China y Pakistán presentaron este martes una propuesta conjunta de cinco puntos para intentar contener la guerra en Oriente Medio, en un movimiento diplomático que sitúa el foco en un alto el fuego inmediato, la apertura de negociaciones y la protección del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores más sensibles para el comercio mundial de energía. La iniciativa fue anunciada en Pekín tras una reunión entre el ministro chino de Exteriores, Wang Yi, y el viceprimer ministro y jefe de la diplomacia paquistaní, Ishaq Dar.

El texto difundido por el Ministerio de Exteriores chino arranca con una exigencia directa: parar los ataques y evitar que la guerra siga ampliándose. A partir de ahí, plantea la necesidad de abrir conversaciones “lo antes posible” y subraya que esas negociaciones deben desarrollarse con respeto a la soberanía, la integridad territorial y la seguridad de Irán y de los países del Golfo. El documento también reclama que las partes se abstengan de recurrir a la fuerza o de amenazar con hacerlo mientras dure ese proceso.

La propuesta dedica uno de sus bloques centrales a la protección de la población civil y de las infraestructuras no militares. China y Pakistán piden detener los ataques contra instalaciones energéticas, redes eléctricas, plantas de desalinización y también contra infraestructura nuclear de uso pacífico. El texto insiste además en la necesidad de aplicar el derecho internacional humanitario y evitar daños sobre instalaciones clave para el funcionamiento cotidiano de la región.

Ormuz entra en el centro del tablero

Otro de los ejes del plan es la seguridad marítima. Pekín e Islamabad reclaman garantías para los buques y sus tripulaciones en el estrecho de Ormuz y piden restablecer cuanto antes el paso normal de embarcaciones civiles y comerciales. El documento sitúa ese corredor como una prioridad inmediata, en un momento en el que la guerra ha colocado el tráfico energético y comercial de la zona bajo máxima vigilancia internacional.

La elección de Ormuz no es menor. Por esa vía transita una parte esencial del petróleo y del gas que abastecen a los mercados internacionales, y cualquier alteración del paso tiene impacto directo en los precios de la energía y en las cadenas de suministro. En paralelo, Bahréin ha hecho circular en el Consejo de Seguridad de la ONU un borrador revisado para reforzar la seguridad del tráfico marítimo en la zona, señal de que ese punto se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la actual fase del conflicto.

La propuesta chino-paquistaní llega además mientras Pakistán intenta consolidarse como canal de mediación. Islamabad ha mantenido contactos con varios actores regionales y ha mostrado su disposición a facilitar una vía de diálogo entre Washington y Teherán. Associated Press sitúa a Pakistán entre los países que han tratado de abrir puentes diplomáticos en estas últimas semanas, junto a otras capitales de la región.

China ha respaldado de forma expresa ese papel. Según la información difundida tras la reunión de Pekín, Wang Yi expresó su apoyo a los esfuerzos diplomáticos paquistaníes y vinculó la propuesta a la necesidad de impedir una desestabilización mayor en Oriente Medio. El quinto punto del documento refuerza precisamente ese marco y reclama un papel más activo de Naciones Unidas como plataforma para una negociación más amplia apoyada en la Carta de la ONU y el derecho internacional.

El plan, en todo caso, no entra en los asuntos más espinosos que rodean a la guerra. No fija condiciones sobre el programa nuclear iraní, no aborda el levantamiento de sanciones y tampoco entra en el detalle del equilibrio militar o del futuro de los sistemas de misiles. Su diseño es más limitado: detener la escalada, proteger infraestructuras críticas, asegurar Ormuz y abrir un espacio político para hablar.

Ese planteamiento coincide con otras vías diplomáticas que siguen abiertas. En los últimos días se conoció una propuesta separada de Estados Unidos trasladada a Irán a través de Pakistán, con exigencias vinculadas al enriquecimiento de uranio, al programa de misiles y al respaldo iraní a aliados regionales. Teherán rechazó ese planteamiento en esos términos, aunque dejó abierta la puerta a la diplomacia si se modifica el enfoque. Frente a ese esquema, la iniciativa de China y Pakistán se mueve en un terreno más general y más inmediato.

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