El actor y mítico reportero de Caiga quien caiga, Sergio Pazos, se asoma a esta ventana para repasar la actualidad política y social con la acidez que le caracteriza. Lejos de morderse la lengua, Pazos arremete contra la impunidad de los pseudomedios de extrema derecha, denuncia los bulos que inundan las redes sociales y recuerda el precio que pagó en su carrera por posicionarse contra la guerra y defender el 'Nunca máis'. Una charla a corazón abierto donde reivindica el periodismo veraz, el compromiso ético y la necesidad urgente de plantar cara a los discursos reaccionarios.

 

Pregunta: Hoy en día vemos a agitadores de extrema derecha persiguiendo e insultando a políticos bajo la excusa de la libertad de información. Algunos intentan comparar ese acoso con lo que hacíais vosotros en 'Caiga quien caiga'. ¿Tienen algo que ver?

Respuesta: No tiene absolutamente nada que ver. Nosotros no llevábamos mentiras, toda la información que utilizábamos estaba rigurosamente contrastada y era muy seria. Al llegar a España, la dirección nos dejó claro que debíamos mantener el máximo respeto hacia los políticos, nada de agresividad ni de tocarles físicamente. Nuestro daño lo hacíamos exclusivamente en las preguntas, con un buen guion y estando preparados para rebatir con datos ciertos. Esto se soluciona no dejando que la mentira siga progresando impunemente en los medios.

P: Tú propones medidas contundentes para frenar el fango, como establecer una especie de carné por puntos sancionador para periodistas y políticos.

R: Exacto. Si un político suelta mentiras, tiene que haber un código ético que a la décima mentira le deje dos meses sin cobrar. Y debe ocurrir exactamente lo mismo con un periodista que difama. Grupos de abogados o periodistas independientes deberían unirse para denunciar a quienes mienten sistemáticamente para hacer daño. La medicina o la abogacía tienen su código deontológico, la política y la judicatura también, pero parece que aquí algunos mienten a diario sin que pase nada. Si creas odio con una mentira, tiene que haber consecuencias.

P: Esa impunidad se multiplica en internet. Las redes sociales están plagadas de perfiles anónimos dedicados a insultar y lanzar odio a diario. ¿Cómo frenamos esto?

R: Lo llevo diciendo muchísimos años y la solución es sencillísima. Usted puede tener veinte cuentas en redes sociales si le da la gana, pero tiene que haber un DNI real detrás de cada una y solucionado. No entiendo cómo cierta gente tiene tanto tiempo libre para meterse en los muros de los demás a insultar gratuitamente. Las personas civilizadas no pierden su tiempo escupiendo barbaridades escudándose en el anonimato más cobarde.

P: Muchos ciudadanos optan por callar frente al odio para evitar conflictos. Tú has contado que no te cortas un pelo si escuchas barbaridades fascistas en tu día a día.

R: Yo no me callo jamás porque sé perfectamente que tengo razón. Si veo a dos señores en un bar hablando bien de Franco, voy y les digo que delante de mí no, que mis dos abuelos murieron por su culpa y ni siquiera pude llegar a conocerlos. Claro que acojona un poco enfrentarte a señores que se envalentonan, pero no podemos vivir con miedo mientras ellos sienten que pueden decirlo todo libremente. Si nos callamos ante los que defienden dictaduras, se crecen.

P: Ese posicionamiento antifascista claro tiene un coste. Dar la cara por causas sociales y de izquierdas te trajo vetos importantes en tu carrera.

R: Totalmente. Llegué a estar vetado por la televisión pública de Galicia por participar en las movilizaciones del 'No a la guerra' y del 'Nunca máis'. Estaba firmando un contrato en Madrid, llegué a Santiago y me dijeron que no, que este señor no trabajaba ahí. Seguramente la orden la dio algún subalterno de turno para trepar rápidamente y quedar bien con sus jefes. Me da exactamente igual, lo que me pregunto es qué clase de problema moral tienen para hacer algo así.

P: ¿Ves ese mismo compromiso en las nuevas generaciones de actores o crees que prefieren ponerse de perfil para no arruinar su carrera?

R: Las generaciones nuevas prefieren no implicarse de manera ideológica tan descarada, seguramente porque ni les interese o les resulta muchísimo más cómodo. Las series de ahora cogen a chicos jóvenes, todos guapos, los utilizan una temporada pagándoles la mitad de lo que deberían cobrar, y luego desaparecen para poner a otros. Yo antes me peleaba con los productores para que les pagaran mejor, les preguntaba cuánto cobraban e intentaba que todos mejoraran su situación laboral, pero ahora entran dispuestos a dejarse explotar para intentar pegar el pelotazo y no reivindican sus derechos.

P: Gran parte de los jóvenes se informan hoy exclusivamente a través de TikTok, donde la manipulación campa a sus anchas.

R: Es un peligro gigantesco. Sabemos que la extrema derecha de Vox mueve muy bien las redes para captar a la gente joven con vídeos cortos, pero el 90 % de las noticias de TikTok son falsas. Los chavales vienen sin ninguna capacidad de contrastar la información y carecen de pensamiento crítico propio. Necesitamos un pacto educativo real. Yo cogería a todos los partidos políticos y educadores, los encerraría en una habitación un mes y no les dejaría salir hasta firmar un plan serio que no se toque en treinta años.

P: Para terminar, con algo más ligero pero muy identitario. Si la Xunta te encargara cambiar el himno oficial de Galicia, ¿qué canción propondrías?

R: Sin ninguna duda elegiría 'Miña terra galega' de Siniestro Total. Son pioneros, escribieron letras maravillosas y ese himno rock recordando nuestro cielo gris nos representa a la perfección. Que pongan esa canción como himno oficial y en la otra cara del disco el himno antiguo, no pasa absolutamente nada.

Síguenos en Google Discover y no te pierdas las noticias, vídeos y artículos más interesantes

Síguenos en Google Discover

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora