucional en un acto de alto voltaje ideológico, presentando a la opositora venezolana como símbolo de libertad frente a un Gobierno español al que la derecha acusa de contemporizar con el chavismo.
El encuentro con Santiago Abascal terminó de completar esa foto de bloque. El líder de Vox la recibió en la Fundación Disenso, la definió como una “referente internacional de la libertad” y utilizó su presencia para volver a atacar a Sánchez y a quienes, a juicio de la ultraderecha, serían “cómplices” de Maduro. Con Feijóo, Ayuso y Abascal como anfitriones sucesivos, Machado cerró en España una agenda que no buscaba aparentar transversalidad, sino consolidar su alianza con el espacio político y mediático de la derecha más dura.