Las últimas declaraciones del ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, han desatado una nueva ola de críticas internacionales por su tono belicista y por la apelación explícita a infligir un sufrimiento masivo a la población libanesa. El dirigente ultraderechista, una de las figuras más radicales del Gobierno de Benjamin Netanyahu, llegó a afirmar que “todo Líbano debe arder” y que, por cada lágrima derramada por una madre israelí, “deben llorar mil madres libanesas”.

Sus palabras han provocado una inmediata reacción del senador estadounidense Bernie Sanders, una de las voces más influyentes del ala progresista del Partido Demócrata, quien calificó esas manifestaciones de “propias de un criminal de guerra” y reclamó poner fin al apoyo económico de Washington al Ejecutivo israelí.

“Esta no es una declaración normal de un miembro del gabinete de una gran nación. Es la declaración de un criminal de guerra”, sostuvo Sanders. El senador por Vermont fue más allá al denunciar que “el Gobierno racista y extremista de Israel no merece ni un céntimo de apoyo estadounidense”.

La controversia se desencadenó después de que Ben-Gvir defendiera públicamente una respuesta mucho más contundente frente a los ataques contra Israel. El ministro sostuvo que la estrategia basada en respuestas proporcionadas y en la contención ha fracasado y reclamó una escalada sin restricciones.

Basta de ping-pong. En Oriente Medio no se gana con moderación. Hay que volverse loco. Hay que borrar y aplastar el terrorismo”, afirmó. Además, aseguró haber trasladado al primer ministro, Benjamin Netanyahu, tanto en público como en privado, la necesidad de que la represalia israelí provoque un sufrimiento masivo en el país vecino.

Las declaraciones han sido interpretadas por numerosos observadores como una apelación al castigo colectivo, una práctica prohibida por el derecho internacional humanitario. La referencia explícita a las madres libanesas y el llamamiento a incendiar todo el país han incrementado las acusaciones contra el ala ultranacionalista del Ejecutivo israelí, cuyos integrantes han protagonizado en los últimos meses múltiples polémicas por sus posiciones extremas respecto a Gaza, Cisjordania y los países vecinos.

Ben-Gvir, líder del partido Poder Judío, se ha convertido en uno de los socios indispensables de Netanyahu para mantener la actual coalición gubernamental. Su presencia en el gabinete ha sido objeto de críticas tanto dentro como fuera de Israel, especialmente por sus antecedentes judiciales y por su defensa de posiciones ultranacionalistas y supremacistas.

La intervención de Sanders evidencia, además, las crecientes fracturas dentro de Estados Unidos respecto al respaldo incondicional a Israel. Mientras la Administración estadounidense mantiene su alianza estratégica con Tel Aviv, sectores cada vez más amplios del Partido Demócrata cuestionan el apoyo militar y financiero al Gobierno de Netanyahu y reclaman condicionar la ayuda a un mayor respeto del derecho internacional.

Las palabras de Ben-Gvir vuelven a situar bajo el foco a uno de los ministros más controvertidos del Ejecutivo israelí y alimentan el debate internacional sobre los límites de la respuesta militar y el riesgo de una escalada regional cada vez más difícil de contener.

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