Un intermediario en bolsa del secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, intentó explorar una inversión multimillonaria en el sector armamentístico pocas semanas antes de que arrancará la ofensiva de Estados Unidos e Israel sobre Irán. Así lo apunta el Financial Times, que señala que esta operación económica, la cual finalmente no se materializó, ha abierto interrogantes sobre posibles conflictos de interés en el seno del Gobierno de Donald Trump.
De acuerdo con tres fuentes consultadas por el periódico británico, el corredor de bolsa de Hegseth en Morgan Stanley habría contactado en febrero con BlackRock para estudiar la posibilidad de invertir en el fondo cotizado Defense Industrials Active ETF, que cotiza bajo las siglas IDEF. Este vehículo financiero está centrado en empresas que se benefician del aumento del gasto público en defensa, un asunto al alza ante el actual contexto de creciente tensión geopolítica.
Entre las principales participaciones del fondo figuran gigantes del sector como Lockheed Martin, Northrop Grumman y RTX, todas ellas con estrechos vínculos con el Departamento de Defensa estadounidense. También incluye a Palantir, conocida por sus contratos con agencias de seguridad.
La consulta, realizada en nombre de un cliente de alto perfil, fue señalada, según apuntan las fuentes del Financial Times, internamente dentro de BlackRock. Sin embargo, la operación no llegó a ejecutarse debido a que el fondo no estaba aún disponible para clientes de Morgan Stanley en ese momento.
Tras la publicarse esta la información, el Financial Times ha señalado que el Pentágono ha negado rotundamente cualquier posible implicación en esta operación de inversión que no llegó a materializarse. Sean Parnell, portavoz principal, aseguró que la acusación es “totalmente falsa y fabricada” y que ni Hegseth ni sus representantes contactaron con BlackRock. Tanto el fondo de inversión como Morgan Stanley declinaron hacer comentarios.
El episodio resulta especialmente delicado dado que Hegseth ha sido uno de los principales impulsores de la ofensiva contra Irán dentro de la administración Trump. Su papel activo en la estrategia militar contrasta con el intento de inversión en un sector directamente beneficiado por la escalada bélica.
Aunque la operación frustrada pudo evitar pérdidas, ya que el fondo ha caído cerca de un 13% en el último mes, el simple hecho de que se planteara en ese contexto ha generado inquietud en los mercados y entre analistas. En un momento de máxima vigilancia sobre movimientos financieros vinculados a decisiones políticas, el caso añade presión sobre la transparencia en la cúpula de defensa estadounidense.
Las sospechas de operaciones anticipadas sacuden la confianza en los mercados
Las dudas sobre posibles movimientos financieros adelantados a decisiones políticas de Washington no se limitan al posible caso vinculado al entorno de Pete Hegseth. En los mercados internacionales empieza a consolidarse una inquietud más amplia, siendo la sospecha de que determinadas operaciones de gran volumen se ejecutan minutos antes de anuncios oficiales con capacidad para alterar de forma inmediata el precio del petróleo, las bolsas o el gas.
Uno de los episodios más recientes ha reavivado estas sospechas. Apenas quince minutos antes de que Donald Trump publicara un mensaje en el que hablaba de conversaciones “productivas” con Irán, se registró un movimiento significativo en los mercados de crudo. En apenas un minuto se negociaron alrededor de 6.200 contratos de futuros sobre Brent y West Texas Intermediate, por un valor estimado de unos 580 millones de dólares. No había datos macroeconómicos previstos ni eventos relevantes que justificaran ese volumen en ese momento concreto.
La reacción del mercado tras el mensaje de Trump fue inmediata, ya que el precio del petróleo cayó con fuerza, mientras los futuros bursátiles subían. Muchos inversores interpretaron las palabras del presidente como una señal de posible desescalada del conflicto con Teherán. Sin embargo, lo que ha llamado la atención de analistas y fondos no es tanto la reacción posterior, concebida coherente con el contenido del mensaje, como la precisión temporal de las operaciones previas.
Varios gestores consultados por el Financial Times admiten que, aunque no existen pruebas concluyentes de uso de información privilegiada, resulta difícil ignorar la coincidencia. Algunos hablan de movimientos “anormales”, especialmente por producirse en una franja horaria sin catalizadores evidentes. La sospecha no se basa en un único episodio, sino en la percepción de que situaciones similares se han repetido en los últimos meses.
De hecho, el fenómeno se extiende más allá del petróleo. El diario británico recoge también apuestas especialmente acertadas en plataformas como Polymarket relacionadas con decisiones militares de Estados Unidos en escenarios como Irán o Venezuela. Este patrón ha alimentado la sensación de que ciertos actores del mercado podrían estar operando con una ventaja informativa difícil de explicar únicamente por intuición o análisis.
Desde la Casa Blanca se rechaza cualquier insinuación de irregularidad. Fuentes oficiales insisten en que sugerir lucro ilegal sin pruebas es irresponsable. Sin embargo, estas negativas no han logrado disipar del todo el malestar creciente entre inversores y analistas.