El próximo 3 de marzo se tornará una fecha clave para los partidos políticos de la derecha española. Después de las elecciones del pasado 21 de diciembre, la cámara parlamentaria extremeña votará la investidura de María Guardiola. Ahora bien, no solo sigue estando en el aire que vaya a conseguir los apoyos necesarios para revalidar su cargo como presidenta de esta comunidad autónoma, sino que en las últimas semanas se viene observando cada vez más complicado que el PP y Vox alcancen el pacto que daría el poder a la popular. Una falta de consenso entre ambas formaciones políticas, que está derivando casi en el conflicto, fruto de los insultos y el cruce acusaciones de filtraciones que se están produciendo estos días, que vuelve muy difícil hasta que los de Abascal se abstengan en la segunda votación.

Un panorama complicado, pues de producirse esto las urnas volverían a abrirse en Extremadura, lo cual pondría al Partido Popular en una notoria posición de debilidad y, aunque los de Vox probablemente no perderían mucha fuerza, daría aire al PSOE, que podría recuperar terreno tanto entre los votantes indecisos como entre aquellos que, descontentos, abandonaron a la izquierda en los comicios electorales extremeños para dar su apoyo a la derecha en un gesto de crítica. Esa nueva convocatoria de elecciones tendría lugar en el mes de mayo, si el Partido Popular y Vox no alcanzan un acuerdo antes, lo que implicaría que los extremeños deberían de volver a las urnas a finales de junio, una fecha que poco interesa a los populares, ya que en dicho mes, en principio, serán las elecciones andaluzas.

El posible efecto arrastre de Extremadura

Las grietas en el diálogo entre el PP y los de Abascal no dejan de hacerse cada vez más grandes. Según se ha podido ir conociendo desde que comenzaran las negociaciones, los populares y los de Vox coinciden en muchas líneas estratégicas que pretenden desarrollar. No obstante, hay varios puntos, de gran relevancia, en los que los de Abascal se están mostrando inamovibles, como los cargos de gobierno o determinadas políticas a llevar a cabo, los cuales están dificultando en gran medida el diálogo y provocando las fricciones que se mencionaban. Amparados en el éxito obtenido en Valencia, donde aprovechando la débil posición del Partido Popular fruto de la caída de Mazón los de Vox consiguieron que sus presiones surtieran efecto, en Extremadura mantienen la misma posición negociadora. Si bien, en esta ocasión parece no ser la más fructífera. 

Poco interesa a los populares andaluces que no haya consenso en Extremadura, ya que una nueva convocatoria de elecciones en esta comunidad autónoma vecina podría seguir sosteniendo la imagen de debilidad que viene teniendo el Partido Popular. Cierto es que las mayores caídas de votos las está experimentando el PSOE; sin embargo, tanto en Aragón como en la región extremeña los comicios electorales se convocaron de manera anticipada al tener los populares una perspectiva por la cual aumentarían los escaños de los que disponen, alcanzando, incluso, la mayoría absoluta. Si bien, las urnas no están dando la razón al PP, que observa como, haciendo un símil ciclista, no es capaz de soltar la rueda de Vox en la subida del puerto de montaña e, incluso, que los de Abascal tienen en los pulmones más aire que las filas de los de Feijóo, por lo que podrían lanzar un ataque a pocos kilómetros de meta.

Moreno Bonilla necesita un panorama político más calmado

Quizás, si esta situación se hubiera producido hace un año, poca preocupación hubieran despertaría entre los populares andaluces, pues en ese momento Moreno Bonilla podía presumir de ser uno de los pocos políticos de España que encontraba un sostenido apoyo entre los ciudadanos, además de contar con una buena imagen pública ligada a un saber estar moderado. Sin embargo, esa solidez de la que gozaba ha ido perdiendo fuerza al haber ido acumulando distintas polémicas que, ahora, ponen en seria duda que logre mantener una mayoría absoluta que, hace no tanto, se veía indestructible. 

Andalucía se había tornado, después de décadas de gobierno socialista, en una fortaleza para los populares que parecía complicada de perder. Sin embargo, desde el sur de España ahora miran de reojo a otras comunidades, ya que a la actual situación en Extremadura, que podría repetirse en Aragón al no haber conseguido Azcón la mayoría absoluta, se suma que en el próximo mes de marzo también se celebrarán las elecciones autonómicas de Castilla y León, una campaña que estará marcada por las controversias existentes en torno a Alfonso Fernández Mañueco y que volverá a cuestionar las capacidades del Partido Popular. Un panorama complejo a nivel a político de cara a las urnas al que también podría sumarse la fuerza que viene adquiriendo el movimiento ciudadano que denuncia los recortes de los servicios públicos llevados a cabo por los gobiernos del PP, que vienen dando un notorio protagonismo a la iniciativa privada.

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