La nueva edición de la denominada Cumbre de Remigración ha vuelto a situar en el foco a figuras y discursos que cuestionan abiertamente la convivencia multicultural en Europa. El encuentro, que ya celebró otra edición en mayo de 2025 cerca de Milán (Italia), ha reunido de nuevo a referentes de la extrema derecha europea, entre ellos la neerlandesa Eva Vlaardingerbroek. La oradora ha insistido en mensajes identitarios que alertan sobre el supuesto declive demográfico de la población blanca. “Los europeos étnicamente blancos seremos pronto una minoría en nuestros propios países. Esto es algo que no podemos aceptar. Los africanos tienen África, los asiáticos Asia y Europa pertenece a los europeos”, ha argumentado. En este contexto, Vox ha decidido participar en el evento, alineándose con una narrativa que ha generado creciente polémica, rechazo, debate y preocupación.
La cumbre ha mantenido publicado un vídeo promocional de Vlaardingerbroek para su cita en Oporto, donde ha afirmado: “Que los blancos no tienen cultura es la mentira más estúpida que he oído”. En el mismo material, la activista ha desarrollado una defensa de Europa como “la civilización más grande que jamás haya existido”, destacando su legado artístico. “Todo es nuestro [...]. Europa, sobre todo, es nuestro hogar”, ha señalado, utilizando un “nuestro” vinculado explícitamente a la población blanca. El vídeo, difundido en Instagram por la organización, ha incorporado elementos visuales que han representado a personas no blancas con filtros rojos y escenas violentas. La pieza audiovisual ha sido interpretada por expertos como una estrategia de propaganda, polarización, identidad y exclusión.
Deriva radical
En su página web, la Cumbre de Remigración ha defendido que la inmigración ha “desintegrado nuestras naciones”. Bajo esta premisa, ha propuesto expulsar “inmigrantes indocumentados y migrantes legales perjudiciales” y ejercer presión sobre “sociedades paralelas no asimiladas” para “rearmonizar culturalmente” Europa. El discurso ha culminado con una advertencia: “Sin remigración, Europa se volverá menos europea cada día y, finalmente, dejará de existir”. En esta línea, la diputada de Vox Rocío de Meer ha escrito: “Remigración o desaparición”. Estas afirmaciones han reforzado una narrativa centrada en la amenaza, crisis, nación y control.
El componente étnico ha sido aún más explícito en redes sociales. Desde su cuenta oficial en X, la organización ha sostenido que “los musulmanes y otros inmigrantes votan según sus intereses étnicos”, lo que, según su argumento, impediría la llegada de partidos de derecha al poder. Este planteamiento ha sido criticado por simplificar fenómenos complejos y alimentar estereotipos. La cumbre ha contado también con la participación de figuras como Martin Sellner, Dries Van Langenhove y Milan Mazurek, conocido por su defensa del lema “white lifes matter”. La presencia de estos perfiles ha evidenciado una convergencia ideológica basada en la etnicidad, radicalización, discurso y movilización.
El evento no ha sido gratuito. Las entradas han oscilado entre los 45 y los 325 euros, incluyendo opciones con alojamiento y cenas exclusivas con ponentes. Más allá del coste, lo que ha generado mayor controversia ha sido el contenido ideológico. La edición anterior en Italia fue organizada por Andrea Ballarati, quien difunde la idea de un supuesto “genocidio blanco”, una tesis que ha sido repetida por varios participantes. Vlaardingerbroek ha afirmado recientemente que Europa se dirige hacia un “genocidio” de población blanca, mientras Sellner ha sostenido que Estados Unidos avanza hacia una “minoría blanca” sometida a un “genocidio progresivo”. Estas ideas han sido calificadas por expertos como parte de una narrativa conspirativa vinculada a la extrema derecha, marcada por la alarma, victimismo, ideología y radicalismo.
"Reformulación del fascismo"
Desde el ámbito académico, el investigador estadounidense Connor Mulhern ha advertido que la cumbre “se acerca mucho al límite de lo que sería ilegal”, aunque ha señalado que sus promotores utilizan una retórica calculada para evitar consecuencias penales. Mulhern ha descrito este movimiento como “una reformulación del fascismo” adaptada a la actualidad, donde el concepto de “blancura europea” sustituye a identidades nacionales tradicionales. “En lugar de defender una nación específicamente alemana o italiana, apelan a un sentido más amplio de blancura europea”, ha expresado el investigador. Según su análisis, Vlaardingerbroek actúa como un puente entre sectores radicales y espacios más aceptados dentro de la derecha, mientras Sellner desempeña un papel ideológico clave.
Organizaciones sociales también han expresado su preocupación. Miguel Araguás, de SOS Racismo, ha señalado que estos discursos suponen una “negación de la diversidad europea” y contienen elementos “abiertamente racistas”. Por su parte, Neil Datta, del Foro Parlamentario Europeo sobre Derechos Sexuales y Reproductivos, ha afirmado que las propuestas de la cumbre implican expulsar personas por su origen étnico, lo que podría afectar a millones. “Esta es la cara moderna del racismo científico y el fascismo”, ha concluido. En este escenario, la participación de Vox —y el silencio del PP— ha alimentado críticas sobre la falta de una respuesta clara frente a estas corrientes, en un contexto marcado por la tensión, derechos, democracia y convivencia.