Cuando todo parece hundirse no es bueno obsesionarse con los detalles o las pequeñeces, no es hora de descubrir más problemas, sino afrontar los que tenemos con realismo y conforme a nuestros valores.

He escrito mucho sobre Europa a la que también considero mi patria, y releyendo encuentro que el 24 de abril de 2020, recluidos por la pandemia del Covid,  mencionaba que El País del día traía una frase pronunciada por la entonces canciller, Angela Merkel: "Las cosas solo pueden ir bien para Alemania, si van bien para Europa", y yo añadía, parafraseando a Ortega:  "Porque Europa siempre es la solución aunque haya que trabajarla a fondo y superar muchas cosas. Por eso, cuando todo parece anunciar que el mundo se desploma la solución es... ¡Más Europa!, y el que crea que hay otra salida mejor que tenga la bondad de explicarlo; para mí el bien supremo es la paz y nunca antes los países europeos hemos disfrutado de tantos años sin conflictos bélicos, si exceptuamos el drama de los Balcanes, como los 75 años transcurridos desde el fin de la II Guerra mundial y además alcanzando unas altas cotas de bienestar colectivo ".

Desde entonces, han ocurrido tantas cosas que parece que ha pasado un siglo, y solo han sido 6 años y 5 meses. Los desafíos que ahora experimentamos son mucho mayores que los de 2020, pues aunque pudimos superar la pandemia con la ayuda de la ciencia y la acción coordinada de la Unión Europea que evitó que se hundiera la economía, aparecieron nuevos y grandes conflictos, pues Rusia atacó a Ucrania  de nuevo en febrero de 2022 y los ciudadanos de EEUU eligieron por segunda vez a Trump, mientras silenciosamente las redes sociales y la IA cambiaban nuestras vidas  peligrosamente hasta cotas que entonces no podíamos suponer, consiguiendo sus dueños alcanzar una riqueza descomunal, transformándose en una oligarquía mundial tan poderosa que amenaza la democracia y la libertad, y lo mismo también nuestra vida como anuncian algunos agoreros.

Para los europeos del Este, Rusia es una amenaza cierta, todavía centrada en Ucrania que con nuestra ayuda ha conseguido resistir hasta ahora, pero que no cesa de provocar a países de la UE sobre todo con ataques híbridos, de momento, con el fin de tensar los sistemas de defensa, pareciera que quiera provocar un ataque que nos obligaría a intervenir al resto. Afortunadamente, y de momento, Ucrania resiste al otrora poderoso ejército rojo que no consigue ganar una guerra que creía relámpago.

Trump en dos años de locos nos ha hecho el favor de descubrir la cara menos amable del imperialismo estadounidense, pues además de no respetar las instituciones internacionales, ni las reglas del libre comercio con la imposición política de aranceles, nos falta diariamente el respeto, incluso a los líderes serviles que vergonzosamente le halagan y, en sus propias palabras, "le besan el culo" . Afortunadamente el fracaso de su ataque a Irán, que  iba a ser cosa de tres semanas, al igual que el de Putin,  ha demostrado que el ejército norteamericano, aunque sea el más poderoso del mundo, ya no es lo que era y que es muy capaz con tropas especiales de dar un golpe y matar o secuestrar a los gobernantes de otro país, pero no de cumplir las promesas "alocadas" de su presidente, que sigue amenazando a Groenlandia, a Canadá e incluso a España porque Pedro Sánchez no "le besó el culo" ni en la OTAN, ni en su guerra ilegal contra Irán y aún menos en su apoyo al genocida gobierno de Israel.

Afortunadamente la Unión Europea va reaccionando a esta nueva realidad, en la que incluyo el poder de China, con su tecnología, industria y control de las tierras raras, con la que mantenemos una balanza comercial muy deficitaria. La tragedia reciente de Ceuta ha mostrado claramente que los EEUU de Trump no son amigos de España y que ha elegido a Marruecos en su nueva estrategia para el control del Mediterráneo con un rey casi absoluto que lo halaga atizando a su autopista principal con su nombre. Lo malo no es que esto sea así, sino que fuerzas políticas de ultraderecha y derecha en Europa lo estén ayudando, demostrando su falso patriotismo, como en el caso de España.

Este miércoles 16,  Úrsula von der Leyen, en su discurso anual sobre el Estado de la Unión reconoció la gravedad de la situación en la que estamos, que Ceuta es Europa y que Canadá debe asociarse con la UE en la manera que ambas partes lo vean útil, por cierto la Cámara en pie aplaudió la presencia del premier canadiense, Mark Carney, que el jueves 17, ha leído un magnífico discurso, en la forma y en el fondo, pese a que se veía obligado a toser  a veces,  y que he disfrutado entero en directo y luego detenidamente en la grabación.  

Cuando parecía que con el gobierno de Pedro Sánchez embarbascado con lo de Ceuta, teniendo que resolver el gravísimo problema con los "patriotas" en contra de cualquier solución legal, las elecciones se hacían inminentes por la aparente soledad de nuestro presidente en un contexto de "pelotas" de Trump, viene la realidad y vuelve a colocarlo en el lado correcto de la historia, pues Carney dice lo mismo siendo un banquero liberal y en el parlamento europeo le aplauden.

Carney ha dicho: "Una economía fuerte no es un fin en sí mismo, sino un medio para conseguir una sociedad más justa", "Los valores no se defienden solos", "La libertad hay que conquistarla siempre", "No debemos dejarnos intimidar por la magnitud percibida de la tarea. De la misma manera que la dominancia es la arrogancia del hegemón, la perfección es enemigo de lo mejor", "el objetivo no es formar otro bloque para ser independientes sino la resiliencia colectiva, para crear un nuevo orden mundial más justo y abierto a otros, respetando los derechos humanos y el derecho internacional".  No me resisto a transcribir la metáfora que incluyó tras afirmar que las crisis que nos agobian son una "violenta tormenta":  "Un roble solitario puede caer en la tormenta, pero un bosque nunca, porque bajo el suelo, los árboles comparten sus raíces que se entrelazan con las de sus vecinos para nutrirse y sujetarse".

Como bien escribía Javier Cercas en 2020: "Quizá no nos merecemos una Europa unida; quizá el proyecto de una Europa unida es demasiado noble y ambicioso para nosotros. Al fin y al cabo, se trata de un experimento inédito, de una audacia política sin parangón, un grupo de viejos países dotados de lenguas, culturas, tradiciones e historias disímiles que, tras siglos de combatirse sin piedad en guerras atroces, deciden juntarse para construir un país nuevo y unido en los valores de la concordia, el bienestar y la libertad de sus ciudadanos... Demasiado bueno para ser cierto. Quizá el proyecto de una Europa unida es demasiado bueno para los europeos..."

Estoy seguro de que no hay nada mejor para Canadá y para todos nosotros, los europeos, que una Europa unida y abierta a los demás, capaz de superar con el diálogo las diferencias que día a día se presentan con el objetivo de mantener nuestros derechos y libertades en un mundo en paz.

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