El Papa León XIV ha pedido en el Congreso de los Diputados el fin del aborto y la eutanasia, a la vez que ha destacado a la familia como “fundamento natural de la sociedad”.

El Santo Padre ha protagonizado una jornada histórica durante su visita a España y, concretamente, su estancia en Madrid, al hablar en las Cortes Generales en un discurso en el que, sin embargo, se han sucedido aportaciones en consonancia con los valores más tradicionales de la Iglesia.

Así las cosas, en pontífice ha señalado que “toda vida humana debe ser reconocida desde su concepción hasta el ocaso natural”, en referencia a la interrupción voluntaria del embarazo o la posibilidad de elegir morir dignamente y de manera voluntaria.

Desde la tribuna de oradores, el Papa ha señalado que “cuando esta certeza -la de la vida humana- se escurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona”. “Por eso, la grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad”.

A renglón seguido, se ha referido a la “particular importancia de la familia, realidad humana primera y fundamental de la comunidad”. “En el hogar se entrelazan las generaciones y se transmite una memoria viva que da continuidad interior a la sociedad. Allí donde la familia es sostenida, se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones”, ha emplazado.

“La familia será siempre la primera escuela de humanidad en la que se aprende, antes que en cualquier otro lugar, la gramática elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer”, considera.

“¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido o al enfermo?”

En la misma dirección, León XIV ha avisado acerca de la “cultura del descarte y la pérdida del valor de la vida” en tanto en cuanto “si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades?”. “¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?”, ha preguntado.

El Papa ha mantenido que “la defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional, sino una meta de civilización”. “(…) Toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana”.

“Tal dignidad precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento. Pertenece a todo ser humano por el hecho mismo de existir, y por eso debe orientar todo ordenamiento jurídico positivo", ha dictado.

"La fe cristiana la proclama a partir de la Revelación; la razón humana puede reconocerla como exigencia inscrita en la verdad del hombre. Cuando esta convicción permanece viva, el derecho se convierte en amparo de todos y en garantía frente a la imposición de intereses y agendas particulares”, ha pronunciado.

El discurso del pontífice

El jefe de la Iglesia ha aludido a otras cuestiones como el papel que juega la tecnología actualmente en el mundo; una herramienta que, a su parecer “ofrece posibilidades admirables”, pero con atención a la “persona humana”.

“El progreso ofrece posibilidades admirables, y hoy lo vemos de modo singular en el desarrollo de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías. Como he recordado en mi reciente Encíclica, la tecnología en sí misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza; por eso, ante las transformaciones de nuestro tiempo, nuestro discernimiento debe centrarse en qué lugar ocupa la persona humana en nuestras decisiones, y cómo se plantean hoy, de manera nueva, la dignidad del trabajo, la solidaridad, la política social y el bien común”, ha apuntado.

“La pregunta salmantina sigue acompañando la tarea de quienes sirven a la vida pública. Hoy, los nuevos mundos que se abren ante nosotros ya no se dibujan en los mapas: se despliegan en la técnica, en la economía, en la biomedicina y en el universo digital, donde el poder humano alcanza ámbitos cada vez más delicados de la vida personal y social”, había dicho previamente.

Entre otros momentos llamativos del discurso, el Papa ha ensalzado que España “posee una memoria particularmente rica. Su identidad geográfica y política se ha ido entretejiendo con una historia en la que la fe y la razón, el arte y el derecho, la tradición y el pensamiento han sabido encontrarse fecundamente”.

“En sus catedrales y universidades, en su literatura inmortal, en sus instituciones jurídicas y en el ánimo mismo de su pueblo, permanece viva una herencia que ha dado forma a un modo de vivir la libertad, practicar la justicia y ordenar la vida común”.

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