Los procesos electorales británicos están dejando un mensaje claro: nadie es inagotable ni insustituible. El exalcalde de Manchester, Andy Burnham, ha cosechado una victoria muy contundente en la elección parcial de Makerfield celebrada este jueves, lo que ha abierto una nueva veda entre los medios británicos y entre los diputados laboristas: el convencimiento de que solamente él puede ser primer ministro y que la figura de Keir Starmer ha caducado. Por ende, ahora las pesquisas se centran en cómo y cuándo se dará un relevo del que ya nadie tiene atisbo de duda.

A pesar de que se trataba de unas elecciones pequeñas, con menos de 76.000 censados de los que apenas votó el 50%, el triunfo de Burnham ha sido tan contundente que ha convencido plenamente a sus compañeros de que su figura es clave para frenar a la ultraderecha. El candidato laborista obtuvo casi 25.000 votos, más que la suma del resto de partidos juntos, y aventajando significativamente a los 19.000 logrados conjuntamente por los dos partidos de la derecha extrema, Reform UK (la formación del polémico líder euroescéptico Nigel Farage) y su escisión, Restore Britain. Cabe destacar, además, que Burnham ya tiene, gracias a los resultados, el indispensable escaño en el Parlamento si desea participar en cualquier batalla para liderar la formación laborista. El exalcalde de Manchester cuenta internamente con los apoyos suficientes para impulsar unas primarias, pero el proceso será arduo.

Burnham necesitará una estrategia milimétrica si quiere ser primer ministro y entrar en Downing Street y evitar, así, que el Partido se meta en una suerte de guerra civil. Dependerá de que tenga ciertos factores a su favor, como la buena voluntad de Starmer a renunciar. Hay un consenso general en la principal formación británica de izquierdas en reclamar al actual líder que se marche, presente un calendario de retirada y facilite el relevo, pero eso, de momento, no está entre sus planes: ya ha comunicado que dará la batalla antes de marcharse.

Starmer se aferra al liderazgo

"Fui elegido para servir a mi país con un claro mandato para el cambio en las elecciones generales de hace dos años, y estoy llevando a cabo ese mandato", han sido las palabras de Starmer apenas unas horas después de que se conociera la contundente victoria de Burnham. "Ahora mismo nadie ha activado el mecanismo de desafío del liderazgo (en referencia a las primarias de la formación), pero ya he dicho en muchas ocasiones que no creo que sea una buena idea, porque sumirá al país en el caos. Pero si se activa, claro que competiré. No pienso huir de mis responsabilidades como primer ministro", señalaba Starmer, con una actitud que no anticipa que vaya a poner sencilla la cesión del testigo. Burnham, por contra, ha hecho ya varias intervenciones públicas en las que parece tener claro que su destino no se limita a ocupar un escaño parlamentario, sino que sus planes son mucho más grandes. El tono era el equivalente de alguien que ya se sabe heredero del Gobierno. 

"Todo el mundo sabe que este país no está funcionando como debiera. Todo el mundo sabe que el Reino Unido no está donde debería estar. Esta noche puede ser el punto de inflexión. A partir de ahora, haré todo lo posible por que el nombre de Makerfield sea siempre sinónimo de la idea de lograr el cambio que el país necesita y de la idea de recuperar algo que habíamos perdido: la esperanza en el futuro. A mi partido le digo: esta es nuestra última oportunidad para traer el cambio. Eso me han dicho los votantes en las cientos de puertas a las que he llamado estos días. Debemos escucharlos y hacerlo bien. No habrá una segunda oportunidad", exclamaba en las celebraciones de su triunfo.

El objetivo de Burnham se acentúa este fin de semana. En primer lugar, deberá postularse como un relevo sólido a Starmer y convencer al resto de aspirantes de la validez de su perfil, entre los que se encuentran Wes Streeting o Al Carns, exministro de Justicia y exsecretario de Estado de las Fuerzas Armadas, respectivamente. Los dos citados han expresado su deseo de relevar a Starmer, y Burnham tendrá por delante la tarea de convencerles de que su nombramiento será más beneficioso para el partido que el de sus propios rivales. Su victoria en Makerfield es un elemento que juega muy a su favor, quizá, hasta el punto de anular las opciones de cualquier otro aspirante a los ojos de las bases laboristas. Y en segundo lugar, convencer personalmente a Starmer para que inicie los procesos de sucesión de manera pactada, ordenada y sin agonía. Viendo la actitud que ha mantenido el todavía primer ministro, este punto se antoja complicado.

Un centenar de diputados laboristas piden a Starmer que se vaya

Casi un centenar de diputados laboristas han reclamado públicamente a Starmer que abandone sus responsaiblidades, especialmente desde el descalabro electoral de hace un mes y medio en las elecciones municipales de Inglaterra y autonómicas de Escocia y Gales. "Está muy claro que Starmer no puede ser el candidato de este partido en unas próximas elecciones. Debe reflexionar sobre lo que es mejor para el interés del país y del partido", señalaba ante los micrófonos de la BBC la exministra de Transportes Louise Haigh, representante de la parte más izquierdista del laborismo y apoyo claro de Burnham en las últimas semanas.

A veces, los efectos dominó traen consigo cambios significativos. El primer movimiento se producía este viernes, cuando la ministra de Transportes, Heidi Alexander, hablaba en privado con el primer ministro para transmitirle el secreto a voces de que es necesario preparar un calendario para su marcha. Aquella charla dejaba entrever que se verían otras similares con otros miembros del Gobierno de Starmer en los días venideros. El triunfo de Burnham, a su vez, ha dado una dimensión de urgencia a la crisis interna del laborismo, que clama por un nuevo líder ante la debilidad de Starmer y los mínimos en los que se encuentra su popularidad.

"Starmer pasará a la historia como una figura política monumental, pero todo tiene su final, y hoy necesitamos la transición hacia algo nuevo. No hemos sido capaces de adoptar con decisión y urgencia los cambios prometidos, y es lo que han reclamado los votantes", sintetizaba el diputado Patrick Hurley, agradecido con el primer ministro al recordar que fue él quien sacó del poder a los conservadores después de catorce años, pero incidiendo en la necesidad de un cambio.

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio

 

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora