El enfrentamiento entre las izquierdas es una constante de la historia política en nuestro país. El sector progresista ha sido ―y es― un puzle voluminoso que comparte una simbiosis ideológica, pero que disfruta de sus discrepancias en aras de la pureza izquierdista, nacionalista, independentista o revolucionaria. Nada nuevo bajo el sol. Tras una defensa común, las cabezas de los partidos políticos a la izquierda del PSOE embarran el activo más movilizador que hay en política: la ilusión.

Las fórmulas electorales son meras estrategias cortoplacistas que debilitan la consolidación de un espacio voluminoso que juega un papel fundamental en cada elección. Esta competencia desleal difumina liderazgos, proyectos e influencia dentro del propio sector de la izquierda. Pero, en vez de tejer una estructura sólida común, escogen un cajón tragalotodo para cada legislatura.

En el año 2000, el PSOE vio los ojos de la muerte y pensó: en 35 provincias los comunistas jamás han sacado un escaño, fueron votos perdidos. Si los convencemos de que no se presenten a cambio de algún puesto de salida en nuestras listas, quizá salvemos la cara. Los de Izquierda Unida los mandaron a paseo, pero aceptaron compartir algunas candidaturas residuales en el Senado. La respuesta social fue una gigantesca abstención de castigo en el espacio de la izquierda y una mayoría absoluta para Aznar superior a la esperada.

En 2015, Podemos tuvo 5,2 millones de votos e IU 900.000. La suma de ambos superaba ampliamente los 5,5 millones del PSOE. Nada tan sencillo: forzaron la repetición de las elecciones y fueron juntos. Pues bien, en el segundo intento el PSOE repitió su resultado y Podemos+IU (rebautizados como "Unidos Podemos") se quedaron en 5 millones raspados. No sólo no hubo sorpasso, sino que aumentó la distancia.

El viraje de Rufián

El portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Gabriel Rufián, se ha erigido como el baluarte progresista que pretende unificar ―por enésima vez― a la izquierda española. Su retórica parlamentaria, atravesada por el lenguaje juvenil y su viralidad en redes sociales, les ha permitido acaparar el foco mediático y rascar un minutito personal en cada telediario. Sin embargo, poco queda de aquel independentista que despreciaba a su país vecino. Pocas evoluciones políticas se aprecian tan interesantes.

Al mismo tiempo, Rufián descarta ser la cara visible del proyecto que parece que se está gestando. El invento consiste en identificar al jugador más fuerte en cada provincia y que sólo ese se presente a las elecciones generales, con renuncia de todos los demás. De esa manera, asegura el curandero, se rentabilizarán todos los votos del "espacio" y se robarán escaños de Vox a manos llenas. Como de costumbre, más efectista que efectivo. Supongamos que le compran la receta.

Emilio Delgado, diputado por Más Madrid en la Asamblea regional, cómplice del catalán en el surgimiento del debate, ejerció de cartógrafo y presentó el mapa con la geografía sentimental por la que sangra la izquierda y de la que se alimenta la ultraderecha durante el evento que se celebró este miércoles.

Además de los barrios, miró al campo, el gran agujero negro donde no cala la izquierda más allá del PSOE, que sigue siendo muy urbanita para ese electorado. En ese panorama de carencias de la izquierda destacó dos territorios que han perdido a manos de la derecha y la ultraderecha: la libertad y la seguridad. 

Van disparados porque han conseguido que sus razones se impongan, nos han robado la bandera de la libertad, una bandera que siempre ha sido propia de la izquierda y resulta que ahora nos quieren convencer de que la libertad es aceptar que cuando te despiden te paguen en 12 meses cuando la empresa quiera”. Delgado cree que, además, les han “quitado la bandera de la seguridad".

“Nos cuesta mucho desde la izquierda hablar de seguridad. Cuando alguien vive en un barrio que es complicado, en el que su hijo no puede bajar a la plaza porque hay problemas, esa persona necesita que la izquierda diga algo ahí también, porque hay barrios en los que hay niños que no pueden bajar a la calle porque hay movidas. Yo he vivido en barrios así y creo que quien diga que eso no es así, es porque no ha vivido nunca en un barrio. Así te lo digo, así de fácil”, espetó.

Rufián lo dijo claro y en masculino singular: “Quiero ganar provincia a provincia escaños a Vox.  Eso no se hace con discursos de puta madre. Si no con ciencia, método, orden. La clave es a qué renunciamos, qué sentido tiene que 14 izquierdas se presenten en el mismo sitio. Esto es anti-aparato”, dijo Rufián. Y ha puesto sobre la mesa las preguntas clave.

“Quién se presenta en Girona, quién en Sevilla, en Coruña, en Valencia. ¿Vale la pena que sigamos compitiendo entre nosotros?” El método de Rufián consiste en que se analice provincia a provincia cuál de los partidos de la izquierda puede quitar votos a Abascal en las distintas circunscripciones del país.

Refundación de Sumar

El encuentro convocado para el 21 de febrero en Madrid congregará a Movimiento Sumar, IU, Más Madrid y Comunes con el objetivo de escenificar una nueva etapa política. Las cuatro organizaciones aspiran a articular un “espacio sólido y confiable” que trascienda la fórmula precedente y siente los cimientos de una coalición renovada de cara a las próximas elecciones generales.

La operación no se limita a un rediseño orgánico, sino que incorpora una dimensión simbólica de calado. El propósito es construir una plataforma común bajo una nueva denominación y con normas internas más horizontales, reforzando la autonomía de cada partido e introduciendo mecanismos que eviten —según admiten en el ámbito interno— el personalismo que caracterizó la fase anterior.

En este escenario, la eventual ausencia de Díaz adquiere una lectura política ineludible. La dirigente gallega fue la imagen central del proyecto en las últimas generales, pero el desgaste acumulado, tanto en términos electorales como orgánicos, ha reactivado el debate sobre el liderazgo. El espacio alternativo ha encadenado retrocesos en sucesivas convocatorias, con resultados particularmente modestos en recientes elecciones autonómicas, lo que ha consolidado la percepción compartida de que la marca requiere una reformulación profunda para restablecer su competitividad y credibilidad públicas.

Las cuatro organizaciones han consensuado un relato de cohesión interna articulado en torno a los principios de “horizontalidad” y “cooperación fraterna”. Traducido al terreno político, el planteamiento implica rebajar el peso de los liderazgos personalistas en favor de una arquitectura más colegiada y compartida.

Sobre el papel, esta reformulación aspira a fortalecer el proyecto común, aunque conlleva inevitablemente una redefinición del rol de Díaz dentro del espacio. Su eventual ausencia en el acto fundacional puede leerse como un gesto coherente con esa lógica de despersonalización del liderazgo, pero también como el indicio de un repliegue de mayor alcance.

Fuentes internas reconocen que la cuestión del liderazgo permanece abierta y que no se despejarán incógnitas hasta el 21 de febrero. Ni siquiera se han divulgado los nombres de los intervinientes previstos.

Este hermetismo responde a una estrategia deliberada: evitar que la discusión sobre candidaturas o figuras de referencia desplace el foco del relato de refundación. Con todo, la dinámica política rara vez admite indefiniciones prolongadas. La incógnita de fondo es si Díaz optará por apartarse de manera definitiva o si, por el contrario, aplazará cualquier decisión hasta un contexto más propicio.

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