El Pleno de la Asamblea de Madrid de esta semana fue testigo de varios comentarios e ironías que tuvieron como víctimas a los estudiantes que sufren las inclemencias del calor en las aulas durante el verano. Con la llegada de los meses de altas temperaturas, estar en un aula con muchas otras personas durante un tiempo prolongado puede ser un verdadero infierno si no existen las condiciones de climatización adecuadas, provocando efectos negativos como la pérdida de la concentración o incluso el impacto directo en la salud de los estudiantes ante posibles golpes de calor, bajadas de tensión o mareos. Una situación a la que el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, no obstante, le restaba importancia e ironizaba con ello, una actitud que no es la primera vez que se da de manos de dirigentes 'populares'.

Mariano de Paco, consejero de Cultura del Ejecutivo de la Puerta del Sol, quitaba hierro al problema asegurando que él, en su época, cursó la EGB en Murcia, donde ha señalado que "cuando hace calor, hace calor", repitiendo las palabras de la consejera de Educación, Mercedes Zarzalejo. De Paco defendía que "el calor a lo mejor es fuente también de inspiración", en una provocativa referencia, dado el calado del asunto, al poeta Vicente Medina. "Aquí estoy y estamos todos y no pasa absolutamente nada", señalaba el consejero ante la oposición, añadiendo que lo mejor para que los menores sufran menos en las aulas es llevarles con ropa de verano, "con un pantalón corto y una camiseta de manga corta". Estas declaraciones llegaban en respuesta a una proposición de Más Madrid para apagar la climatización durante la sesión parlamentaria como símbolo de solidaridad y en clave de reproche al Gobierno de Ayuso por la falta de este servicio en la mayoría de los centros educativos de la región. "Explíqueme por qué los colegios e institutos de la Comunidad de Madrid son los únicos que no tienen aire acondicionado", espetaba la portavoz de Más Madrid.

Al respecto, Ayuso respondía que la climatización se está llevando a cabo "poco a poco" en "más de 3.000 edificios públicos", aunque sin precisar en esa respuesta si estaba hablando o no de centros educativos. Sin inmutarse por los reproches, Ayuso señalaba que estos debates son cíclicos, y que cuando llegue el invierno, la oposición "le vendrá con lo mismo, volverá el calor y volverá con lo mismo".

Que los centros se busquen la vida

Que los centros se busquen la vida. Es la alternativa propuesta por el Gobierno de la Comunidad de Madrid al respecto. Desatender las reclamaciones de las familias y el profesorado con el calor en las aulas. Las palabras de Zarzalejo no encontraban desautorización por parte de la presidenta madrileña, sino continuidad y una derivación de la responsabilidad a los propios centros.

La administración de Sol, a través del área territorial de Madrid ciudad, Marta González Rodríguez, enviaba una carta al CEIP Ignacio Zuloaga, en el distrito de Tetuán de la capital, en la que emplaza a cada sitio a "adaptar el plan general de actuación frente a olas de calor a las necesidades propias del centro". En otras palabras, a "adoptar las medidas que consideren adecuadas para la realidad del centro", las cuales "han de quedar recogidas en el documento elaborado para tal adaptación".

Cuando un consejero de Cifuentes propuso a los niños usar abanicos

Este reciente debate ha sido de especial gravedad por la sorna con la que los dirigentes 'populares' han respondido, pero no ha sido, ni mucho menos, la única. Hace nueve años, cuando la Comunidad de Madrid todavía estaba en manos de Cristina Cifuentes, el entonces consejero de Sanidad, Jesús Sánchez Martos, recomendó a los alumnos, nada más y nada menos, que "utilizaran abanicos de papel".

Sánchez Martos, en declaraciones a una emisora local, desaconsejaba el uso del aire acondicionado en las aulas, argumentando que puede "producir alteraciones en ojos y cuellos". "No todo lo soluciona el aire acondicionado", opinaba. ¿La recomendación en su lugar? Que los niños lleven abanicos o que los hagan ellos mismos, "como lo hacíamos nosotros cuando éramos pequeños". "Primero se coge el papel, dobla, dobla, dobla y tienes el abanico", decía.

Situación similar en Andalucía

Volviendo al presente, Andalucía presenta una situación similar a la que se vive en las aulas madrileñas. La región sureña es especialmente calurosa y las altas temperaturas registradas esta semana en Andalucía han vuelto a incidir sobre la climatización de los centros escolares. Dos colegios, uno en Fuengirola (Málaga) y otro en el barrio sevillano de La Macarena, han protagonizado movilizaciones para denunciar las condiciones en las que alumnado y profesorado afrontan las últimas semanas del curso, con aulas que superan ampliamente los 30 grados.

Las protestas coinciden con una nueva ola de calor y ponen en entredicho el grado de cumplimiento de la Ley de Bioclimatización aprobada por el Parlamento andaluz en 2020, una norma impulsada durante el mandato de Moreno Bonilla que contemplaba actuaciones para adaptar los centros educativos a las temperaturas extremas cada vez más frecuentes en la comunidad. Uno de los casos que más indignación ha generado es el del CEIP Santa Amalia, en Fuengirola. Según informaciones del Diario SUR, la asociación de madres y padres del alumnado ha iniciado una campaña de recaudación para financiar la instalación de equipos de aire acondicionado ante la falta de soluciones por parte del Gobierno autonómico, recayendo de nuevo en la responsabilidad y solidaridad individual un problema de gestión de las administraciones.

La iniciativa busca sufragar un sistema que permita aliviar las elevadas temperaturas que soportan los estudiantes durante las horas lectivas. El portavoz de Por Andalucía, Ernesto Alba, criticó duramente la situación en redes sociales y se hizo eco de los mensajes de los padres: "El bienestar de nuestros peques no puede esperar más", cuestionando que sean las propias familias quienes tengan que asumir el coste de unas mejoras que consideran competencia de la administración educativa.

El PP, virando hacia la burla al cambio climatico

En el mismo sentido, las burlas hacia el cambio climático se han vuelto recurrentes en ciertos sectores de la derecha y la ultraderecha para minimizar sus efectos y desacreditar las políticas ambientales, una posición en la que el Partido Popular está empezando a sentirse cómodo.

Diversos estudios señalan que desacreditar este fenómeno tiene, como contraparte inmediata, la expansión del negacionismo climático, ya que suele atacar a científicos, activistas y responsables de políticas ambientales en lugar de debatir las evidencias sobre el calentamiento global.

Expertos como José María Baldasano consideran que estas declaraciones reflejan una falta de reconocimiento de la gravedad de la crisis climática y una postura de desentendimiento e inacción política ante los problemas. Además, señalan que esta actitud tiene antecedentes en figuras del Partido Popular, como Mariano Rajoy o José María Aznar, que también hicieron comentarios irónicos sobre el cambio climático durante sus respectivos mandatos. El PP de Madrid, bajo el liderazgo de Isabel Díaz Ayuso, continúa esta línea con declaraciones que ridiculizan las alertas por temperaturas extremas y cuestionan la existencia o importancia de la emergencia climática.

Súmate a

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio

 

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora