Nosotros también llenamos”, indicaba entre la sorna y la jocosidad el personal de organización de ‘Un paso al frente’, el acto con el que Izquierda Unida, Más Madrid, Comunes y Movimiento Sumar han colocado su ficha en el amplio tablero de ajedrez que conforman los escaques a la izquierda del PSOE. Un evento que ha servido como conjuro, puesta de largo y presentación en sociedad de un 2.0 resentido por las encuestas, la pérdida de apoyos -desde Magariños, diez partidos han desaparecido momentáneamente de la confluencia- y los nervios de quien sabe que en el patio de butacas, perfectamente organizado entre políticos, invitados, tertulianos y activistas demodé, hay quien subrepticiamente opera aprovechando las sombras -los más deslucidos- o los focos -los que de verdad preocupan-. 

Nadie en el salón escondía lo que era un secreto a voces: el acto del miércoles, el capitaneado por Emilio Delgado y Gabriel Rufián, era el gran elefante en la habitación. Las comparaciones empezaban desde bien temprano: “aquel espacio era más pequeño”, “hemos mandado a la gente a ver el evento al teatro de abajo”, “cientos de personas dan la vuelta a la manzana”. Comentarios y codazos que se han redoblado, también en la zona de prensa, cuando el propio Delgado ha aparecido en la sala de columnas del Círculo de Bellas Artes, espacio reservado para la celebración de un acto que ya tenía asegurado el cartel de aforo completo entre prensa, invitados y compromisos. 

No sería hasta pasadas las 12:15, con tres cuartos de hora de retraso, cuando, al ritmo del Baile inolvidable de Bad Bunny, entraba Rita Maestre en su condición de anfitriona por el pasillo prefijado por la organización para llegar al escenario -flanqueado por personalidades como Ada Colau, Alberto Garzón, Luis García Montero o Unai Sordo-. Quién no estaba cerca, sino milimétricamente colocado para pasar desapercibido, era Emilio Delgado. Y lo habrá agradecido, porque, sin ninguna mención directa, ha recibido dos o tres comentarios velados claramente dirigidos hacia él: “Dejemos los debates importados [el burka] y preocupémonos de lo importante, que son los asesinatos machistas”, arrancaba Maestre. "20 y 5 no tienen por qué sumar 25, pero pelearnos entre nosotros no es el camino", proseguía. “Bienvenidos los debates”, remachaba. 

Le seguían, decantándose por la ‘Revolución’ de Amaral para la antesala de su discurso, Lara Hernández, Ernest Urtasun, Antonio Maillo y Mónica García. Lo que nos están pidiendo es muy poco miedo y más valentía. La gente no nos quiere melancólicos ni resignados ante un momento difícil. Nuestra primera tarea es conformar un programa político; un proyecto alternativo de país”, reivindicaba la portavoz de Sumar el Congreso. “No sobra nadie que no se autoexcluya”, añadía, profundizando además en la construcción de una alianza conformada desde la esperanza y no desde el miedo. “No queremos ser la izquierda a la izquierda del PSOE. No vamos a renunciar a nada ni a establecernos límites”, sentenciaba Hernández, dejando la puerta abierta a próximas alianzas vertebradas sobre la idea de revertir “lo injusto del sistema electoral”.

Menos denso, y reivindicando el Círculo de Bellas Artes de Madrid como espacio amenazado por la falta de inversión de Isabel Díaz Ayuso, llegaba el turno de Ernest Urtasun, presentado por su predecesora como “el mejor ministro de Cultura de la democracia“. Y es precisamente de su asiento en el Consejo de Ministros de lo que más ha hablado, pues, pese a reconocer la importancia de cómo articular la “aritmética electoral” provincia a provincia, ha reclamado priorizar la acción de gobierno y la construcción de un partido ganador. Se habla mucho de qué tipo de aritmética electoral tenemos que llevar a cabo provincia a provincia. Y es verdad, pero también he de contestar que la sociología electoral no es tan importante como vertebrar un partido ganador”. 

Un análisis pragmático, aunque ciertamente ausente de autocrítica en sus críticas al gobierno del que forma parte, que acababa con un lapsus: “Agradezco a Rufián el debate de los últimos días”. Desde segunda fila, alejado de los pesos pesados, observaba el innombrable Delgado con una sonrisa nerviosa y un aplauso tímido. 

Terminaban el evento, replicando mensaje y reclamando no bajar los brazos, Antonio Maillo y Mónica García, encargada de asumir el cierre de ‘Un paso al frente’: “En la reivindicación de lo común nos va la vida: la sanidad pública, la educación, la universidad o el apoyo a los agricultoras que trabajan la tierra. Sabemos quién es el adversario y sabemos quiénes son nuestros aliados. No nos confundamos”, reclamaba el primero. “No pasarán y no ganarán”. 

Ovacionada, y presentada como “de todo menos tranquila”, como demostraba trastabillándose a su salida mientras se le caían los papeles del discurso, se dirigía a los cientos de presentes Mónica García: “No somos una taza de Mr. Wonderful, pero tampoco le vamos a hacer el caldo gordo a Vox”, arrancaba en otro dardo velado a Emilio Delgado, compañero de partido al que muchos apuntan como gran rival de la propia García para liderar la candidatura de Más Madrid en las próximas elecciones autonómicas

“Mientras unos nos dan por muertos y otros tratan de darnos lecciones, nosotros seguimos gobernando”, explicaba la ministra de Sanidad, mucho más triunfalista con la acción de gobierno que el propio Urtasun, quien, al contrario, reclaman mucha más valentía apenas un cuarto de hora antes. “Los derechos no compiten. Sabemos quiénes son nuestros adversarios. No miremos a los lados, sino hacia arriba”, jaleaba la dirigente madrileña. “Esta semana he estado en la OMS y en Carabanchel. Tenemos que estar en las instituciones y en el barrio. Aquí no sobra nadie. Si quieres confrontar a la extrema derecha, esta es tu casa. Gracias a todos los que mejoran el debate. Gracias, también, a Emilio y Gabriel”, proseguía. “Lo queremos todo. Vamos a por ello”, remataba. ‘People have the power’, de Patti Smith, daba paso a los saludos, los corrillos y las sonrisas -de algunos-. ‘Qué vida tan dura’, de Arde Bogotá, sonaba cuando el grueso abandonaba la sala. Y tanto.

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