España

Del votante indeciso al votante reactivo: las encuestas y el auge de la ultraderecha

Las encuestas tras Urda abren el debate sobre el voto reactivo, la volatilidad electoral y la capacidad de Vox para consolidar sus apoyos

La derecha mediática empieza a afinar el recorte en las pensiones de Feijóo y Abascal. EP.
La derecha mediática empieza a afinar el recorte en las pensiones de Feijóo y Abascal. EP.

Las encuestas publicadas por El Mundo y El Español tras la tragedia ferroviaria de Urda ofrecen dos fotografías del escenario electoral español que, pese a sus diferencias metodológicas, presentan coincidencias relevantes. Ambas sitúan al Partido Popular por encima del 31 % de los votos, a Vox en torno al 19 % y al PSOE por debajo del resultado obtenido en las elecciones generales de 2023. Sin embargo, el interés de estos estudios cuantitativos va más allá de la distribución estimada de escaños. Sus resultados permiten abordar otras dimensiones del momento político, como la volatilidad electoral, la transformación de los mecanismos de decisión del voto y la evolución de la competencia entre partidos.

Conviene advertir, de entrada, que ambos estudios representan dos formas diferentes de medir el clima político. Sigma Dos recoge entrevistas realizadas íntegramente después de la tragedia, mientras que SocioMétrica utiliza un tracking acumulado desde septiembre, con mayor ponderación de las entrevistas recientes. Una encuesta puede ser más sensible a una reacción inmediata y la otra incorporar información sobre tendencias anteriores, sin que ello implique necesariamente que una sea más precisa.

Demoscopia coyuntural

La encuesta de Sigma Dos, realizada los días 29 y 30 de octubre con 2.505 entrevistas, registra una caída de 1,5 puntos del PSOE respecto a la semana anterior, mientras el PP aumenta cinco décimas. Por su parte, SocioMétrica, mediante un tracking de 4.893 entrevistas acumuladas desde septiembre, sitúa al PSOE en el 26,6 %, dos puntos por encima de Sigma Dos. Esta diferencia invita a reflexionar sobre los límites de la demoscopia en situaciones de elevada intensidad informativa y ante acontecimientos de fuerte impacto emocional. Las encuestas realizadas después de un acontecimiento traumático pueden registrar variaciones asociadas al clima emocional y político del momento. Es por ello que debemos distinguir entre un cambio coyuntural en las respuestas declaradas y una transformación estable de las preferencias electorales.

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Del votante indeciso al votante reactivo

El votante indeciso es una categoría de análisis del comportamiento electoral utilizada para identificar a quienes todavía no han definido su preferencia política o dudan entre distintas opciones, incluida la abstención. Sin embargo, la creciente intensidad de los ciclos informativos y la centralidad de los acontecimientos de alto impacto permiten plantear otra categoría interpretativa: el votante reactivo. Se trataría de un elector cuya intención de voto puede modificarse ante acontecimientos políticos concretos.

Estas categorías no son excluyentes ni constituyen perfiles rígidos. Un mismo ciudadano puede mostrar indecisión, volatilidad y reactividad en distintos momentos. Mientras la indecisión expresa la ausencia de una preferencia definida, la volatilidad describe los cambios de preferencia a lo largo del tiempo y la reactividad identifica las respuestas electorales provocadas por acontecimientos políticos concretos. Además, no toda reacción implica necesariamente castigar al Gobierno: también puede reforzar una identificación previa, activar la participación o favorecer la abstención. La reactividad tampoco es exclusiva de una orientación ideológica.

En las últimas semanas, la posible movilización del votante reactivo se ha planteado como uno de los desafíos de los partidos de izquierda. Una de las cuestiones de la próxima contienda electoral será qué formaciones consiguen atraer a los electores más sensibles a los acontecimientos políticos y transformar esas respuestas coyunturales en apoyos duraderos. La disputa electoral incorpora así una dimensión adicional a la captación del votante indeciso: la capacidad de activar, retener o recuperar a quienes modifican su comportamiento electoral en función del contexto político y social.

La consolidación electoral de la ultraderecha

Una de las coincidencias más significativas entre ambos estudios es la proximidad de las estimaciones de Vox. Sigma Dos le atribuye un 19,3 % y SocioMétrica un 19,1 %, apenas dos décimas de diferencia entre institutos con metodologías distintas. Ambas mediciones sitúan a la formación considerablemente por encima del 12,4 % obtenido en las elecciones generales de 2023.

Esta convergencia apunta a un respaldo electoral importante, aunque dos encuestas contemporáneas no permiten demostrar por sí solas su estabilidad temporal. Los resultados sí abren un interrogante sobre la composición de su electorado: la posible coexistencia de una base con una identificación ideológica estable y de segmentos más sensibles a la coyuntura política. La clave reside en comprender hasta qué punto Vox ha conseguido transformar el voto reactivo en voto fiel o si la continuidad de sus apoyos responde, al menos parcialmente, a la reiteración de respuestas coyunturales. El voto reactivo puede contribuir al crecimiento de una formación, mientras que su consolidación electoral requiere mantener apoyos a lo largo de diferentes contextos políticos.

La reconfiguración del sistema de partidos

Las encuestas presentan dos dinámicas simultáneas. Por un lado, PP y Vox concentran conjuntamente alrededor de la mitad de los votos estimados: el 50,4 % según Sigma Dos y el 51,4 % según SocioMétrica. Por otro, la izquierda alternativa aparece fragmentada. Frente Amplio obtiene un 7,1 % en Sigma Dos frente al 4,4 % en SocioMétrica, con diferencias en las configuraciones de candidaturas consideradas.

Esta fragmentación introduce una dimensión institucional decisiva: la relación entre porcentaje de voto, distribución territorial y conversión de sufragios en escaños. En un sistema electoral con circunscripciones provinciales de diferente magnitud, las variaciones coyunturales pueden producir efectos parlamentarios desiguales. Por tanto, es clave no solo cómo reaccionan los electores, sino también cómo el sistema electoral transforma esas reacciones en representación parlamentaria.

Medir la coyuntura sin confundirla con la estructura

La lectura conjunta de ambas encuestas permite distinguir tres dimensiones: la sensibilidad de las estimaciones demoscópicas a los acontecimientos políticos, la posible incidencia de comportamientos electorales reactivos y la persistencia de un apoyo significativo a Vox. Las encuestas permiten identificar variaciones en los apoyos agregados, pero conocer los mecanismos individuales que las explican exige observar la evolución de los mismos electores a lo largo del tiempo. No toda reacción electoral supone un cambio político estable, del mismo modo que no toda estabilidad en los porcentajes implica una identificación partidista consolidada. En las siguientes semanas sabremos a ciencia cierta cuándo la coyuntura se transforma en estructura y cuándo la aparente estabilidad electoral es, en realidad, el resultado de una sucesión de reacciones políticas.

 

Ana Rivero. Doctora en Ciencias  Políticas y Marketing. Profesora de la Universidad Pablo de Olavide.

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