La guerra en Irán dispara el euríbor hasta cerca del 3%. Hasta el momento, el indicador hipotecario había encontrado incluso la posibilidad de situarse por debajo del 2%, pero la entrada de Estados Unidos e Israel en el país asiático ha provocado que esa cifra sea poco menos que un espejismo.

La escalada bélica ha supuesto un fuerte daño tanto a las personas hipotecadas a tipo variable como a aquellas que tienen previsto endeudarse próximamente. El Banco Central Europeo (BCE) podría subir los tipos de interés varias veces a lo largo del año para contener los efectos de la inflación; una subida de precio que ya se ha dejado notar en la gasolina y el diésel, o en la electricidad.

Mes negro

De las 17 sesiones del mes de marzo, en 14 de ellas el euríbor ha subido. Después de la reunión del BCE el ascenso del indicador ha sido particularmente agresivo. El pasado jueves, se encontraba en el 2,524%; pero este porcentaje era el menor de lo que se venía después, hasta alcanzar el 2,029% en las últimas horas.

Se rompe de esta manera la dinámica de estabilidad en este sentido, en la que se comprendía que, gracias a una inflación bajo control el mercado daba por hecho que el BCE no necesitaría hacer ningún movimiento. No obstante, el escenario actual no hace sino prever que el Banco tendrá que actuar, lo que deja al euríbor en unos niveles que no se apreciaban desde hace año y medio.

Las consecuencias a corto plazo serán, principalmente, que quienes vean revisada su cuota al acabar el mes pagarán más, algo que no pasa desde marzo de 2024, cuando los hipotecados a tipo variable con revisión anual sufrieron encarecimientos. Ahora, se repetirá esa situación, casi con total seguridad.

El problema vendrá dado, no solo a las personas que ya tienen una hipoteca, sino también a quienes tienen pensado pedirla, dado que la banca ofrece condiciones menos ventajosas cuando el euríbor sube. La matemática provoca también la factura en intereses y dificulta el acceso a un préstamo en un ámbito, el de la vivienda, ya de por sí extremadamente complicado.

Evidentemente, esto no solo afecta a la hipoteca, sino que los efectos también se trasladan a la economía real; la del día a día, pues supone menos dinero para gastar en ocio y restauración, lo que provoca otras consecuencias tanto para el consumidor como para las personas que trabajan de ello y las empresas que tienen el negocio. Además, no escapa que este sector siempre se ha erigido como fundamental, pero más si cabe en los últimos años.

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