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España

Rufián queda atrapado entre la bandera de Podemos y el rechazo del Frente Amplio

El capital político del portavoz de ERC se desgua por la brecha entre Podemos y el Frente Amplio, mientras se agota el plazo de registro de las candidaturas para el 29N

Jorge Castaño, redactor de ElPlural
El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, y la ministra de Sanidad, Mónica García, durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados, a 2 de octubre de 2026, en Madrid (España). Eduardo Parra / Europa Press.

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, y la ministra de Sanidad, Mónica García, durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados, a 2 de octubre de 2026, en Madrid (España). Eduardo Parra / Europa Press.

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“Si no existiera la izquierda a la izquierda del PSOE, habría que inventarla". El portavoz —y jugador franquicia— de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián, lleva tiempo obcecado en propiciar el reencuentro de las izquierdas alternativas divorciadas desde 2023. Consciente de su capital político, Rufián tanteó el estado de salud entre distintas sensibilidades hace meses y, desde entonces, animó al perdón y el olvido. 

En este espacio alternativo al PSOE ha habido dos escisiones en los últimos ocho años: la ruptura de Íñigo Errejón con Pablo Iglesias en 2018, de la que se derivó el nacimiento de Más Madrid, con el apoyo de Manuela Carmena; y la ruptura de Yolanda Díaz con Irene Montero en 2023, de la que salió un Sumar sin motor morado. La toducez de Más Madrid, la derrota Izquierda Unida en las andaluzas y la inexistencia de Movimiento Sumar han segado los buenos augurios en la negociación.

Tras llegar a un acuerdo táctico y perimetrado con Montero en Catalunya, Rufián se ha desmarcado de “culebrones turcos”, “filtraciones” y “mentiras”. “Yo no voy a criticar por muchas ganas que tenga a nadie y por mucho desgaste que suponga (...) Voy a intentar que haya una colaboración entre las izquierdas soberanistas y españolas real hasta el final”, publicó el catalán en sus redes sociales. A renglón seguido, y antes de que se desataran las críticas veladas desde ambas trincheras, Rufián afeó a quienes trabajan por ganar “el relato del día” en vez de “trabajar para ganar de verdad”.

Un pacto con ERC que cambia las reglas del juego

El republicano ha optado por una alianza concreta con la formación morada en Catalunya, donde Podemos no presentará candidatura propia y pedirá el voto para ERC. A cambio, ambas organizaciones preparan una colaboración que incluye la participación de Rufián en actos junto a Irene Montero fuera de territorio catalán. La alianza, confirmada por ambas formaciones, no equivale a una coalición estatal de toda la izquierda alternativa. 

Los comunes han reprochado a Rufián que contribuya a dividir el espacio progresista al pactar con Podemos mientras su formación aspira a articular una candidatura compartida. La crítica revela el principal obstáculo de la operación: las organizaciones que el portavoz de ERC pretendía sentar en una misma mesa mantienen intereses territoriales y estrategias electorales que no siempre resultan compatibles. 

Ada Colau, una candidatura con una condición pendiente

El Frente Amplio ha respondido a la incertidumbre con una propuesta de liderazgo. Las cuatro formaciones han planteado a Ada Colau como candidata a la presidencia del Gobierno, aunque sigue pendiente determinar por qué circunscripción concurrirá. La iniciativa pretende dotar de rostro reconocible a un proyecto todavía en construcción y mantener abierta la puerta a Podemos, cuya integración consideran relevante para ampliar la representación del espacio. 

La candidatura de Colau, sin embargo, no resuelve el desacuerdo de fondo. Podemos ha rechazado incorporarse al Frente Amplio en los términos actuales después de cerrar su entendimiento con ERC, aunque Montero ha dejado abierta la posibilidad de alcanzar acuerdos en determinadas circunscripciones. La formación morada había defendido unas primarias abiertas para elegir una candidatura unitaria, una fórmula que Movimiento Sumar y sus aliados han cuestionado al considerar preferible un acuerdo negociado entre las organizaciones. 

El pulso también se libra en Madrid. Más Madrid ha propuesto que Emilio Delgado encabece la candidatura de la coalición en esa circunscripción, con Mónica García en el segundo puesto, y ha ofrecido a Podemos incorporarse a la lista. La iniciativa evidencia que todavía existe margen para negociar, pero también que la discusión sobre la unidad está atravesada por el reparto de puestos, el control de las candidaturas y la capacidad de cada partido para imponer sus condiciones.

El calendario estrecha el margen para la reconciliación

La negociación entra en una fase decisiva. El 16 de octubre termina el plazo para comunicar las coaliciones electorales; la presentación formal de candidaturas se abrirá el día 21 y concluirá el 26.. No se trata, por tanto, de una única fecha límite para registrar todas las listas, sino de dos hitos distintos que obligan a resolver primero la arquitectura de las alianzas y después la composición de las papeletas.

Rufián conserva capacidad para llamar a la cooperación, pero el acuerdo con Podemos lo sitúa ante una disyuntiva difícil: mantener su entendimiento con los morados sin cerrar la puerta a las formaciones que recelan de esa alianza. Su capital político depende ahora menos de la potencia de sus declaraciones que de su capacidad para convertirlas en acuerdos concretos.

La izquierda transformadora debe entender bien el estado de ánimo que hay bajo las movilizaciones de la vivienda, movilizar a jóvenes descreidos y familias trabajadoras desanimadas, taponar el trasvase de lluvia fina al bloque de la derecha y eficientar los cuadros para la obtención de escaños estratégicos.  

Un motor Podemos instalado en posiciones de máximos gripará las remotas opciones de revalidar la coalición de Gobierno. Más aún cuando el Frente Amplio, a expensas de su nacimiento, luce como “una vela que le viene grande a la balsa de salvamento de Sumar”. Los efectos tóxicos de una escisión en la izquierda pueden durar veinte años: desilusión, amistades rotas, complicidades disueltas, resentimientos que duran una vida.

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