Cuando llega el momento de bajar al barro de la precampaña, Pedro Sánchez saca lustre a todo su arsenal narrativo. El presidente del Gobierno arrancó la carrera electoral desde Dos Hermanas, flanqueado por su antigua escudera María Jesús Montero y el alcalde del municipio, Paco Rodríguez. Pistoletazo de salida con un recuerdo a la fallecida Maricarmen, a todos sus seres queridos y, en especial, a “todas las personas que como ella están sufriendo los abusos, amenazas y especulación de los fondos buitre”. Sánchez ha desempolvado su artillería contra las oligarquías, fijando a los especuladores inmobiliarios como blanco principal y, de paso, la vivienda como eje central de la carrera hacia las generales del 29 de noviembre.
“Maricarmen y todos aquellos que se están movilizando con ella y por la causa justa de la vivienda han abierto el camino y a nosotros nos corresponde llegar tan lejos como quiera la gente de la calle”, continuaba Sánchez con un silogismo que esconde la confirmación de ‘mensaje captado’. La presión social reclama más ambición en vivienda y el presidente del Gobierno está dispuesto a subir la apuesta tras una legislatura de poca movilidad al respecto. Tanto es así que se ha comprometido a “reforzar y mantener” el decreto de vivienda que “hoy está vigente” para velar por los pequeños propietarios e inquilinos “frente a la especulación”.
Sánchez asume que ahora el PSOE le corresponde “llegar tan lejos como quiera la gente de la calle” y como permita “el voto de la gente”. Cada generación hace suya una causa social y la de hoy “lleva la cara de una mujer de 87 años” junto al lema que legó: “Lo que he sufrido yo, que no lo sufra nadie”. Por tal razón, el jefe del Ejecutivo ha prometido que la carpeta de vivienda no tendrá fecha de caducidad ni quedará diluida entre mensajes grandilocuentes de campaña electoral.
La fábula de Pedro y el lobo
Tocaba entonces sacar la artillería pesada y pisar uno de los terrenos de juego que más le gustan a Sánchez: el de los cenáculos del poder y los señores con puro. La narrativa contra las oligarquías. No sólo las ‘tecno’, también las que se visten con el pelaje de los fondos buitre. Élites, por otro lado y a su juicio, sostenidas por los de la trinchera de en frente. Por una derecha – continuaba – que sólo lanza “mensajes de miedo”. “Llevan ocho años con el ‘España se hunde’”, proclamaba el jefe del Ejecutivo, mientras incurría en el ejercicio rutinario de repaso de los grandes éxitos bajo su gobierno; con mención especial a los avances sociales para las mujeres, la revalorización de las pensiones o la mejora de las condiciones laborales.
Sánchez, a la derecha: "El lobo son ellos: yo seré un perro, pero que no tiene amo"
Un clásico de las intervenciones de un Sánchez disfrazado de fabulista para relatar el modus operandi de una derecha abrazada al bulo del voto por correo. “Nos insultan porque somos el Gobierno de la gente”, engarzando con el lema de ‘la fuerza de la gente’ y acusando a PP y Vox de persistir en el cuento de Pedro y el lobo. “El lobo son ellos: yo seré un perro, pero que no tiene amo”, remató el jefe del Ejecutivo despertando una sonora ovación entre los asistentes en Dos Hermanas.
Sin nombrar específicamente a PP y Vox, Sánchez les afeó su intento por “meter miedo a la gente” para que no vayan a votar y el rechazo a que puedan acudir a las urnas los nacionalizados por la ley de nietos. La oposición “siembra dudas” y arranca su campaña “desanimando” porque tienen “miedo a perder”. “Tienen razón en tenerlo”, continuaba el jefe del Ejecutivo, convencido de la victoria socialista el próximo 29N que le permitiría reeditar Gobierno por tercera legislatura consecutiva. “Con las urnas llenas gana la gente, con las urnas vacías ganan los que mueven los hilos”, remataba.
Montero lleva la batalla por la vivienda al terreno de Moreno Bonilla
Antes de que Sánchez tomara la palabra, María Jesús Montero había calentado el ambiente con una ofensiva contra Juanma Moreno, al que presentó como ejemplo de las políticas que el PP podría trasladar al conjunto de España. La secretaria general de los socialistas andaluces acusó al presidente de la Junta de bloquear la aplicación de la Ley de Vivienda y de no desarrollar suficientemente sus competencias autonómicas, mientras los precios de compra y alquiler siguen castigando a una comunidad con salarios por debajo de la media nacional. "Gobernar es elegir de qué lado se está", proclamó Montero, que reprochó al Ejecutivo andaluz su gestión pese al incremento de los recursos transferidos por el Estado: "Con más dinero que nunca está desarrollando menos que nunca".
La dirigente socialista encontró en Dos Hermanas un ejemplo con el que ilustrar sus críticas. El alcalde, Paco Rodríguez, aseguró que al menos el 45% de la promoción de Entrenúcleos será vivienda protegida, aunque su precio medio se aproxima ya a los 200.000 euros pese a contar con un descuento municipal del 12%. Un encarecimiento que el regidor atribuyó al Plan Vive de la Junta. Montero contrapuso ese modelo al programa impulsado por la Diputación de Sevilla, que, según defendió, permite promover viviendas por 115.000 euros, con garaje y trastero, e hipotecas de 278 euros mensuales. La vivienda se convertía así en el principal argumento de los socialistas andaluces contra Moreno, a quien también responsabilizan de la falta de aplicación de medidas estatales para contener los precios.
Montero aprovechó además para reivindicar la gestión de Sánchez frente a lo que considera una campaña continuada de insultos y deslegitimación. "Le han gritado, le han insultado, le han llamado traidor, felón y todos los insultos imaginables solo porque estaba practicando una política que defendía a la mayoría de la gente frente a las élites", denunció. También exigió a Moreno el cese del concejal del PP de Benalmádena que llamó "puta sinvergüenza" a Maricarmen y del alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce, tras la denuncia por presunta agresión sexual presentada, según señaló, por una militante popular. Con la mirada puesta en el 29N, llamó a dejar atrás los insultos y movilizar a la mayoría social para impedir cualquier retroceso en derechos. Sánchez recogió después el guante con cierta sorna: prefiere "cuatro años insultando a cuatro años recortando en el Gobierno".
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