En estos días estamos asistiendo a una lucha abierta entre el Gobierno de España y los magnates de las redes sociales, una confrontación que está liderando a nivel mundial Pedro Sánchez, como no podía ser de otra manera.

Y lo expreso así, puesto que hace tiempo escuché que, aunque sigan existiendo las guerras con armas y bombas, la Tercera Guerra Mundial podría ser sin ellas, y puede que ya estemos inmersos en esa etapa.

Seguramente nada de lo que ocurre en el mundo de la geopolítica y de la estrategia sea casual ni suceda de forma espontánea y, por tanto, nada ocurra de la noche a la mañana.

La confrontación entre Elon Musk y Pedro Sánchez es algo que muchos veíamos venir y, seguramente, vendrán más en este terreno. Puedo asegurar que esto ha llegado a elevarse a la categoría de urgente. Y, como todo lo urgente, es de por sí preocupante.

El presidente del Gobierno ha empezado por la parte más sensible: los menores de edad. Pero, seguramente, esto tenga que acompañarse de la imprescindible Ley de Medios que mucha gente le demandamos desde hace tiempo. En la labor de gobierno, como en todo en la vida, todo lleva su proceso. Este ha sido un primer paso más que necesario.

Y es que, sin duda alguna, una de las batallas que los gobiernos de todos los países deben librar es contra la desinformación y las fake news.

Por eso es importante que nuestros jóvenes sean formados a través de fuentes fiables y fidedignas para contrarrestar los bulos, las noticias falsas y los falsos mitos; caldo de cultivo perfecto para que la desinformación campe a sus anchas.

Asimismo, conviene recordar que España no es el primer país de Europa que se pone manos a la obra en este ámbito, pero tal vez, por ser nuestro país y también porque el jefe del Ejecutivo es el presidente de la Internacional Socialista y uno de los políticos más decisivos del mapa geopolítico mundial, la resonancia de esta decisión haya sido mayor que si la hubiera anunciado otra personalidad internacional.

Y, como progresista, me siento en la obligación moral y política de pronunciarme a favor de esta decisión urgente, con tintes históricos y una notable dosis de valentía.

Es también obligado y urgente ponernos del lado de la mayoría social de este país y, muy especialmente, no solo de los menores, sino también de sus padres y madres, para que vean que tienen detrás un país y un Gobierno que están para ayudarles, poniendo a su disposición las herramientas necesarias para que sus hijos e hijas estén en entornos digitales seguros y con la protección necesaria, evitando que los menores se vean expuestos a peligros que puedan generar graves problemas de conducta y comportamiento.

Esto supone, además, un apoyo fundamental a los educadores. Como maestro de carrera que soy, es de agradecer que estas medidas puedan servir para crear, aún más si cabe, entornos escolares más seguros en lo que al plano digital se refiere.

Este paso no es un hecho aislado, sino la consolidación de un camino centrado en una educación de calidad. Una hoja de ruta que el Gobierno de Pedro Sánchez ha mantenido con firmeza, desde los pilares asentados por Isabel Celaá y Pilar Alegría hasta la gestión actual de Milagros Tolón. Todas ellas han entendido que la seguridad digital en las aulas no es una opción, sino una extensión necesaria del derecho a una educación protegida y moderna.

Asimismo, los socialistas en particular y los progresistas en general debemos asumir la tarea de explicar, sobre todo, el “para qué” de esta medida, es decir, su utilidad.

Y esa utilidad es tan clara como la de informar y formar a nuestros jóvenes, de manera que su espíritu crítico resurja y puedan distinguir sin ambages lo que está bien de lo que está mal, y sepan usar la información de forma adecuada.

Para lograrlo correctamente, nuestro país deberá regular mediante una normativa adecuada qué fuentes de información son verdaderamente fiables y cuáles no, obligando a aquellas que no lo sean a rectificar. Y, de no hacerlo, espero que la ley prevea sanciones para esos comportamientos. Poner negro sobre blanco todo esto no es censura, como ya se ha lanzado a propagar la extrema derecha, contando con el silencio cómplice de un Partido Popular que cada día es más derecha extrema que moderada, avanzada y europea.

Es importante no confundir el derecho a la información y la libertad de prensa con la manipulación y la tergiversación de noticias y datos. No es lo mismo.

Esto, como he señalado, puede ser la antesala de la más que urgente Ley de Medios que debe implantarse en este país. Pero entiendan la complejidad de desarrollar este tipo de normativas en un contexto político tan volátil como el actual y con una aritmética parlamentaria tan compleja. Sean conscientes de ello, de una vez por todas, quienes van de capitanes del “sabelotodismo” y que, sin embargo, no son más que meros altavoces de los poderes fácticos y políticos de la ultraderecha mundial.

Y es que, mientras en Estados Unidos tienen a Trump, nosotros tenemos a Pedro Sánchez: la kriptónita que puede acabar con esa entente ultraderechista y del odio que puso en marcha hace años lo que él mismo denominó acertadamente la máquina del fango.

Solo por eso, ante la gran oportunidad y el privilegio que supone contar con Pedro Sánchez, digo a los progresistas del mundo que sigamos apoyándolo.

Nos va la democracia y la lucha por la verdad en ello.

 

Diego Ruiz Ruiz es militante del PSOE de Toledo