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LA ENTREVISTA DE RUBÉN SÁNCHEZ
España

Manuel Bermúdez Vázquez: "La moda del estoicismo es una trampa para llevarnos a la resignación"

El prestigioso profesor de Filosofía de la Universidad de Córdoba disecciona las trampas del neoliberalismo, la ola reaccionaria global y los peligros evidentes de una sociedad anestesiada

Manuel Bermúdez Vázquez, profesor de Filosofía de la Universidad de Córdoba.

Manuel Bermúdez Vázquez, profesor de Filosofía de la Universidad de Córdoba.

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La desinformación, el auge del neofascismo y la mercantilización salvaje de la educación amenazan los pilares de nuestras democracias occidentales. Para desentrañar este complejo panorama charlamos con Manuel Bermúdez Vázquez, eminente profesor de Filosofía en la Universidad de Córdoba y un especialista fundamental en retórica y debate a nivel mundial. Con una mirada crítica sumamente afilada, el filósofo andaluz nos advierte sobre los oscuros mecanismos de manipulación que anestesian nuestro pensamiento crítico. En esta entrevista desnudamos la peligrosa deriva hacia la que nos empujan las élites políticas y el gran capital.

 

Pregunta: ¿Qué diferencia real hay entre un idiota y un imbécil en nuestra sociedad actual?

Respuesta: La palabra idiota tiene un origen griego muy antiguo. El idiota era el individuo que en las viejas democracias atenienses se retiraba voluntariamente de los asuntos públicos y se volcaba exclusivamente en su interés personal. Conforme aumenta el número de idiotas, las sociedades oponen menos resistencia frente a sus enemigos. En Grecia terminaron sometidos por los macedonios al abandonar lo público. Por otro lado, el imbécil es quien vive apartado del interés común por falta de capacidad a la hora de comprender los complejos mecanismos de nuestra sociedad. El gran problema contemporáneo es que se están sumando legiones de idiotas y de imbéciles. El resultado es una hecatombe difícil de resistir frente a las grandes amenazas que asedian nuestra democracia.

P: Vemos a clases populares, gais o inmigrantes votando a la extrema derecha contra sus propios intereses. ¿Cómo defines a toda esta gente?

R: Son, simple y llanamente, personas alienadas. Una persona alienada es aquella que defiende con vehemencia los intereses que no le corresponden a ella, sino a un grupo ajeno. Es un error perjudicial inmenso dar pábulo a discursos que a medio plazo te van a hundir la vida. Me sorprende enormemente el apoyo que grandes capas de las clases populares españolas otorgan a extremas derechas que acabarán con sus medios de subsistencia, como el salario mínimo vital. Esto demuestra el evidente fracaso de nuestro modelo educativo. A todo esto sumamos el triunfo rotundo de la posverdad, que consiste en asumir que un discurso es verdad porque encaja perfectamente con tus prejuicios, dando alas a peligrosos movimientos como los antivacunas o los negacionistas del cambio climático.

P: De repente las librerías están plagadas de libros sobre estoicismo y Marco Aurelio. ¿Qué hay detrás de esta moda?

R: Tengo un conflicto muy profundo con el estoicismo actual porque su tesis básica te conduce directamente a la resignación. Te dicen que no puedes controlar lo que te pasa, pero sí puedes controlar cómo reaccionas. La resignación debería ser el último sentimiento que deberíamos cultivar en este 2026. Detrás de la venta masiva de libros de estoicismo está el interés del gran capital por llevarnos a un conformismo absoluto. Quieren que no cuestionemos bajo ningún concepto un modelo socioeconómico perverso que quema combustibles de efecto invernadero y arruina las posibilidades de vida de las generaciones venideras. Nos quieren tan dóciles y resignados como un perro atado a una carreta que no podemos detener. No debemos caer jamás en esa trampa elitista.

P: Hablemos de mentiras políticas. ¿Por qué triunfan figuras como Donald Trump basándose en bulos constantes?

