El presidente del Gobierno ha desplazado el marco al líder de la oposición a cuenta de la guerra en Oriente Próximo. El posicionamiento vanguardista de la Moncloa, reconocido mundialmente, ha nutrido ética y moralmente al liderazgo de España en un contexto internacional de elevada complejidad e inestabilidad.

Durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, Pedro Sánchez instó a Alberto Núñez Feijóo a aclarar si apoya la guerra en Irán, al tiempo que referenció la foto de las Azores y las dantescas consecuencias económicas que ocasionó la guerra de Irak impulsada, entre otros, por José María Aznar.

El líder popular, emulando la guerra cultural de Donald Trump, se limitó a tildar a Sánchez como “perdedor” tras los resultados electorales en Castilla y León y evitó un posicionamiento clarividente de sus filas sobre la contienda internacional. Pese a ello, el conflicto armado sobre el estrecho de Ormuz ha aterrizado de lleno en el tablero doméstico. 

Feijóo es peón de esta nueva guerra cognitiva” que trasciende lo meramente ideológico al buscar la tensión en el interior del propio ser humano. Los bombardeos de la Casa Blanca y Tel Aviv sobre el Golfo han dejado a Génova 13 en fuera de juego político. La dirección nacional del Partido Popular, ambigua y desfigurada, se limita a mimetizarse con la ultraderecha más permeable al trumpismo que, además, les ha embargado Extremadura, Aragón y Castilla y Léon.

Este miércoles, Sánchez comparecerá en la Cámara Baja para detallar el posicionamiento de la Administración Central y desglosar el paquete de medidas para paliar los efectos del conflicto que se anunció en el Consejo de Ministros extraordinario del pasado viernes. Todavía se desconoce si Feijóo apoyará el decreto o bajará el dedo.

La degradación de la capacidad de juicio de la población, la generación de desconfianza en las instituciones y la falta de autonomía de un país ante cualquier conflicto forman parte de una “guerra cognitiva” que se nos mete “en las sobremesas, en los dispositivos móviles, en nuestros sistemas nerviosos, porque el campo de batalla real (...) está en nuestras mentes”, explica Iván Redondo en La Vanguardia.

Netanyahu no quiere cambiar la estructura de la sociedad a largo plazo, sino que quiere, al igual que el trumpismo, alterar ipso facto la forma en que cada cerebro procesa la información a su favor”, puntualiza el ex Director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno.

La nueva guerra cognitiva, explica el líder del Grupo Redondo, “nos remite al nuevo mundo”, a los efectos de la política arancelaria de Trump, a los nuevos protectorados posdemocráticos en Venezuela y tal vez Irán, quién sabe si Groenlandia, a un nuevo bloque de sentido contra el viejo consenso liberal y socialdemócrata, pero también contra China.

"Nuestro destino lo marcan tres variantes de la locura, la de Donald Trump, la de Beniamin Netanyahu y la de los ayatolás de Irán. Más claro, la de Vládimir Putin (...). En este mundo, ¿existe algún motivo para mantener una pizca de fe en la humanidad?", reflexionaba John Carlin. 

Mientras, Sánchez, erigido como la némesis de Trump, teje su traje de mandatario pacifista con la mirada puesta en las elecciones generales del 2027. El presidente es consciente de que sigue en disposición de ganar los próximos comicios, porque ni retrocediendo la transferencia directa de PP a Vox, el PP desempataría con el PSOE. Asimismo, las encuestas más recientes radiografían una leve movilización del espectro de izquierdas que terminaría por afianzar a  los socialistas.

Entonces, no se tratará de una disputa de valores. Ni tan siquiera de ideas. ”Se tratará de ganar a los que se miran los dedos y te dicen si hay cinco o seis (...) No es la guerra cultural, sino la guerra cognitiva”, concluye Redondo.

La ira de Trump contra España mediante el concepto “perdedor” tampoco es, por tanto, guerra cultural, sino pura “psicotecnología”, aunque Feijóo en su interpelación lo interprete en la vieja lógica de la ideología y la confrontación del Congreso. “Quiere entrar en las entrañas, en los miedos, en nuestro complejo cultural para debilitar al Estado, el sistema y el país”, espeta el asesor de comunicación política.

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