Tras recibir en el Palacio de la Moncloa a la selección española de fútbol, flamante campeona del Mundial de 2026, el presidente del Gobierno recordó una máxima eterna de Luis Aragonés: “Las finales no se juegan, se ganan”. Y es que, viendo la foto de familia junto a los campeones del mundo, resulta evidente que el propio Pedro Sánchez es un líder que solo entiende la política desde la épica. Como el presidente tiene raíces en Anchuras (Ciudad Real), resulta casi obligado evocar El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Sin embargo, la trayectoria del madrileño tiene a veces menos de Alonso Quijano y bastantes más tintes de la resiliencia del Cid Campeador. Al fin y a la postre, a quien querían políticamente muerto en aquel fatídico Comité Federal de Ferraz, según andanzas que se contaron de Susana Díaz, resultó que no pudieron matarlo ni los adversarios de fuera ni los de dentro.

Por supuesto, no habría nada de épico en las andanzas del simpar Pedro Sánchez si no estuvieran en escena los actores principales que ejercen de “malos” de la historia. Personajes que parecen salidos de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Si alguno se da por aludido, lo siento, pero a muchos nos lo están poniendo en bandeja.

Sánchez dice ser más de baloncesto y del Estudiantes que de fútbol, aunque se rumorea que le tira el Atlético de Madrid. Con todo, si me dijeran que es hincha del Real Madrid, me lo creería. Atendiendo a su trayectoria política, al presidente le van más las remontadas imposibles del club blanco que el sufrimiento perpetuo de los colchoneros.

Los hechos demuestran que el presidente parece vivir permanentemente en un encuentro de Champions contra el Bayern de Múnich, donde Joselu hizo posible aquella proeza para el equipo blanco. Una gloria que añora Alberto Núñez Feijóo en forma de presidencia, pero que parece no llegarle nunca. Al paso que va, el líder de la oposición tendrá que conformarse con ver el Palacio de la Moncloa solo cuando su máximo rival lo llame para alguna ronda de contactos.

Así es la vida. Unos anhelan y otros consiguen. Unos ven molinos y otros, gigantes de hierro contra los que luchar. Entre épica y épica, todavía veo a Pedro Sánchez ganando batallas después de “muerto”, emulando a don Rodrigo Díaz de Vivar. Y, si no lo creen, esperen acontecimientos: mientras la mayoría de los políticos de este país se quedan mirando el dedo, Sánchez mira a la Luna en forma de oportunidades de progreso para toda España.

Por mucho que digan algunos, como en el fútbol, los partidos no acaban hasta que no pita el árbitro, que en este caso son las urnas. De hecho, como si de un héroe de leyenda se tratase, lo veo ganando y siendo nuevamente presidente del Gobierno; apareciendo de imprevisto en el tiempo de descuento o en la prórroga, a lo Mikel Merino o Ferran Torres, que son ya nuestros auténticos héroes literarios del siglo XXI.

 

Diego Ruiz Ruiz es militante del PSOE de Toledo capital.

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