R: Triunfan porque hemos fracasado a nivel educativo a la hora de fomentar las herramientas básicas de pensamiento crítico. Que la ciudadanía ya no penalice el empleo de la mentira demuestra que nuestras democracias están muy enfermas, tienen un tumor letal hasta el tuétano. Trump es un mitómano de manual, un mentiroso compulsivo que soltó miles de mentiras en su mandato. Los grandes medios norteamericanos le declararon la guerra y comprobaron que solo paró de mentir el día cuarenta y uno de su mandato porque se fue a jugar al golf. Al demagogo y al mentiroso hay que expulsarlo de la polis porque persigue ciegamente su propio interés por encima del bienestar de toda la comunidad.

P: La derecha promete que si gobiernan se acabará la tensión. ¿Quién fomenta realmente la polarización en las calles?

R: Los análisis académicos alejados del sesgo partidista demuestran que es la derecha y la extrema derecha la que hace un uso mucho mayor de los mecanismos polarizadores en toda Europa. Fomentan la percepción del conflicto constante para asegurar a sus propias tropas. La axiología es la disciplina filosófica que estudia los valores. Desde mi punto de vista axiológico y ético, los valores que defiende la izquierda son netamente superiores a los de la derecha. La izquierda defiende la justicia, la igualdad y la dignidad humana frente al individualismo rampante y el peligroso identitarismo de la extrema derecha. Las ideas que hay detrás de ciertos posicionamientos reaccionarios son repugnantes, asquerosas y tienen que ser rechazadas tajantemente porque amenazan nuestra propia supervivencia.

P: Delegar tantas tareas en la inteligencia artificial, ¿debilita verdaderamente nuestra inteligencia humana?

R: Totalmente. Hay estudios empíricos muy recientes que demuestran que el uso de la IA en menores de 25 años provoca una caída de su cociente intelectual. Si comienzas a externalizar actividades cognitivas fundamentales como la memoria, el análisis o el cálculo, dejas de practicarlas y te vuelves indiscutiblemente más torpe. Estamos pasando del Homo sapiens a un preocupante Homo minus sapiens. La inteligencia artificial moldea a las nuevas generaciones para convertirlas en entes perezosos que externalizan su pensamiento humano en un simple cerebro de silicio, creando una peligrosa distopía académica.

P: ¿Qué papel juegan las grandes reformas educativas en toda esta inmensa decadencia intelectual?

R: El modelo neoliberal no quiere de ninguna manera ciudadanos bien preparados. El acuerdo de Bolonia de 1999 inoculó el concepto puramente mercantil de competencias en la universidad europea. Convirtieron las facultades en simples centros de formación profesional de tercer ciclo, eliminando su noble labor de defensa de la cultura y de la ciencia. Están fabricando lo que yo denomino un nuevo bárbaro. Este nuevo bárbaro es una persona que no lee libros, que no consulta un diccionario, que consume telebasura constante y que hace apología orgullosa de su propia ignorancia. Los fallos de nuestro sistema educativo son un diseño intencionado de las élites para desactivar la capacidad de reacción crítica de la sociedad.

P: Recibimos hoy un torrente incesante de noticias. ¿Esta saturación es una forma directa de control político?

R: La desinformación por cantidad masiva es muchísimo más eficaz que la propia censura tradicional. El alud informativo diario impide que nos detengamos a analizar críticamente la realidad. Yo defino este fenómeno letal con la desinformación por cantidad, por velocidad, por homologación, por simplificación y por pornografía mediática. La simplificación destruye el rigor intelectual. Un superordenador analizó millones de textos y demostró que si Lincoln hablaba para jóvenes de veintitrés años, los políticos actuales como Trump hablan a un nivel intelectual de niños de ocho años. Y la desinformación por pornografía mediática la vemos trágicamente en el genocidio de los palestinos en Gaza, donde niños son asesinados a sangre fría por el Estado israelí. Esta sobreexposición nos obliga a crear un muro psicológico de indiferencia. Los poderosos nos tratan como a niños de guardería para mantenernos anestesiados y debemos reivindicar con urgencia la rebeldía ciudadana.

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