España

El tronco y las ramas: de la igualdad al 'woke'

Los símbolos son poderosos, Maricarmen ha sido un símbolo y la derecha ha convertido los decretos en otro símbolo

COSME BONET
Imagen de la manifestación de vivienda de Madrid. EP.
Imagen de la manifestación de vivienda de Madrid. EP.

Durante mucho tiempo hemos oído hablar de la ideología “woke”, la defensa de los derechos de minorías que han sido históricamente marginadas, y se ha dicho que la izquierda se ha perdido dentro de un término paraguas que ha englobado a múltiples causas en los últimos tiempos, incluso ha habido quien ha cuestionado que ese “wokismo” fuera realmente una postura de izquierdas… al menos no de una izquierda clásica. 

Y sin embargo, tal vez no haya tanto por lo que polemizar, pues la base de una ideología progresista o de izquierdas es precisamente el énfasis en la igualdad, en la no discriminación, por tanto, en la defensa de los derechos de esas minorías históricamente oprimidas o privadas de los mismos derechos que la mayoría o la clase dominante, sea por el color de la piel, género, religión, orientación sexual, … razones de que quien se siente progresista tienda a apoyar y defender estas causas, porque la causa de la izquierda es siempre la causa de los oprimidos. Serían éstas como múltiples ramas que surgen del tronco común de una ideología de izquierdas, sin duda, reclamando la igualdad que implica la exigencia de los mismos derechos y libertades para todas las personas. 

Si profundizamos en ello cabe preguntarse cuál es el tronco del que surgen estas ramas, creo que la respuesta nos llevaría hasta la defensa de la igualdad, la libertad, la justicia social para todos los seres humanos, frente a cualquier tipo de discriminación. Las causas de todas las minorías privadas de sus derechos, de sus libertades, de unos derechos que deben ser iguales para todos los seres humanos, pues, es la causa de ese tronco común de la izquierda. Con todo, aún hoy en día podemos afirmar que la mayor causa de desigualdad, de discriminación, de injusticia social, sigue siendo la de origen económico. Autores como Piketty nos han recordado recientemente que la desigualdad no es un accidente, sino una característica estructural del capitalismo, que tiende de forma natural a la acumulación de la riqueza en unas pocas manos, la desigualdad, la discriminación que genera este sistema entre quienes poseen la riqueza y quienes no, es una cuestión que ante la actualidad de la defensa de otras, diversas, justas causas, tal vez hemos dejado en un segundo plano cuando, en realidad, ha estado siempre ahí, pues el sistema económico en el que vivimos y que ordena nuestras vidas es, en su propia concepción, profundamente injusto y discriminatorio, y requiere de constantes e importantes correcciones, que se manifiestan a través de la acción del Estado, esa misma acción que los autodenominados liberales (derechas liberales en lo económico, conservadoras en lo social), defensores de un capitalismo sin reglas, querrían reducir a su mínima expresión, por eso votan contra medidas como la intervención del Estado en el mercado inmobiliario, como hemos visto recientemente en el Congreso de los Diputados y Diputadas.

Diría que el caso de Maricarmen ha vuelto a poner en el centro del debate político precisamente esto: la desigualdad económica. La injusticia generada por el propio sistema económico, y lo ha hecho convirtiendo su desahucio en un símbolo, un potente símbolo que ejemplifica lo que es el tema troncal de una visión progresista de la sociedad: la desigualdad de origen económico. La profunda injusticia que genera nuestra sociedad en nombre de los beneficios económicos de unos pocos. Esta es una causa transversal, que sienten como propia todas las ramas de ese tronco que definíamos al principio, pues toda discriminación por cualquier motivo tiene en la injusticia económica una consecuencia: la brecha salarial entre hombres y mujeres, los tipos de contrato (o la ausencia de ellos) que se hacen a personas migrantes, el bloqueo de carreras profesionales por distintos motivos (desde la raza a la religión, el género o la orientación o identidad sexual), un ejemplo muy claro se ve en el caso de las migraciones, los inmigrantes ricos nunca tienen dificultades a la hora de establecerse en un nuevo país, en cambio los que llegan buscando un trabajo encuentran no solo dificultades sino rechazo social, discriminación, xenofobia y discursos de odio, etc… La desigualdad de signo económico, en definitiva, es tan transversal que une a las masas en la protesta contra la injusticia, remueve conciencias, llena las calles de jóvenes y mayores, de mujeres y hombres, de personas de todo origen y condición que se rebelan ante la injusticia. 

Los símbolos son poderosos, Maricarmen ha sido un símbolo, la derecha ha convertido los decretos en otro símbolo, la vivienda, un derecho, es una bandera que representa muchas banderas, y esa bandera es la que se alza para luchar contra la desigualdad. Una bandera que tendrá ocasión de demostrar su fuerza el próximo 29 de noviembre, en las elecciones generales.

Cosme Bonet,
Exsenador y secretario de Organización y Acción Electoral del PSIB-PSOE

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Etiquetas Vivienda