Ha saltado como un bombazo..., pero en realidad, quienes se mueven en el mundo de la judicatura, la esperaban. Eduardo Torres-Dulce era un hombre que se sentía desde hacía mucho tiempo traicionado y abandonado por el Gobierno. Tanto era así, que él mismo hacía meses que no ocultaba públicamente su desilusión.

Queda libre el hueco prometido...
En ELPLURAL.COM les contamos el pasado 8 de julio el momento en el que definitivamente se rompieron los últimos lazos que ataban al fiscal general con el Gobierno. Y esto porque ese día se concretó una traición a un tiempo personal y profesional.

Eduardo Torres-Dulce y Alberto Ruiz-Gallardón. Eduardo Torres-Dulce y Alberto Ruiz-Gallardón.., el 'equipo de Justicia' con el que comenzó el Gobierno. Ninguno hombre de confianza de la vicepresidenta, niguno ya en su puesto. Foto EFE/Archivo



Había sido obligado a dimitir en el Constitucional el peculiar magistrado Enrique López después de su incidente con la policía municipal de Madrid, que lo detuvo conduciendo una moto bebido de madrugada. Quedaba así un hueco que Torres-Dulce entendía debía ser para él.

¿Por qué? Desde Moncloa se lo habían dejado claro. Es un hombre al final de su carrera, al borde de la jubilación, y su salida por la puerta grande de su carrera iba a ser entrando en el Tribunal Constitucional. 'Al primer hueco que quedara libre le pagarían su fidelidad con el ascenso', vinieron a decirle. Y Torres-Dulce, a pesar de los grandes temas ante los que se ha encontrado, "ha sido un buen fiscal general para el Gobierno", como nos dice un miembro del Supremo.

... Pero no se le da, ni se le consulta
Pero el viernes 4 de julio, el Consejo de Ministros, lejos de nombrarle para ocupar la plaza que quedaba vacante, le 'abofeteaba' de ida y de vuelta. De ida por no nombrarle, de vuelta cuando se supo que nombraban para el puesto a uno de sus fiscales, Antonio Narváez. Y para que la herida resultara mayor, sin consultarle en absoluto.

Es verdad que no fue el único que se quedó con dos palmos de narices ante este nombramiento. Tampoco el ministro de Justicia de entonces, Alberto Ruiz-Gallardón, se había enterado del movimiento, que había sido cocinado, según nos dijeron en fuentes de la propia fiscalía, entre la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y los dos cabezas judiciales, el presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, y el del Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos.

Desahogo en una toma de posesión
La herida que se produjo aquel día fue tan profunda, que semanas después, los presentes en la toma de un fiscal se quedaron atónitos escuchándole. Torres-Dulce no era esperado en el acto, porque la toma de posesión era de un cargo intermedio en el mundo de la fiscalía. Pero menos se esperaban las palabras, muy duras, de gran desilusión que, nos dicen, pronunció Torres-Dulce. Palabras que aún resultaron más duras en los círculos que se formaron tras el acto.

Sin duda, los hechos de Cataluña, el ridículo al que sometió Alicia Sánchez-Camacho a la institución y al propio Torres-Dulce, adelantando que la fiscalía general iba a intervenir por la consulta han acabado haciendo la situación insostenible. La herida no sólo no estaba cerrada, sino que resultaba imposible ya de suturar.

La reunión tensa que tuvieron que realizar todos los fiscales de sala para apoyarle frente a sus colegas en Cataluña, contrarios a actuar contra Mas y los demás miembros del Gobierno catalán, y para cubrirle ante la presión de los políticos del PP y del Gobierno, le hicieron abrir los ojos.  Ya no iba a ser miembro del Constitucional. Tampoco tenía por qué arrastrar el final de su carrera.