Tras diez horas de arresto en la comisaría de Aylsham en Norfolk, al este de Inglaterra, el expríncipe Andrés Mountbatten Windsor, volvió a ser un hombre libre. Sucedió alrededor de las 20.30 horas de la tarde del pasado jueves, cuando el hermano del rey Carlos III terminó de prestar declaración y quedarse a la espera de los siguientes movimientos que ordene la justicia británica. El hijo de Isabel II fue detenido el día de su 66º cumpleaños en su casa de Wood Farm, donde reside tras ser desalojado de forma inminente de su mansión de Royal Lodge, bajo “sospecha de mala conducta de un cargo público” por revelar información confidencial al fallecido pederasta Jeffrey Epstein.

Fue entonces en ese momento cuando se produjo la ya icónica (y que sin duda será recordara en un futuro como parte de todo este proceso) fotografía que ha dado la vuelta al mundo y hay ocupado la portada de la mayoría de los medios: el expríncipe Andrés en un vehículo, medio tumbado, con los dedos entrelazados, "como en señal de oración o de protección", según indica la BBC, y con rostro conmocionado, incrédulo y angustiado. Por si quedasen dudas, en palabras de la que fuera secretaria de prensa de Isabel II, Ailsa Anderson a la BBC, el expríncipe "parecía aturdido, parecía conmocionado, estaba encorvado", es decir, parece estar intentando procesar una realidad que, hasta hace poco, resultaba imposible.

La llamada de la verdad

La imagen que ha corrido como pólvora entre los medios de comunicación y que hoy encabeza portadas en medio mundo fue captada la noche del jueves por Phil Noble, fotógrafo senior de Reuters. 

“Por la mañana nos llega la noticia de última hora: el expríncipe Andrés ha sido arrestado”, ha contado Noble. El senior de Reuters se encontraba en el norte de Inglaterra, a más de cuatro horas y media en coche de Norfolk. El despliegue fue inmediato: equipos distribuidos por una veintena de comisarías del condado, llamadas cruzadas, planificación sobre la marcha. A Noble le tocó la de Aylsham. Se subió al coche y condujo durante horas desde Manchester sin tener la certeza de que aquel fuera el lugar correcto.

Al llegar, apenas había movimiento. “Solo un par de periodistas más”, ha recordado. Las horas pasaron y la luz cayó. Nada hacía pensar que el interrogatorio estuviera produciéndose allí. El equipo decidió reservar hotel; la comisaría quedaba a más de una hora. Noble hizo las maletas y se marchó. Fue entonces cuando sonó el teléfono.

Una compañera le alertó de que dos coches acababan de llegar. “Creo que deberías volver”, le dijo. El inglés dio la vuelta. Apenas un minuto después de llegar, las persianas del garaje se abrieron. “Salieron dos coches. Y en uno de ellos estaba él”, ha relatado.

Disparó seis veces. Dos imágenes mostraban a agentes; otras dos quedaron inservibles; una salió desenfocada. Pero una capturó el momento exacto: el rostro de Andrés tras el cristal. No hay artificio ni encuadre épico, iluminado por los focos y por el flash. Es una escena nocturna, cruda, casi incómoda.

El propio fotógrafo lo ha explicado: “¿Es la mejor foto que he hecho? No. Es un hombre fotografiado de noche a través de un parabrisas”. Y, sin embargo, ha zanjado que es “una de las más importantes, al cien por cien”. En su reflexión hay una distinción clara entre valor artístico e impacto informativo. En el periodismo -ha dicho- “no es una ciencia exacta”: las mejores fotos no siempre son las más noticiosas.

Noble ha reconocido que todavía está impactado por la dimensión que ha alcanzado la imagen. “Es muy raro que un solo fotógrafo o un medio capture un momento tan importante”, ha asegurado. En una época en la que “todos somos fotógrafos” y las redes sociales multiplican las cámaras, considera casi excepcional que una sola instantánea concentre la atención global. “Es un poco surrealista”, ha admitido.

Súmate a

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio