La guerra en Irán entra en una nueva fase de incertidumbre tras los últimos movimientos contradictorios de sus principales actores. Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciaba una pausa de cinco días en los ataques contra infraestructuras energéticas iraníes para favorecer una posible negociación, Israel ha continuado con su ofensiva y ha lanzado una nueva ola de bombardeos sobre Teherán.

El Ejército israelí ha confirmado ataques contra “objetivos del régimen iraní” en la capital durante la madrugada, en una operación que se produjo apenas horas después del anuncio de Washington. La falta de una reacción oficial por parte del Gobierno de Benjamín Netanyahu ante la tregua propuesta por Estados Unidos refuerza la percepción de que Israel mantiene su propia hoja de ruta militar, incluso cuando su principal aliado apuesta por abrir un canal diplomático.

Por su parte, Trump ha asegurado que las conversaciones con Irán han sido “muy sólidas” y que existen “importantes puntos de acuerdo” para una posible resolución del conflicto. Según el presidente estadounidense, ha sido Teherán quien ha iniciado el contacto, aunque el régimen iraní lo niega y sostiene que la supuesta retirada estadounidense responde en realidad a sus propias amenazas militares. Fuentes oficiales han sostenido que las declaraciones de Trump forman parte de una estrategia de presión y han asegurado que la decisión estadounidense de aplazar los ataques responde en realidad a la “amenaza creíble” de una respuesta militar iraní. Entre esas amenazas, Teherán ha mencionado posibles ataques a infraestructuras energéticas en la región y el minado del golfo Pérsico, un punto clave para el comercio mundial de petróleo.

La contradicción entre ambas versiones refleja la opacidad que rodea los contactos diplomáticos. Mientras Washington insiste en que las negociaciones avanzan, Teherán habla de “guerra psicológica” y niega cualquier diálogo. Aun así, el anuncio de la pausa por parte de Washington ha tenido un impacto inmediato en los mercados internacionales: el precio del petróleo ha caído más de un 10% y las bolsas, que registraban fuertes pérdidas, han reaccionado con subidas ante la expectativa de una desescalada.

El papel fundamental de Israel

En este contexto, la actuación de Israel ha introducido un elemento adicional de incertidumbre. El Gobierno de Benjamín Netanyahu no ha emitido una valoración oficial sobre la tregua propuesta por Estados Unidos, aunque distintos medios israelíes han señalado que el Ejecutivo estaba al tanto de los contactos previos entre Washington y Teherán. Pese a ello, la continuidad de los ataques sugiere que Israel mantiene sus propios objetivos estratégicos, centrados en debilitar el programa militar iraní y, en última instancia, provocar un cambio de régimen.

Esta autonomía en la toma de decisiones militares, incluso cuando su principal aliado impulsa una vía negociadora, no es nueva, pero vuelve a quedar patente en el desarrollo del conflicto. Israel ha intensificado su discurso en torno a los logros militares alcanzados, especialmente en relación con el programa balístico iraní, y ha dejado entrever que sus operaciones podrían prolongarse más allá de cualquier eventual acuerdo entre Washington y Teherán.

Sobre el terreno, las consecuencias humanitarias siguen agravándose. Las autoridades iraníes han elevado a más de 1.500 los muertos desde el inicio de la ofensiva conjunta de Israel y Estados Unidos, incluidos al menos 210 menores. Organizaciones independientes sitúan la cifra de fallecidos por encima de los 3.000. En los últimos ataques, al menos tres miembros de una misma familia murieron tras el impacto de un misil en su vivienda en la localidad de Ramsar, en el norte de Irán.

Al mismo tiempo, Israel mantiene operaciones en otros frentes regionales. En el sur de Líbano, sus fuerzas han intensificado las acciones contra Hezbolá, incluyendo bombardeos y operaciones terrestres, así como la destrucción de infraestructuras clave como puentes para aislar determinadas zonas. Algunos miembros del Gobierno israelí han llegado a plantear abiertamente la posibilidad de ampliar el control territorial en la región, lo que sugiere una estrategia más amplia que trasciende el conflicto directo con Irán.

La guerra entra así en su cuarta semana sin una perspectiva clara de resolución. Mientras Estados Unidos insiste en la posibilidad de un acuerdo que ponga fin a las hostilidades y evite el desarrollo de armas nucleares por parte de Irán, la continuidad de los ataques sobre el terreno, especialmente por parte de Israel, pone en cuestión la viabilidad de esa vía diplomática.

En este escenario, la tregua anunciada por Washington queda, por ahora, debilitada antes incluso de materializarse. La falta de coordinación efectiva entre aliados y la persistencia de los enfrentamientos directos reflejan la complejidad de un conflicto en el que los intereses estratégicos de cada actor siguen pesando más que los intentos de desescalada.

Súmate a

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio