Este lunes 4 de mayo se cumplen 30 años de la investidura del primer gobierno del 'popular' José María Aznar. Una fecha que, en 1996, suponía una ruptura tras 14 años de Presidencia de Felipe González y abría el camino hacia la entrada al euro, con el "España va bien" como lema y dos legislaturas que le tuvieron en La Moncloa durante ocho años, hasta el 17 de abril de 2004. Pero tres décadas después, supone recordar un periodo presidencial en el que hubo numerosos problemas cuya estela se siguen recordando en el presente.
Tras los comicios del 3 de marzo de 1996, en los que el PP obtuvo una mayoría simple de 156 escaños, Aznar encontró en el Partido Nacionalista Vasco (PNV), en Convergencia i Unió (CiU) y en Coalición Canaria (CC) los socios necesarios para su investidura. Los gobiernos de Aznar echaron a andar con pactos con los nacionalismos y la entrada en la moneda común europea en 2002. El apoyo de los cinco diputados del Partido Nacionalista Vasco se fraguó el 30 de abril en torno a las figuras de Aznar y al entonces presidente del PNV, Xabier Arzalluz, con papeles también importantes en las negociaciones de Jaime Mayor Oreja, que recibiría la cartera de Interior y Mariano Rajoy, a quien Aznar entregó el Ministerio de Administraciones Públicas. Los nacionalistas vascos buscaban un desarrollo del Estatuto de Autonomía con cesiones en materia de Seguridad Social, facultad en impuestos especiales y otras cuestiones que finalmente acabaron diluyéndose en una hoja de mínimos que contempló el compromiso del Ejecutivo de abrir un proceso de negociación sobre la Constitución regional.
También se consideraron otros compromisos como la reforma del concierto económico y la financiación en el siguiente ejercicio presupuestario, por parte del Ministerio competente o el INEM, el Acuerdo Interprofesional Vasco para la Formación Continua y se puso sobre la mesa la devolución a los partidos políticos del patrimonio incautado durante la dictadura franquista. Por otra parte, el pacto definitivo con los nacionalismos catalanes, ratificado en el Hotel Majestic de la ciudad condal el 28 de abril, lo firmaron PP y la federación de CiU liderada por el entonces president de la Generalitat Jordi Pujol. Entre otras cuestiones, el pacto incluía la cesión de competencias a la Generalitat de Catalunya en tráfico laboral y también modificaciones a nivel estatal, como un nuevo modelo de financiación autonómico que resultó lo más polémico de los pactos.
Lejos de nombramientos y pactos parlamentarios, están Las Sombras: La corrupción y la guerra de Irak en 2003. Aquel conflicto terminó teniendo nefastas consecuencias para la ciudadanía española al sufrir como represalia un atentado yihadista en la estación de Atocha. Aznar ha rechazado asumir error alguno sobre ello en la serie documental de Movistar Plus+ 'La última llamada', además de asegurar que en los atentados del 11M su Gobierno dijo "la verdad en todo momento", a pesar de haber intentado atribuir inicialmente el ataque a ETA y de ponerle en bandeja de plata al candidato de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero, la frase: "Los españoles no se merecen un presidente del Gobierno que les mienta". De la corrupción, la Justicia todavía tiene cuentas que echar más de dos décadas después, con procedimientos judiciales todavía en marcha.
Las Sombras I: La extensa corrupción
En la fotografía de la primera investidura, a José María Aznar le acompañaban 14 ministros, de los cuales casi la mitad han desfilado, treinta años después, por los juzgados, ya sea como testigos o como imputados, en procesos judiciales por escándalos de corrupción como la trama Gürtel, el caso de las 'tarjetas Black' de Bankia, la caja B del PP y los presuntos sobresueldos.
Rodrigo Rato fue nombrado vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda durante las dos legislaturas de Aznar y ocupó la dirección gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) de 2005 a 2007 y posteriormente director de Bankia, donde desarrolló una red de apropiación indebida conocido como las 'tarjetas black', por el que fue condenado a prisión en 2017. En el contexto de la comisión de investigación en el Congreso de la crisis de Bankia, Rato pronunció una célebre frase: "Esto no es un saqueo, es el mercado, amigo", una coletilla que se ha convertido en recurrente en la jerga online para referirse, precisamente, a las fluctuaciones interesadas del modelo de consumo neoliberal.
Mariano Rajoy, que llegó a ser presidente del Gobierno entre 2011 y 2008, fue nombrado en el primer gobierno de Aznar ministro de Administraciones Públicas. La pasada semana compareció como testigo en el caso 'Kitchen', la presunta trama de espionaje contra el extesorero del PP Luis Bárcenas en el marco del caso de la presunta financiación irregular del partido y la "caja B".
Francisco Álvarez-Cascos fue vicepresidente primero y ministro de Presidencia, luego fundó un partido, Foro Asturias, con el que llegó a ser presidente del Principado. Fue investigado por presunta apropiación indebida de fondos del mismo partido, causa de la que fue absuelto el año pasado.
El Ministerio de Asuntos Exteriores lo dirigió Abel Matutes Juan, el de Justicia Margarita Mariscal de Gante y Mirón, el de Defensa Eduardo Serra Rexach, Interior recayó bajo Jaime Mayor Oreja, Fomento fue para Rafael Arias-Salgado, Educación y Cultura para Esperanza Aguirre, posterior presidenta de la Comunidad de Madrid, Josep Piqué i Camps dirigió la cartera de Industria y Energía, Loyola de Palacio Agricultura Pesca y Alimentación, José Manuel Romay Beccaría Sanidad y Consumo e Isabel Tocino el Ministerio de Medio Ambiente. En su segunda legislatura, Aznar también contó con ministros que posteriormente serían imputados, e incluso condenados, por casos de corrupción.
Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, se encuentra ahora mismo investigado por una presunta trama que promovía cambios legislativos favorables a empresas gasísticas que eran clientes de la asesoría fundada por el propio exministro, Equipo Económico. También Eduardo Zaplana, que lideró Trabajo y Administraciones Públicas desde 2002, fue detenido e imputado en el marco de la 'Operación Erial' por presuntos delitos de blanqueo de capitales y cohecho. Por otro lado, Jaume Matas, titular de Medio Ambiente entre 2000 y 2003 y también expresident balear, ha acumulado diversas condenas de prisión por una trama de sobrecostes en la construcción de un velódromo conocido como el caso 'Palma Arena', que derivó en la investigación del 'caso Nóos', por el que se condenó a prisión Iñaki Urdangarin en 2008.
Otros ministros salpicados por casos de corrupción han sido Ángel Acebes (Justicia e Interior), investigado por la salida a bolsa de Bankia y por la supuesta compra de acciones con la "caja B" del partido; Federico Trillo (Defensa), salpicado por el caso de los sobresueldos y el accidente del Yak-42 en 2003 en el que fallecieron 62 militares, o Miguel Arias Cañete (Agricultura), que apareció en investigaciones relacionadas con el 'caso Acuamed', una presunta trama de fraude y corrupción de la empresa pública de aguas (Agua de las Cuencas Mediterráneas) y los sobresueldos en el partido.
Las Sombras II: La guerra de Irak
Pero a pesar de los innúmeros casos de corrupción que afloraron de las entrañas de este periodo gubernamental, la mayor mancha de aquella época llegó con la guerra de Irak.
El proceso que desembocó en este conflicto bélico se gestó durante años. Washington comenzó a construir la justificación de la intervención desde 2001, mucho antes de la comparecencia del secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, ante la Organización de las Naciones Unidas en febrero de 2003. En aquella sesión defendió la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, una afirmación que posteriormente nunca pudo ser probada. En los meses previos al inicio de la guerra, Aznar compareció en varias ocasiones ante el Congreso, en concreto, hasta cuatro veces durante los dos meses anteriores al comienzo de la ofensiva militar, que arrancó el 19 de marzo de 2003.
El 4 de marzo de ese año acudió a la Cámara para recabar apoyo a la controvertida resolución 1441 impulsada por Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU. Aquella iniciativa obtuvo 183 votos favorables frente a 164 en contra. En esa sesión, el propio Aznar no defendió la propuesta desde la tribuna, tarea que asumieron el entonces diputado Gustavo de Arístegui y el ministro y futuro candidato electoral Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno reservó su explicación política para el pleno celebrado el 18 de marzo, en la víspera del inicio de los ataques. Fue en aquellos días, precisamente, cuando afloró la fotografía del Trío de las Azores: George Bush (Estados Unidos), Tony Blair (Reino Unido) y José María Aznar participaron en la Cumbre de las Azores, en la que se estableció la decisión de emitir un ultimátum de guerra a Saddam Hussein. Con ello, España se adscribía oficialmente a los intereses del imperio estadounidense, aportaba tropas a la causa y toda acción militar que éste pudiera llevar a cabo podía tener respuesta y repercusión directa en nuestro suelo. Y así fue.
Las posiciones internacionales de España bajo el mandato de Aznar pasaron factura. El 12 de marzo de 2003, la Guardia Civil emitía una nota que rezaba: "Es probable que, en parte o en todo el territorio nacional, no puede descartarse la comisión de actos ilícitos de diversa índole, incluso de carácter terrorista". [...] "El apoyo prestado a los Estados Unidos en su guerra contra Irak implica determinados riesgos. La imagen de nuestro país pasa de ser la de una entidad individual a la de un 'opresor occidental', a los ojos de determinadas naciones y grupos extremistas". El 18 de octubre de 2003, Osama Bin Laden amenaza de manera directa a España tras el apoyo explícito y visible, por parte del Gobierno, a las guerras de Irak y Afganistán y por la participación de las Fuerzas Armadas españolas en la coalición que ocupó Irak tras la invasión, precisamente negociada en la Cumbre de las Azores.
Un año más tarde de aquella nota, el 11 de marzo de 2004, una célula yihadista conectada con la matriz de Al-Qaeda en Pakistán atentaba en la estación de Atocha, dejando 193 muertos y 2057 heridos. Tal fue la gravedad del asunto que las comparecencias parlamentarias de Aznar, entonces muy frecuentes para intentar justificar la operación y el seguidismo ciego a Washington, cedieron de repente y no volvió a comparecer hasta diez meses después del inicio de la guerra.
El 'no a la guerra' fue, entonces, uno de los recursos más utilizados por José Luis Rodríguez Zapatero durante la campaña electoral de las elecciones de aquel año, y está siendo reutilizado ahora por Pedro Sánchez en el marco de una escalada en las tensiones internacionales, precisamente a las puertas del año electoral. El tablero geopolítico actual es diferente al de entonces, pero siguen existiendo rasgos comunes, como las ansias imperialistas de Washington. La posición de España ante ello es ahora, no obstante, diametralmente opuesta a la de 1996.