La crisis migratoria de Ceuta ha incorporado la salud pública al debate político. La aparición de casos de tuberculosis, sarna, varicela o gastroenteritis entre las personas llegadas a la ciudad ha servido al PP y a Vox para reclamar medidas extraordinarias, incluido el confinamiento de personas migrantes con enfermedades infecciosas. Sin embargo, los datos disponibles y la valoración de los especialistas dibujan un escenario bastante más moderado: existe presión asistencial y hay que actuar sobre determinados riesgos, pero no hay evidencia de una amenaza sanitaria generalizada para la población de Ceuta.
La ministra de Sanidad, Mónica García, defendió este jueves en el Congreso que las personas migrantes "no traen enfermedades", sino que las condiciones de hacinamiento favorecen la aparición y transmisión de determinadas patologías. García se refería a los datos disponibles y defendía que la llegada de migrantes constituye por sí misma una amenaza epidemiológica para la población local.
Riesgo moderado entre los migrantes y bajo para la población local
Así lo respalda también la evaluación del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), que sitúa el riesgo de transmisión en un nivel moderado entre las propias personas migrantes, fundamentalmente por las condiciones de hacinamiento y vida en la calle, mientras que lo considera bajo para la población ceutí. Es una distinción fundamental que se pierde cuando se presenta la existencia de enfermedades infecciosas como sinónimo de una amenaza para toda la ciudad.
Los epidemiólogos llevan días insistiendo en la misma idea. La presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología, Joana Forjaz, explicó a EFE que el principal riesgo actual recae sobre las propias personas migrantes debido al hacinamiento, la falta de agua y unas condiciones de alojamiento inadecuadas. Enfermedades como la sarna o el impétigo, recordó, son también habituales en España y pueden aparecer en espacios colectivos como residencias, albergues o campamentos. No significa que no exista riesgo alguno, sino que se gestiona con vigilancia epidemiológica, diagnóstico, tratamiento, aislamiento de los casos cuando corresponda y vacunación, no mediante una etiqueta colectiva y mediante deshumanización sobre las personas recién llegadas.
Entre las patologías identificadas se encuentran tuberculosis, varicela, sarna y gastroenteritis, además de consultas relacionadas con problemas dermatológicos como el impétigo. En el caso de la tuberculosis, Sanidad informó de casos confirmados y de menores con prueba de Mantoux positiva. La información aportada por el Ministerio permite además distinguir situaciones muy diferentes: uno de los casos ya estaba en tratamiento y no era contagioso; otro correspondía a una tuberculosis cerebral, que tampoco se considera transmisible como la tuberculosis pulmonar; y un tercero estaba en proceso diagnóstico y había comenzado tratamiento. Este matiz importa porque "tener tuberculosis" no equivale automáticamente a "estar contagiando tuberculosis". La vía de transmisión y el momento clínico de la enfermedad determinan las medidas necesarias para cada caso.
Por su parte, la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) ha explicado que, para los casos detectados en Ceuta, las medidas adecuadas son el aislamiento respiratorio individual en tuberculosis y varicela durante el periodo de contagiosidad y medidas de contacto para sarna y gastroenteritis.
El factor que sí preocupa: el hacinamiento
Miles de personas han permanecido durante semanas en condiciones complicadas de alojamiento, con instalaciones improvisadas y una concentración de población muy superior a la capacidad habitual de los recursos de Ceuta. Esa situación de hacinamiento favorece la transmisión de enfermedades respiratorias, cutáneas y gastrointestinales. El propio secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, ha advertido de que una crisis humanitaria puede convertirse en una crisis de salud pública si no se garantiza la salubridad. La prioridad, por tanto, es reducir el hacinamiento, asegurar agua potable, alimentación, higiene y espacios adecuados para dormir y aislar a quienes presenten infecciones transmisibles.
La vacunación, a su vez, es una medida en el marco de una respuesta sanitaria preventiva, aunque eso no implique que exista una emergencia epidemiológica general. El Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas acordaron movilizar hasta 45.000 dosis mediante un mecanismo de solidaridad. La operación contempla hasta 15.000 dosis de triple vírica y 10.000 de difteria-tétanos, varicela y polio. La campaña está prevista para comenzar la próxima semana con el objetivo de reforzar la protección de personas cuyo historial vacunal no puede acreditarse y reducir la posibilidad de que aparezcan nuevos casos y cadenas de transmisión.
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