Flávio Bolsonaro y Lula da Silva se enfrentarán en la segunda vuelta de la elecciones presidenciales de Brasil. El ultraderechista, cuyo padre (Jair Bolsonaro) se encuentra cumpliendo condena por intentar dar un golpe de Estado contra el actual presidente, se ha impuesto en el primer giro con un 47% de los votos y más de 56 millones de papeletas. Lula, líder del Partido de los Trabajadores que busca mantenerse en el cargo, ha conseguido recortar distancia conforme avanzaba el escrutinio, pero se ha detenido en el 45,1% y los casi 54 millones de votos.
En los primeros impases del recuento, Bolsonaro se ha mantenido por encima del 50%, lo que habría evitado una segunda vuelta, pero el avance del recuento y la entrada de voto rural han dado una pequeña esperanza a Lula. No obstante, parece casi imposible que el representante de izquierdas pueda revertir la situación, pues la correlación del resto de fuerzas no es favorable. No obstante, aún tendrá 20 días para intentar evitar que la extrema derecha llegue a un nuevo país de Sudamérica, continente sumido en una epidemia de populismo reaccionarios.
Bolsonaro se ha impuesto en los estados con mayor concentración de personas (Minas Gerais, Río de Janeiro y Sao Paulo) y ha conseguido colocar al resto de su familia, también a través del Partido Liberal. La exprimera dama y esposa de Jair Bolsonaro, Michelle Bolsonaro, ha sido electa como senadora por el Distrito Federal, en Brasilia, al obtener el 29% de los votos en las elecciones legislativas. Además, los hijos Carlos Bolsonaro, Jair Renan Bolsonaro y Renato Bolsonaro han sido electos como senador, miembro de la Cámara de Diputados y diputado federal, respectivamente.
“La palabra es cambio, Brasil no aguanta más”, ha trasladado el candidato. “Está decretado el fin de la era del PT", ha proclamado el aspirante, quien ha acusado a la formación progresista de dejar como único legado un "récord de mujeres asesinadas, brasileños endeudados, altos impuestos, desesperanza y empresas cerradas". Si bien es la cabeza del Partido Liberal, que ha centrado su campaña en denigrar a Da Silva, la que ya acumula escándalos y acusaciones de corrupción y relación con el crimen organizado incluso antes de tocar poder.
En esta línea, Bolsonaro ha prometido conformar un "gobierno moderno con menos ministerios" y ha lanzado una advertencia directa al Poder Judicial, ya que ha asegurado que propondrá al menos cuatro jueces para el Tribunal Supremo que "no intenten interferir en las elecciones". En esta línea, ha acusado a Lula de haber gastado "más de 350.000 millones de reales (59,7 millones de euros) para intentar vencer a la democracia". Pese a esta evidente muestra de una actitud golpista y alejada de los valores democráticos, ha asegurado que quien ansía el poder es el actual presidente.
La carrera de Lula
El presidente de Brasil ha recibido la derrota en la primera vuelta, que ninguna encuesta visualizó hasta casi los últimos minutos, como un duro golpe. Sin embargo, se ha mostrado con fuerza para pelear una segunda ronda. Lejos de mostrarse desanimado, ha ironizado señalando que "al pueblo le gusta" que dispute segundas vueltas. "Soy muy bueno en las eliminatorias, en el cara a cara", ha afirmado, definiendo esta nueva fase como "la hora de la verdad" para evidenciar las diferencias entre ambos modelos de país.
El actual presidente ha contrapuesto sus doce años de políticas de inclusión social y la experiencia de su vicepresidente, Geraldo Alckmin, gobernando el estado de Sao Paulo, frente a un rival que, a su juicio, no ofrece un horizonte prometedor. Lula ha lanzado duras acusaciones contra la "biografía tenebrosa" del entorno de su contrincante, denunciando "sospechas gravísimas" y vínculos con "el crimen organizado, los asesinatos en Río de Janeiro" y el caso de corrupción del Banco Master, advirtiendo que "todo eso quedará claro" en las próximas tres semanas.
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