La tensión entre Estados Unidos e Irán vuelve a subir varios grados. El estrecho de Ormuz, una de las arterias marítimas más importantes para el comercio energético mundial, se ha convertido nuevamente en escenario de una peligrosa cadena de ataques y represalias que amenaza con desbordar el conflicto en Oriente Medio.

La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán ha anunciado este domingo que sus fuerzas navales habían atacado un vehículo de superficie no tripulado (USV) perteneciente al Ejército estadounidense mientras navegaba por el estrecho. Según Teherán, la embarcación intentaba acceder a una zona que Irán considera protegida y bajo su control.

"Las heroicas fuerzas navales del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica atacaron un vehículo de superficie no tripulado perteneciente al ejército estadounidense que intentaba entrar en la zona protegida del estrecho de Ormuz", ha apuntado la Guardia Revolucionaria en un comunicado oficial.

Con esta nueva acción, la República Islámica asegura haber elevado a siete el número de embarcaciones estadounidenses atacadas durante las últimas 24 horas, en respuesta a una ofensiva lanzada por Washington contra tres petroleros vinculados a Irán.

Cualquier movimiento enemigo recibirá una respuesta contundente”, ha advertido la Guardia Revolucionaria en un comunicado en el que ha vuelto a presentar sus operaciones como una respuesta defensiva frente a las acciones estadounidenses.

El episodio es la última pieza de una escalada que comenzó a tomar fuerza el sábado, cuando el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) anunció que había inutilizado o destruido tres buques cisterna iraníes. Uno de ellos terminó hundido en el golfo de Omán, según confirmó el propio mando militar estadounidense.

Washington sostiene que los petroleros formaban parte de una red clandestina de financiación valorada en miles de millones de dólares que, según Estados Unidos, proporciona recursos al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y a grupos aliados de Teherán en la región.

Irán, por su parte, niega cualquier legitimidad a esas operaciones y ha respondido golpeando embarcaciones que considera vinculadas a Estados Unidos. Los medios estatales iraníes informaron de ataques contra seis barcos durante el sábado: tres petroleros que atravesaban el estrecho de Ormuz por rutas consideradas “no autorizadas” y otros tres buques relacionados con intereses estadounidenses en distintas zonas.

La sucesión de ataques dibuja un escenario especialmente delicado. En estas aguas, cada movimiento militar tiene consecuencias que van mucho más allá de los barcos alcanzados. Por el estrecho de Ormuz circulaba antes de la guerra aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y una proporción significativa del gas natural licuado. Su bloqueo o incluso una reducción prolongada del tráfico puede repercutir directamente en los precios de la energía y, con ellos, en los bolsillos de millones de personas.

Una batalla por una de las rutas más importantes del mundo

Para Irán, el estrecho representa mucho más que una vía marítima. Es una herramienta estratégica con la que puede ejercer presión sobre sus adversarios y sobre el mercado energético internacional. Desde el inicio de la guerra, Teherán ha insistido en que mantendrá cierto grado de control sobre el paso marítimo y ha atacado anteriormente embarcaciones que intentaban utilizar rutas alternativas por aguas omaníes.

Estados Unidos sostiene, sin embargo, que el estrecho permanece abierto. Sus fuerzas militares han colaborado con buques comerciales para facilitar su navegación por la ruta meridional, una alternativa que Irán no considera legítima en determinadas circunstancias.

Mientras tanto, la retórica de ambos gobiernos se endurece. El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, había advertido en redes sociales que si Irán disparaba contra buques estadounidenses, Washington destruiría y hundiría sus petroleros. Horas después, la Guardia Revolucionaria respondía con una advertencia similar: cualquier nueva acción enemiga recibiría una represalia.

La escalada llega además después de varios meses de enfrentamientos intermitentes. El alto el fuego de 60 días entre Estados Unidos e Irán expiró formalmente el mes pasado sin que las partes alcanzaran un nuevo acuerdo. Desde entonces, las posibilidades de una salida diplomática parecen cada vez más lejanas.

La actual fase del conflicto comenzó a finales de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una serie de ataques de gran alcance contra Irán. Teherán respondió atacando objetivos israelíes, bases estadounidenses y países aliados de Washington en el Golfo. El estrecho de Ormuz quedó prácticamente cerrado al tráfico marítimo.

Desde entonces, el conflicto ha dejado de ser únicamente una confrontación militar entre dos países y se ha transformado también en una batalla económica. Los precios de la energía han aumentado en los mercados internacionales y Estados Unidos comienza a sentir el impacto en el coste del transporte y de los combustibles.

El viernes, el precio medio del galón de diésel en Estados Unidos alcanzó los 5,85 dólares, frente a los 3,71 dólares registrados un año antes. Una diferencia que puede parecer puramente económica sobre el papel, pero que se traduce en facturas más elevadas para transportistas, empresas y familias.

Y ahí aparece una de las mayores preocupaciones para Washington. El presidente Donald Trump ha intentado restar importancia al conflicto, calificándolo de “asunto menor” y evitando referirse a los enfrentamientos como una guerra. Sin embargo, el incremento del precio de los combustibles amenaza con convertir una crisis geopolítica en un problema cotidiano para los ciudadanos estadounidenses, especialmente a medida que se acercan las elecciones legislativas de mitad de mandato previstas para noviembre.

Trump aseguró el viernes que los enfrentamientos eran “intermitentes” y que el conflicto no constituía una guerra. Pero las imágenes de petroleros atacados, las advertencias militares y el cierre de facto de una de las principales rutas energéticas del planeta cuentan una historia mucho más inquietante.

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